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9 Daniel Guerin El Anarquismo

9 Daniel Guerin El Anarquismo

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Daniel GuérinEl Anarquismo
Capítulo: CUESTIÓN DE VOCABLOSLa palabra anarquía es vieja como el mundo. Deriva de dos voces del griego antiguo:a? (an) y a??? (arjé), y significa, aproximadamente ausencia de autoridad o degobierno. Pero, por haber reinado durante miles de años el prejuicio de que loshombres son incapaces de vivir sin la una o el otro, la palabra anarquía pasó a ser, enun sentido peyorativo, sinónimo de desorden, de caos, de desorganización.Gran creador de definiciones ingeniosas (tales como la propiedad es un robo), Pierre-Joseph Proudhon se anexó el vocablo anarquía. Como si quisiera chocar al máximo,hacia 1840 entabló con los filisteos este provocativo diálogo: –Usted es republicano. –Republicano, sí; pero esta palabra no define nada. Res publicasignifica cosa pública... También los reyes son republicanos. –Entonces, ¿es usted demócrata? –No. –¡Vaya! ¿No será usted monárquico? –No. –¿Constitucionalista? –¡Dios me libre! –¿Aristócrata, acaso? –De ningún modo. –¿Desea un gobierno mixto? –Menos todavía. –¿Qué es, pues, usted? –Soy anarquista.Para Proudhon, más constructivo que destructivo, pese a las apariencias, la palabraanarquía –que, en ocasiones, se allanaba a escribir an-arquía para ponerse un poco aresguardo de los ataques de la jauría de adversarios– significaba todo lo contrario dedesorden, según veremos luego. A su entender, es el gobierno el verdadero fautor dedesorden. Únicamente una sociedad sin gobierno podría restablecer el orden natural yrestaurar la armonía social. Arguyendo que la lengua no poseía ningún vocabloadecuado, optó por devolver al antiguo término anarquía su estricto sentidoetimológico para designar esta panacea.Pero, paradójicamente, durante sus acaloradas polémicas se obstinaba en usar la vozanarquía también en el sentido peyorativo de desorden, obcecación que heredaría sudiscípulo Mijaíl Bakunin, y que sólo contribuyó a aumentar el caos.Para colmo, Proudhon y Bakunin se complacían malignamente en jugar con laconfusión creada por las dos acepciones antinómicas del vocablo: para ellos, laanarquía era, simultáneamente, el más colosal desorden, la absoluta desorganizaciónde la sociedad y, más allá de esta gigantesca mutación revolucionaria, la construcciónde un nuevo orden estable y racional, fundado sobre la libertad y la solidaridad.
 
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No obstante, los discípulos inmediatos de ambos padres del anarquismo vacilaron enemplear esta denominación lamentablemente elástica que, para el no iniciado, sóloexpresaba una idea negativa y que, en el mejor de los casos, se prestaba a equívocosenojosos. Al final de su carrera, ya enmendado, el propio Proudhon no tenía reparosen autotitularse federalista.Su posteridad pequeño-burguesa preferiría, en lugar de la palabra anarquismo, elvocablo mutualismo, y su progenie socialista elegiría el término colectivismo, prontoreemplazado por el de comunismo.Más tarde, a fines del siglo XIX, en Francia, Sébastien Faure tomó una palabra creadahacia 1858 por un tal Joseph Déjacque y bautizó con ella a un periódico: Le Libertaire[El Libertario]. Actualmente, anarquista y libertario pueden usarse indistintamente.Pero la mayor parte de estos términos presentan un serio inconveniente: no expresanel aspecto fundamental de las doctrinas que pretenden calificar. En efecto, anarquíaes, ante todo, sinónimo de socialismo. El anarquista es, primordialmente, un socialistaque busca abolir la explotación del hombre por el hombre, y el anarquismo, una de lasramas del pensamiento socialista. Rama en la que predominan las ansias de libertad, elapremio por abolir el Estado. En concepto de Adolph Fischer, uno de los mártires deChicago, “todo anarquista es socialista, pero todo socialista no es necesariamenteanarquista”.Ciertos anarquistas estiman que ellos son los socialistas más auténticos yconsecuentes. Pero el rótulo que se han puesto, o se han dejado endilgar, y que, porañadidura, comparten con los terroristas, sólo les ha servido para que se los mire casisiempre, erróneamente, como una suerte de “cuerpo extraño” dentro de la familiasocialista. Tanta indefinición dio origen a una larga serie de equívocos y discusionesfilológicas, las más de las veces sin sentido. Algunos anarquistas contemporáneos hancontribuido a aclarar el panorama al adaptar una terminología más explícita: sedeclaran socialistas o comunistas libertarios.
LA AVERSIÓN POR EL ESTADO
Para el anarquista, de todos los prejuicios que ciegan al hombre desde el origen de lostiempos, el del Estado es el más funesto. Stirner despotrica contra los que “estánposeídos por el Estado” “por toda la eternidad”. Tampoco Proudhon deja de vituperara esa “fantasmagoría de nuestro espíritu que toda razón libre tiene como primer deberrelegar a museos y bibliotecas”.Así diseca el fenómeno: “Lo que ha conservado esta predisposición mental y hamantenido intacto el hechizo durante tanto tiempo es el haber presentado siempre algobierno como órgano natural de justicia, como protector de los débiles”. Trasmofarse de los “autoritarios” inveterados, que “se inclinan ante el poder como losbeatos frente al Santísimo”, tras zamarrear a “todos los partidos sin excepción”, quevuelven “incesantemente sus ojos hacia la autoridad como su único norte”, hace votospor que llegue el día en que “el renunciamiento a la autoridad reemplace en elcatecismo político a la fe en la autoridad”.Kropotkin se ríe de los burgueses, que “consideran al pueblo como una horda desalvajes que se desbocarían en cuanto el gobierno dejara de funcionar”.Adelantándose al psicoanálisis, Malatesta pone al descubierto el miedo a la libertadque se esconde en el subconsciente de los “autoritarios”.
 
