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Sábato, Ernesto - Heterodoxia

Sábato, Ernesto - Heterodoxia

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E R N E S T O S A B A T O
H E T E R O D O X I A
(1953)
 
 A la vieja y leal amistad de ArturoSánchez Rivadedico este libro.
2
 
HOMBRE Y MUJER. El candoroso siglo XIX no sóloculminó en la idea de que el hombre que viajaba enferrocarril era moralmente superior al hombre que andabaa caballo: culminó en la doctrina más inesperada de todoslos tiempos, en la idea de la identidad de los sexos.Si no hubiera otras pruebas de la frivolidad de ese siglo,bastaría esa sola para condenarlo. Desde el punto de vistade esos optimistas, la diferencia entre el útero y el falo eraalgo así como un resabio de los Tiempos Oscuros, ydestinado a desaparecer con la diligencia y elanalfabetismo. Felizmente, ese extraño vaticinio no se hacumplido, como tanto otros de aquellos profetas de laLocomotora.Por desgracia, los siglos no terminan al mismo tiempopara todos, y así como Nietzsche fue un hombre del sigloXX, así pululan en nuestro tiempo los habitantes del sigloXIX. El inocente hecho de mostrar
diferencias
entre los dossexos los pone ferozmente en guardia y les hace mascullarpalabras como reaccionario y bárbaro, pues los hechos hanevolucionado de tal manera que el progresismo consistehoy en mantener ideas definitivamente envejecidas.La mayor parte de las mujeres, sobre todo las mujeresde alguna cultura —nada hay más peligroso que
algo
decultura—, se dejan arrastrar por esa teoría, sin comprenderque les hace muy poco favor y que las coloca en un terrenodesfavorable: como si un submarino, molesto por elprestigio de la aviación, pretendiese ser tan bueno comoavión... en el aire. Si hasta parece una mefistolicatriquiñuela inventada por un enemigo de la mujer parahacerla quedar en ridículo. Con razón, Gina Lombroso poneen guardia a sus congéneres contra esa tortuosa doctrina:“Es inútil negarlo, la mujer no es igual al hombre. Buscadcualquier testimonio de la literatura antigua o moderna —una novela, un poema, un mito— y tratad de masculinizar asus heroínas. Suponed por un instante a las mujeres delAntiguo y del Nuevo Testamento: Rebeca, Noemí, Ruth,María Magdalena, convertidas en hombres. Incluid en estaimaginaria metamorfosis a Helena, cuba, Electra, osimplemente a la Eugenia de Balzac, a la Rebeca de WalterScott, a la Dorrit de Dickens, y decid en conciencia si lasfiguras que resultan de semejante operación no sonridículas o monstruosas”.3

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