• Embed Doc
  • Readcast
  • Collections
  • CommentGo Back
Download
 
Filosofía de John LockeEnsayo sobre el entendimiento humanoLocke (1632-1704)INTRODUCCIÓNCarta dedicatoriaEpístola al lectorLIBRO I: DE LAS NOCIONES INNATASIntroducciónCapítulo 1: No hay principios innatosCapítulo 2: No hay principios prácticos innatosCapítulo 3: Consideraciones relativas a los principios innatos tanto especulativos como prácticosLIBRO II: ACERCA DE LAS IDEASCapítulo 1: De las ideas en generalCapítulo 2: De las ideas simplesCapítulo 3: De las ideas provenientes de un solo sentidoCapítulo 4: De la solidezCapítulo 5: De las ideas que provienen de los diferentes sentidosCapítulo 6: De las ideas simples que provienen de la reflexiónCapítulo 7: De las ideas simples que provienen de la sensación y de la reflexiónCapítulo 8: Otras consideraciones sobre nuestras ideas simplesCapítulo 9: Acerca de la percepciónCapítulo 10: Acerca de la retentivaCapítulo 11: Acerca del discernir y de otras operaciones de la menteCapítulo 12: Acerca de las ideas complejasCapitulo 13: Ideas complejas de los modos simples, y, primero, de los modos simples de la idea de espacioCapítulo 14: Acerca de la idea de duración y de sus modos simplesCapítulo 15: Ideas de duración y expansión consideradas juntasCapítulo 16: Idea del númeroCapítulo 17: Acerca de la infinitudCapítulo 18: Otros modos simplesCapítulo 19: De los modos de pensamientoCapítulo 20: De los modos de placer y de dolorCapítulo 21: Acerca de la potenciaCapítulo 22: Acerca de los modos mixtosCapítulo 23: Sobre nuestras ideas complejas de sustanciasCapitulo 24: Acerca de las ideas colectivas de las sustanciasCapítulo 25: De la RelaciónCapítulo 26: De la causa y del efecto y de otras relacionesCapítulo 27: Acerca de la identidad y de la diversidadCapítulo 28: De otras relacionesCapítulo 29: De las ideas claras y oscuras, distintas y confusasCapítulo 30: De las ideas reales y fantásticasCapítulo 31: De las ideas adecuadas e inadecuadasCapítulo 32: De las ideas verdaderas y falsasCapítulo 33: De la asociación de ideasLIBRO III: DE LAS PALABRASCapítulo 1: Acerca de las palabras o del lenguaje en generalCapítulo 2: Acerca de la significación de las palabrasCapítulo 3: De los términos generalesCapítulo 4: Acerca de los nombres de las ideas simplesCapítulo 5: Acerca de los nombres de los modos mixtos y de las relacionesCapítulo 6: Acerca de los nombres de las sustanciasCapítulo 7: Acerca de las partículasCapítulo 8: Acerca de los términos abstractos y de los concretosCapítulo 9: Acerca de la imperfección de las palabrasCapítulo 10: Acerca del abuso de las palabrasCapítulo 11: De los remedios contra las ya mencionadas imperfecciones y abusos de las palabrasLIBRO IV: ACERCA DEL CONOCIMIENTO Y LA PROBABILIDADCapítulo 1: Acerca del conocimiento en generalCapítulo 2: Sobre los grados de nuestro conocimientoCapítulo 3: Acerca del alcance del conocimiento humanoCapítulo 4: Acerca de la realidad del conocimientoCapítulo 5: Acerca de la verdad en generalCapítulo 6: Acerca de la proposiciones universales, de su verdad y de sus certidumbreCapítulo 7: Acerca de las máximasCapítulo 8: Acerca de las proposiciones frívolasCapítulo 9: Acerca de nuestro conocimiento sobre la existenciaCapítulo 10: Acerca de nuestro conocimiento sobre la existencia de DiosCapítulo 11: Acerca de nuestro conocimiento de la existencia de otras cosasCapítulo 12: Acerca del progreso de nuestro conocimiento
 
Capítulo 13: Algunas consideraciones más sobre nuestro conocimientoCapítulo 14: Acerca del juicioCapítulo 15: Acerca de la probabilidadCapítulo 16: Acerca de los grados de asentimientoCapítulo 17: Acerca de la razónCapítulo 18: Acerca de la fe y de la razón y de sus distintos ámbitosCapítulo 19: Acerca del entusiasmoCapítulo 20: Acerca del falso asentimiento y del errorCapítulo 21: Acerca de la división de las ciencias
 
