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TEXTOS DE
MAGIA EN
PP.
GRIEGOS
debe a CH.
W.
Goodwin
y
se trata del
P
V
(núm. XLVIdel Museo Británico)
2.
Ello despertó, naturalmente, un in-terés extraordinario por el tema, aunque todavía tenían quetranscurrir unos años más para que
G.
Parthey editara
P
1
y
P 11
(1865)
y,
veinte años más tarde,
C.
Leeman hicieralo propio con los
PP
XII y XIII basándose en las lecturasque Reuvens realizara años antes
4.
Posteriormente, entre
1888
y
1893,
el vienés
C.
Wessely
S
edita los
PP
111-X, porlo que, con el final del siglo, se cierra la primera etapade investigación.Ahora bien, pese a los ingentes esfuerzos de los edito-res arriba mencionados, los resultados dejaban mucho quedesear. La papirología estaba en mantillas y la labor, deC. Wessely especialmente, fue un tanto apresurada. Lasediciones de este autor, por ejemplo, presentan una simpletranscripción del texto sin acentos, numeración ni aparato,lo que revela la inseguridad del aficionado y la falta derigor del pionero.No obstante, publicado ya para
1893
prácticamente to-do el material más importante -el comprendido entre losPP 1-XIV-, tanto por el contenido como por la cantidad,se abrió la posibilidad de ser aprovechado por los eruditosen historia de la religión
y
de la cultura. De esta forma,desde principios del presente siglo hasta los años treintase produce un aluvión de publicaciones de toda índole so-bre los papiros mágicos, y, en manos de hombres como
*
Cf.
Fragrnent of a Graeco-Egyptian Work upon Magic,
Cambridge,1852.
'
Cf.
Zwei griechische Zauberpapyri des Berliner Museums,
Berlín,1865.
Papyri graeci Musei Antiquarii Publ.,
11,
Leiden, 1885.
'
~GriechischeZauberpapyrus von Paris und London)),
Denk. Wien.Ak.
36 (1888). y «Neue griechische Zauberpapyri»,
ibid.
42
11
(1893).
A.
Dieterich y R. Reitzenstein, la hermenéutica de los mis-mos alcanza niveles francamente notables, aunque estuvie-ra, naturalmente, viciada por las exageraciones a que sueleinducir el entusiasmo de los grandes descubrimientos. Demanera que A. Dieterichcree ver en IV 4 nada menosque una ((Liturgia de Mitra)), y R. Reitzenstein
7,
por suparte, destaca, una
y
otra vez, en sus escritos, los elemen-tos ((subservientes))a su conocida tesis sobre el influjo ira-nio en el sincretismo religioso de la época helenistica.Fue, precisamente, el primero de ellos, A. Dieterich,quien sintió la necesidad de poner un poco de orden y ri-gor en el Corpus de papiros mágicos ya que las primerasediciones, aparte de los fallos de lectura que contenían,no satisfacían las exigencias mínimas para ser utilizadoscientíficamente ni tampoco ayudaban al profano, al care-cer de traducción, para atisbar su contenido. Cierto quela intención originaria de este erudito no era demasiadoambiciosa; quería, simplemente, revisar y editar el GranPapiro Mágico Parisino como entonces se llamaba a P 1V.La muerte le impidió concluir incluso este objetivo, peroya había sembrado en sus discípulos
K.
Preisendanz, L.Fahz y A. Abt el interés por este sector de la filologíay la cultura griegas, y éstos, a su muerte, reemprendieronla labor, ahora con un objetivo mucho más ambicioso: re-visar y editar con traducción, numeración y aparato, tantocrítico como hermenéutico, todo el material mágico de pa-piros, óstraca y tablas, publicado o no.
Especialmente en
Eine Mifhrasliturgie,
Leipzig, 1923~, unque ya
lo
sugiere anteriormente en
Abra,
Leipzig, 1923~. esde un principiose opusieron a esta idea
F.
CUMONT,
riental religions in Roman Paga-nism,
Nueva York, 1956;
R.
REITZENSTEIN,
he Hellenistic Mystery. Re-Iigions
(trad. ingl.), Pittsburgh, 1978,
y
otros.
'
Cf.
The Hellenistic
...,
y
Poimandres,
Leipzig, 1904.