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¿Cuáles son, a los ojos de los anarquistas, los delitos del Estado? Escuchemos a Stirner:“El Estado y yo somos enemigos”. “Todo Estado es una tiranía, la ejerza uno solo ovarios”. El Estado, cualquiera que sea su forma, es forzosamente totalitario, como sedice hoy en día: “El Estado persigue siempre un solo objetivo: limitar, atar, subordinaral individuo, someterlo a la cosa general [...]. Con su censura, su vigilancia y su policía,el Estado trata de entorpecer cualquier actividad libre y considera que es su obligaciónejercer tal represión porque ella le es impuesta [...] por su instinto de conservaciónpersonal”. “El Estado no me permite desarrollar al máximo mis pensamientos ycomunicárselos a los hombres [...] salvo si son los suyos propios [...]. De lo contrario,me cierra la boca”.Proudhon se hace eco de las palabras de Stirner: “El gobierno del hombre por elhombre es la esclavitud”. “Quien me ponga la mano encima para gobernarme es unusurpador y un tirano. Lo declaro mi enemigo”. Y luego pronuncia una tirada digna deMolière o de Beaumarchais: “Ser gobernado significa ser vigilado, inspeccionado,espiado, dirigido, legislado, reglamentado, encasillado, adoctrinado, sermoneado,fiscalizado, estimado, apreciado, censurado, mandado, por seres que carecen detítulos, ciencia y virtud para ello [...]. Ser gobernado significa ser anotado, registrado,empadronado, arancelado, sellado, medido, evaluado, cotizado, patentado, licenciado,autorizado, apostillado, amonestado, contenido, reformado, enmendado, corregido, alrealizar cualquier operación, cualquier transacción, cualquier movimiento. Significa, sopretexto de utilidad pública y en nombre del interés general, verse obligado a pagarcontribuciones, ser inspeccionado, saqueado, explotado, monopolizado, depredado,presionado, embaucado, robado; luego, a la menor resistencia, a la primera palabra dequeja, reprimido, multado, vilipendiado, vejado, acosado, maltratado, aporreado,desarmado, agarrotado, encarcelado, fusilado, ametrallado, juzgado, condenado,deportado, sacrificado, vendido, traicionado y, para colmo, burlado, ridiculizado,ultrajado, deshonrado. ¡Eso es el gobierno, ésa es su justicia, esa es su moral! [...] ¡Oh,personalidad humana! ¿Cómo es posible que durante sesenta siglos hayaspermanecido hundida en semejante abyección?”.Para Bakunin, el Estado es una “abstracción que devora a la vida popular”, un“inmenso cementerio donde, bajo la sombra y el pretexto de esa abstracción, se dejaninmolar y sepultar generosa, mansamente, todas las aspiraciones verdaderas, todaslas fuerzas vivas de un país”. Al decir de Malatesta, “el gobierno, con sus métodos deacción, lejos de crear energía, dilapida, paraliza y destruye enormes fuerzas”.A medida que se amplían las atribuciones del Estado y de su burocracia, el peligro seagrava. Con visión profética, Proudhon anuncia el peor flagelo del siglo XX: “Elfuncionarismo [...] conduce al comunismo estatal, a la absorción de toda la vida locale individual dentro de la maquinaria administrativa, a la destrucción de todopensamiento libre. Todos desean abrigarse bajo el ala del poder, vivir por encima delcomún de las gentes”. Es hora de acabar con esto: “Como la centralización se hacecada vez más fuerte [...], las cosas han llegado [...] a un punto en el que la sociedad y elgobierno ya no pueden vivir juntos”. “Desde la jerarquía más alta hasta la más baja, enel Estado no hay nada, absolutamente nada, que no sea un abuso que debereformarse, un parasitismo que debe suprimirse, un instrumento de la tiranía quedebe destruirse. ¡Y habláis de conservar el Estado, de aumentar las atribuciones delEstado, de fortalecer cada vez más el poder del Estado! ¡Vamos, no soisrevolucionario!”

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