CARTA DEDICATORIAAl muy honorable Conde de Pembroke y Montgomery, Baron Herbert de Cardiff.Milord :Este tratado, que ha crecido bajo la rnirada de Vuestra Señoría, y que se ha aventurado a salir almundo por orden vuestra, regresa ahora a Vos como por un derecho natural debido a la protecciónque desde hace años le habéis prometido. Ningún nombre, puesto al principio de un libro, puedeencubrir sus errores, aunque aquél fuera el más noble que el pensamiento pudiera hallar, pues elpensamiento impreso tan sólo puede permanecer o caer en el olvido o por sus propios meritos o por elcapricho de los lectores. Pero como lo más deseable para la verdad es oírla sin ningún perjuicio,nadie es más adecuado que Vuestra Señoría para concederme esto, ya que os ha sido permitidomantener con ella un trato íntimo y familiar en vuestros retiros mas apartados y sois conocido porhaber adelantado tanto sus especulaciones en el conocimiento más abstracto y general de los casos -más allá del alcance ordinario o de los métodos comunes - que el favor y la aprobación por vuestraparte de este tratado le protegerán de ser condenado sin ser leído e influirán en que sean masponderadas aquellas partes que de otra manera serían pasadas por alto por estar algo desviadas de loscaminos habituales. La acusación de novel es una carga terrible para los que juzgan la valíaintelectual de los hombres como si se tratara de sus pelucas, y no conciben que nadie pueda poseeruna verdad que se aparte de las doctrinas que ellos recibieron. Y puesto que nunca ni en ningúnlugar ha triunfado la verdad, cuando aparece por vez primera, por vía de sufragio toda opiníón nuevalevanta sospechas, por lo que, normalmente, se condena sin otro motivo que el de no ser aún unaopinión común. Pero la verdad, como el oro, no tiene menos valor porque acabe de ser extraído de lamina, sino que son la prueba y el examen los que fijan su precio por encima de cualquier modaanticuada. Y aunque no tenga cuño de curso normal, puede, sin embargo, ser tan viejo como lamisma naturaleza y no por eso menos genuino. De todo esto, Vuestra Señoria podrá dar amplios yconvincentes ejemplos cuando tenga a bien favorecer al público con alguno de los importantesdescubrimientos de unas verdades hasta ahora ignoradas excepto por aquellos pocos a los queVuestra Señoría no ha querido ocultárselas del todo. Esto sería una razón suficiente, si na hubieraotra, para que yo os dedicara este Ensayo. Y, como tiene alguna relación con varias partes delsistema, más noble y amplio, de las ciencias que Vuestra Senoría ha elaborado, es para mi un honoralardear, si Vuestra Senoría me la permite, de que he llegado, en ocasiones, a algunos pensamientosno del todo distintos de los Vuesttos. Si Vuestra Señoría creyera conveniente que esta obra se diera aconocer al público, me permitiría esperar que, durante algún tiempo, le concederiais Vuestro favor, ycreo que con esta obra dais al mundo una muestra de algo que será realmente digno de suadmiración. Esto, Milord, indica que el obsequio que hago a Vuestra Señoría es semejante al que unhombre pobre hiciera a su vecino rico y poderoso, quien no recibiría de mal grado la cesta de flores yfrutas aunque poseyera en sus campos muchas más de mejor calidad. Pues las cosas del menor precioalcanzan gran valor cuando se ofrecen con respeto, estima y gratitud, puedo jactarme de maneraconfiada de que hago a Vuestra Señoría el presente más rico que jamás recibió, y para sentir esto mehabéis dado poderosas y particulares raaones que, al tiempo que confirman el juicio anterior,mantienen la proporción de Vuestra grandeza. De una cosa estoy seguro: me encuentro en la mayornecesidad de reconocer, en toda oportunidad, una larga sucesión de favores recibidos de VuestraSeñoría; favores que, aunque grandes e importantes por sí mismos, son mucho mayores por lafranqueza, interés y bondad y demás atentas circunstancias que siempre los acompañaron. A todohabéis querido añadir algo que aún me gratifica y obliga más: concederme parte de vuestra estima ypermitirme un lugar en vuestros buenos deseos que yo me atrevería a llamar amistad. Esto, Milord,me lo demuestran constantemente vuestros hechos y palabras y como, en mi ausencia, manifestáis aotros la misma actitud hacia mí, pienso no es vanidad mencionar algo que todo el mundo conoce, sinoque sería una falta de delicadeza no reconocer lo que muchos me dicen a diario sobre todo lo quedebo a Vuestra Señoría. Desearia que con igual facilidad ayudaran a mi gratitud como me convencende los grandes y crecientes compromisos que ella ha contraído con Vuestra Señoría, porque estoyseguro de una cosa: escribiría acerca del Entendimiento careciendo de él, si no fuera ésteextremadamente sensible a ellos, y no me sirviera de esta oportunidad para testimoniar al mundo lomuy reconocido que estoy a Vuestra persona y lo mucho que soy, Milord, vuestro más humilde yobediente servidor.John LockeCourt, 24 de mayo de 1689.Presentación
of 00

Leave a Comment

You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...
You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...