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La Fabula Del Holocausto- Arthur R. Butz

La Fabula Del Holocausto- Arthur R. Butz

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segunda guerra mundial
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LA FABULA DELHOLOCAUSTO
ARTHUR R. BUTZ
AAARGH2003
 
BUTZ : La Fabula del Holocausto
 – 2 – 
 
BUTZ : La Fabula del Holocausto
CAPITULO IJUICIOS, JUDIOS Y NAZIS
Los "juicios por crímenes de guerra" a los que sometieron los vencedores de laSegunda Guerra Mundial (SGM) principalmente a alemanes, pero también a muchos japoneses, sentaron un precedente pasmoso por su alcance y por lo inequívoco de lasacusaciones de las potencias victoriosas al hacer uso de ciertos legalismos opresupuestos que no existían cuando fueron supuestamente violados por las potenciasdel Eje. De este modo, despreciando todos los códigos de honor europeos respetadosdurante siglos, prisioneros alemanes civiles y militares, muchos de alta graduación, fueronobjeto de muerte violenta durante su detención por los aliados como consecuencia de tanextraordinarios procedimientos.Nunca antes había sucedido algo parecido a los juicios que los enemigos deAlemania hicieron entre 1945 a 1949. Quizá el caso de Juana de Arco, pero entoncessólo había implicada una prisionera y no una nación entera, y los ingleses, que fueronsegún los últimos estudios los responsables del proceso, hicieron cuanto pudieron paraque la condena por delitos de herejía y brujería (hoy ya proscritos) fuera decidida por unaIglesia universal e imparcial, de acuerdo con las reglas ya existentes de pruebas yprocedimientos.En los Estados Unidos, auténtico padre de los juicios, las opiniones acerca de laconveniencia de éstos siempre han estado divididas, pero el balance ha sido distinto. Enel periodo inmediato de la postguerra la opinión generalizada estaba a favor de los juicioscon algunas importantes personalidades en contra. En medio de la acadabrada campañaelectoral de 1946, justo antes de que los nazis más importantes: Goering,Ribbentrop,etcétera, fueran a la horca, el senador Robert A. Taft pronunció un discurso atacando lasbases legales de los juicios, así como las sentencias impuestas; su discurso parece queperjudicó a su partido, el Republicano, en aquellas elecciones.Una década después, lógicamente los puntos de vista habían variado algo, ya queen aquellos tiempos el entonces más claro candidato a la presidencia, John FitzgeraldKennedy, publicó un libro, "El perfil del valor" (un examen de varios personajes a los queel senador Kennedy creía valientes) en el cual alababa a Taft por mantener esa postura,añadiendo que sus opiniones "eran hoy compartidas... por un número importante deciudadanos americanos" (1).Con el secuestro de Eichmann en 1960, su posterior "juicio" y la publicidad querecibió más tarde, parece que las opiniones variaron de nuevo, aunque lentamente, haciauna aprobación de los juicios. Este cambio extraordinario puede justificarse de muchasmaneras, pero creo que lo sucedido es que en tiempo de paz, cuando por lo general nohay un ambiente de histeria, la atención del mundo se había centrado en un relatoespecialmente macabro: el asesinato por los nazis de varios millones de judíos (por logeneral, seis) de toda edad y condición durante la guerra, como parte de un programaencaminado a eliminar a los judíos europeos. "La solución final", de Gerald Reitlinger, 2ªedición (1968), es comúnmente aceptada como la exposición más detallada y asequiblede esta acusación y "La destrucción de los judíos europeos", de Raoul Hilberg (1961),dice esencialmente lo mismo. Otras obras son "El Holocausto", de Nora Levin (1968),varios libros de León Poliakov, y el muy reciente "La guerra contra los judíos, 1933-45", deLucy S. Dowidowicz (1975).Volviendo al tema de lo adecuado de los juicios por crímenes de guerra, todo elmundo estará de acuerdo en (por lo menos) buscarles un fundamento legal, pero alparecer mucha gente protestaría diciendo que los juicios eran, en cualquier caso,necesarios porque los excesos normales en tiempo de guerra no tuvieron nada que ver, ypor tanto la extraordinaria naturaleza del crimen; el extermínio de los judíos europeos ,requería procedimientos extraordinarios. El argumento falla en que una crueldadsemejante no sólo debe ser castigada, sino también estar documentada.No me he propuesto en este libro traer a colación la cuestión de qué grado decrueldad justifica qué grado de irregularidades, sino más bien un punto sobre el que se
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