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Luis Viadel - Los Dioses NO Las Prefieren Castas y Puras

Luis Viadel - Los Dioses NO Las Prefieren Castas y Puras

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Published by: Carlos Manolo Juaristi Manrique on May 08, 2011
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05/07/2013

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LUIS VIADEL
 
 
 
Casta est, quam nemo rogavit” (Ovidio)Es casta aquella que no fue requerida de favores por ninguno.
 
Mientras ejercía de cenobita en el convento fui descubriendomi sexualidad. Nunca hasta entonces había aceptado queciertas turbaciones podían achacarse a otras causas que nofuesen los ayunos, los cilicios y sacrificios, quecotidianamente practicábamos en la comunidad. Desdesiempre, tocarme la vulva e incluso mirármela loconsideraba como algo sucio, impropio de una señoritaeducada en el seno de una familia conservadora franquista.No sabía nada del clítoris ni donde estaba ubicado y lamenstruación no pasaba de ser una mancha maloliente cuyaperiódica aparición debía permanecer en secreto por sucarácter impuro; aunque, ¡eso sí!, cada mes su presenciaresultaba ser un marchamo de garantía. Ahí, mi madre, sí que hizo hincapié con todos los horrores del mundo sicualquier hombre osaba tocarme. Una chica que ellaconocía se desangró. Entonces, pensé, que su novio, maridoo amante la había acuchillado. Por cierto yo también creí queme moría cuando tuve la primera regla y la sangre me corríapor las piernas abajo. Para mí, los genitales eran un arcano.Más todavía, si cabe, los masculinos que nunca había vistoen su estado adulto. Con unos ocho años, mis padres habíanido un día al cine y nos quedamos solos, la chacha, mis
 
primos y yo. Magnífica esta oportunidad de la sirvienta quedebía aprovechar para festejar por teléfono con su novio,militar sin graduación, mientras nosotros jugábamos amédicos y enfermeras. Mi prima Alicia era la doctora, Julioel paciente y yo la auxiliar. Lo dejamos desnudo encima deuna mesa y entre las dos le hicimos un reconocimiento afondo. Le puse en la boca un palito simulando eltermómetro, tenía mucha fiebre y llamé a la facultativa deguardia que colocó un cubilete de plástico en su pecho ysimuló una estetoscopia. Con los roces, la colita llegó aponerse tiesa y nos llamó la atención el repentino cambio deimagen. Mis nociones no pasaban de ahí e incluso mi propiazona inexplorada, cada vez que se manchaba cuando mellegó el ciclo fisiológico me reafirmaba en la creencia deque el cuerpo era sucio y repugnante. Me habían educado enel amor a Cristo en un país donde los vencedores de unaguerra civil achacaban su victoria a la intervención divina yno a los nazis alemanes y fascistas italianos, lo queconllevaba una represión brutal de la sexualidad condeterminantes muy rígidos dentro de una familianacionalcatólica. Algunos padres se bañaban desnudos consus hijos; eso era algo impensable en mi familia. Yo nuncavi a mi madre ni tan siquiera en ropa interior. Y de mi padreni te cuento aunque, haciendo memoria, en cierta ocasiónsalió del cuarto de la criada enrojecido, despeinado yabrochándose la bragueta pero en aquel momento no supeasociarlo. Mis progenitores tampoco se hacían caricias. Eltiempo me aclaró estos recuerdos. Me vienen tantos a lamente... Hoy, ahora, me siento indignada por haber sidocasta y haber permanecido virgen durante tanto tiempo.Cuando ingresé en la Orden me quitaron el sostén. Las

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