encargada del grupo, ya que al fin y al cabo si sucede algo indeseable el perjudicado será elque cometa el error.Hay una actitud que es muy personal y a la misma vez totalmente colectiva: la preocupaciónpor la prevención de accidentes. Si todos adoptamos esta actitud y constantemente trabajamospara mejorarla, podremos estar seguros de que en años venideros se verá claramente el frutode la misma. Tal vez nuestros hijos, el día de mañana, puedan mirar hacia atrás y decir quenos preocupamos e interesamos por mejorar las cosas.Si alguno de nosotros todavía no ha empezado a interesarse en la causa de la prevención deaccidentes, es hora de que mire al pasado, lo compare con los esfuerzos que se realizan ennuestros días, y se convenza de que ya es tiempo de empezar.
MIRAR SIEMPRE ANTES DE ACTUAR
Hay partes del problema de prevención de accidentes que no se pueden cubrir con reglasestrictas. Hay condiciones en la industria que permiten que se creen situaciones que son taninfrecuentes que parecen, por lo menos durante un momento, totalmente nuevas e insólitas.Son, por lo tanto, inesperadas y es difícil crear para ellas reglas fijas.A esta altura, el buen juicio del trabajador debe entrar en juego. El trabajador que no puedeextender sus principios de prevención de accidentes para que cubran cada situación a la quese enfrenta, es una amenaza para sí mismo y para la organización de la que es parte.El trabajador en quien se puede confiar para que encare cada situación precavidamente, esmuy valioso para la compañía.Hace algunos años, ocurrió un trágico accidente en el patio de una fábrica de aceros. Unveterano cuya ocupación era barrer los suelos, murió a consecuencia de un atropello. Todo elmundo en la planta le conocía y le estimaba muchísimo.Un día se hallaba limpiando una plataforma a lo largo de una vía en la que haba un vagón debordes bajos. Un operador de grúa trajo desde un lugar de la fábrica un gran cajón conchatarra, lo giró sobre el vagón de bordes bajos y lo descendió con mala fortuna sobre elcuerpo inclinado del pobre barrendero. El hombre fue materialmente aplastado y murióinstantáneamente.El operador de la grúa no usó buen juicio. Él no podía ver claramente el lugar en el que estabacolocando la caja. Supuso que allí no había nadie. Por usar poco juicio y precaución se creó así mismo una tragedia que será incapaz de olvidar durante el resto de su vida.No sería difícil para nosotros enumerar varias cosas que debía haber hecho el operador.Seguramente él también las conocía. Es casi seguro que desde pequeño había oído el antiguoadagio que dice "Mirar siempre antes de actuar".Hay demasiada gente que actúa a lo loco. Y no es hasta que averiguan que su descuido les hacostado a ellos, y a otros, un precio muy alto que se dan cuenta del significado del antiguoadagio.Si todos pudiéramos recordar que nunca debemos arrojar un objeto pesado antes decerciorarnos de que no va a caer en los pies de alguien, que nunca vamos a tocar una pieza demetal hasta estar seguros que no está caliente, y de que nunca vamos a prender la mecha deun cartucho antes de asegurarnos que no hay personas en las cercanías, reduciríamosgrandemente el número de lesiones y muertes.Quién más quién menos, todos hemos actuado alguna vez en nuestras vidas sin tener encuenta las consecuencias de la acción imprudente que vamos a realizar. Pero la mayoría denosotros hemos llegado a crearnos un hábito, quizás a raíz de una mala experiencia, de mirarsiempre antes de actuar. No obstante hay entre nosotros quienes actúan de esta manera losmenos de las veces. Para ellos la actuación normal es la opuesta: actúan, y después miran.