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Viaje en las Tinieblas del Tiempo

Viaje en las Tinieblas del Tiempo

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locura y pasión imposible
locura y pasión imposible

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1
Viaje en las Tinieblas del Tiempo
Quien dijo que la muerte es sólo el comienzoSabe que uno nunca acaba de vivirEl Amor y la Muerte son estados de conscienciaVivir, el camino hacia uno y otro.
...Cuando era niña, yo era admiración y asombro. Mi amor por la Naturaleza me había comunicado esa verdad sin palabras de que todo lo que existe cambia. Y para acompañarme, me había creadoamigos imaginarios con los que vivía aventuras siempre novedosas. Mi madre no dejaba de sorprenderse por aquel mundo invisible y sonreía al verme hablando sola, mi padre era tierno y dulce, pero a menudointrovertido y metódico al punto que su vida me parecía reglada por algunaagenda misteriosa. Y la verdad, es que yo nunca sabía lo que pensaban esos ojos que siempre me miraban como si vagaran en otro mundo. Para mí, él era misterio y autoridad. Desde muy temprano, mis padres me hablaron de Dios, aquel ser todopoderoso que leía en tu corazón como en un libro abierto y te enseñaba a siempre decir la verdad y a nunca hacer le mal. De suerte tal, que habíaencontrado en Jesús a otro amigo imaginario al que pedía favores y ayudacuando sentía miedo y soledad. Era como un hermano mayor. Fui creciendo y descubriendo que algunas preguntas hechas a mi madre notenían respuesta y ella miraba a mi padre, que obligado a salir de sumutismo, me acariciaba entonces el cabello y decía:
-
 
 No todo en la vida tiene respuesta, hija; tú sólo debes creer para salvarte, rezar y tener fe.
-
 
 ¿Salvarme de qué? Entonces, su mirada se tornaba triste y su sonrisa adquiría aquel rictus que  sólo dan las duras experiencias de la vida:
-
 
...Ya tendrás tiempo de averiguarlo.
 
2
 Para mi espíritu inquieto, no saber era perder pie, y a menudo fui perdiendo fe en aquellos dos pilares cuyas respuestas insatisfactorias me parecían signo de debilidad. De pronto, comencé a ir a clases. Yo ya sabía leer y escribir desde muytemprana edad y el temor de sentirme de súbito rodeada por compañeros reales cedió rápidamente a la constatación de la inferioridad de mis nuevos amigos. Grandes y chicos me hallaban rara y si los primeros me miraban aveces con recelo e impotencia, los segundos lo hacían casi siempre con temor yresentimiento (no son acaso dos reacciones hermanas frente a lo desconocido...)que mi natural don comunicativo transformaba a menudo en obediencia y servicio.Cuando nació mi hermano, me sentí rápidamente responsable de él, unainconsciente e incipiente desconfianza hacia aquellos padres que no conocíantodas las respuestas me impulsaba a protegerlo del mundo exterior, defenderloen todo y enseñarle lo que yo sabía para cubrir el flanco abierto que me  significaba aquella falencia familiar. Para mí, lo que no conocías no lo controlabas, y eso te controlaba a ti.Con los años, mi responsabilidad creció. Muchas de las preguntas quedaban sin respuesta y si bien seguía yendo a misa y rezando con fervor, permanecía mi curiosidad insatisfecha y poco a pocohabía nacido en mí la idea de que Dios era el refugio de los que no querían preguntar más allá. Claro que yo a él no lo cuestionaba, sólo a los que vaciaban en él todo un mundo de insatisfacciones personales, de incógnitas  sin indagar, de problemas irresolutos... Muy rápido, descubrí que mi don de mando podía servir un más noble  propósito que el de la manipulación de los débiles.Como siempre era la primera en todo, y los grandes me tomaban comoejemplo, decidí entrar en grupos juveniles religiosos y ejercer ese don natural bajo el manto de la fe, ayudando a los pobres y necesitados con proyectos  sociales novedosos.Cuando ocurrió un cambio.
 
3
 Mi madre extrañaba su tierra de origen y había logrado convencer a mi  padre –también de otra tierra- a viajar donde ella y probar suerte ahí. De súbito, mi hermano y yo nos hallábamos en otro mundo, descolocados y sin más referentes que familiares maternos mirándonos con curiosidad. Aquel salto no muy planeado de mis padres nos había precipitado en laincertidumbre económica, abandonando literalmente adquiridos valiosos por recuerdos y anhelos que prontamente revelaron su insubstancialidad.El retorno a la realidad sería duro, porque había significado un retorno anuestro país, pero en condiciones muy diferentes. De aquellas experiencias me quedaría siempre un oscuro temor a toda situación improvisada, a toda decisión donde todo no estuviera previsto ycalculado de antemano, junto a la consciencia neta de que nada puede hacerse afuera sin resolver primero la necesidad adentro.Comprendía ahora esas numerosas traiciones que había sufrido por parte de aquellos mismos a los que mi mano tendía. La inseguridad permanente te hace poco confiable, porque desconfiado de todo y de todos... De ahí que, muy rápidamente me forjaría un escudo racional de pautas estrictas que reglarían mi vida, y el acceso al mundo interior que pretendía proteger. Frente a mi familia, había asumido un rol protector preponderante  y yo hallaba la calma y soluciones donde todos veían crisis e impases. Y si bien cultivaba buenas amistades que suplían la falta de familiares en mi país natal, yo sabía jerarquizar las prioridades, consciente a muy temprana edad de una responsabilidad de la que nadie –sino yo- me había imbuido para conlos míos.Tal era el motivo por el que mis padres nunca se preocuparon ni me  sobreprotegieron en mi vida personal y anímica: yo transpiraba esa seguridad de aquellos nacido para moverse en el mundo como pescado en el agua. Muymadura antes de tiempo, no era preciso repetirme avisos ni consejos, por instinto yo sabía qué era lo correcto y no podía evitar cierto desprecio hacia la gran mayoría de mi género, para mí, irresponsable y superficial. Por lo que, solía tener más amigos hombres que mujeres entre los cuales ejercía una suerte de constante fascinación mezclada de seducción espontánea, la que sabíatemperar cuando fuera necesario. De hecho, poco tiempo requirió mi aprendizaje con el “sexo fuerte”... De  partida, mi seguridad aparente los descolocaba en el primer encuentro y no

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