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Lacan y Lo Politico

Lacan y Lo Politico

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Excelente articulo para descubrir las puntuales diferencias del concepto de sujeto en el psicoanalsis de corte lacaniano y la sociología tradicional. Esta diferencia es clave para entender el por que posteriormente Luhmann envia al sujeto sociológico afuera (entorno) del quehacer de la ciencia social. Pues su alta contingencia lo hace inadecuado para una adecuada tematización de nuestra ciencia.
Excelente articulo para descubrir las puntuales diferencias del concepto de sujeto en el psicoanalsis de corte lacaniano y la sociología tradicional. Esta diferencia es clave para entender el por que posteriormente Luhmann envia al sujeto sociológico afuera (entorno) del quehacer de la ciencia social. Pues su alta contingencia lo hace inadecuado para una adecuada tematización de nuestra ciencia.

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Published by: Oscar Alfredo Meza Alvear on May 26, 2011
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07/31/2014

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[de:
Stavrakakis, Yannis
(1999) The Lacanian subject: The impossibility of identity and the centrality of identification. En
Lacan and the Political.
London: Verso (pp.13-39)
 
Capítulo 1.
EL SUJETO LACANIANO
La imposibilidad de la identidad y la centralidad de la identificación.
trad. O.J.GuerraProlegomenaHabiendo atraído la atención del lector hacia los problemas implicados y las precauciones que son necesariasen cualquier proyecto que vincule la teoría lacaniana a lo político (problemas que provienen tanto de lasdificultades que presupone todo intento de juntar al psicoanálisis con lo político, como del particular 
status
dela teoría lacaniana), pero también habiendo esbozado las ganancias anticipadas de una empresa tal-y tras el breve sumario de contenidos y la biografía de Lacan, con la que vino a concluir mi introducción-
ahora estiempo de iniciar nuestra exploración de la teoría lacaniana y su relevancia para el análisis socio-político,especialmente para una teoría de lo político. Nuestro punto de partida, al cual este primer capítulo estádedicado, es la concepción lacaniana del sujeto. Un sujeto que por ser esencialmente escindido y alienadodeviene en
locus
de una identidad imposible, el lugar donde acontece toda una política de identificación. Eseste sujeto el que en general es considerado la mayor contribución lacaniana a la teoría contemporánea y alanálisis político. No cabe duda de que el postestructuralismo está gradual, pero inalterablemente, hegemonizando nuestromedio teórico y cultural (especialmente en cuanto concierne a áreas tales como los estudios culturales y lateoría social). Lacan ha sido aclamado como una de las piedras angulares de este movimiento, junto conJaques Derrida y otros.
1
Para Sam Weber, ‘los escritos de Lacan, junto con los de Derrida, siguen siendo,
(*)
El autor hace alusión en varias ocasiones al Libro cuyo título está arriba entre corchetes, del cual el presente texto es el capítulo 1. [n. del trad.]
1
Antes de ser bautizado como postestructuralista, Lacan había sido categorizado como estructuralista. AnikaLemmaire, en la primera tesis doctoral escrita sobre el trabajo de Lacan, establece con certeza notoria que‘Jaques Lacan es un estructuralista’(Lemaire, 1977: 1). Unas páginas después agrega: ‘Lacan es en efecto unestructuralista: el inconsciente es la estructura escondida debajo de una aparentemente consciente y lúcidaauto-disposición' (íbidem: 7). Diez años más tarde Stephen Frosh llega al veredicto final. Lacan no solamenteemplea métodos estructuralistas, sino que 'hace del psicoanálisis una rama del estructuralismo,específicamente la lingüística estructural'(Frosh, 1987: 130). Ciertamente, toda la empresa lacaniana fueinfluenciada por la lingüística estructural y la antropología estructural. Como sea, reducir el psicoanálisislacaniano a estas instancias está lejos de ser un movimiento legítimo. Como Bruce Fink ha señaladorecientemente, en tanto que la estructura juega un papel de suma importancia en el trabajo de Lacan, ello noes toda la historia ni lo fue nunca en ningún punto del desarrollo de Lacan'(Fink, 1995b: 64). La apropiaciónde la teoría lacaniana por el postestructuralismo muestra eso con exactitud. Si Lacan está intentando una'reconceptualización de Freud a la luz de la teoría postestructuralista' (Elliott, 1994: 91), si la influencia de laescuela lacaniana ‘ha estado por la “deconstrucción”’(Rustin, 1995: 242) entonces, seguramente, no puedeser un mero estructuralista. Por otra parte, la lectura postestructuralista de Lacan, mientras atestigüa la riquezade sus teorías es también pesadamente reduccionista. Jonathan Culler está en lo correcto entonces, cuandoafirma que 'la oposición entre estructuralismo y postestructuralismo simplemente complica el intento de
 
 posiblemente más que nunca, dos de las fuerzas más poderosas que trabajan para mantener la alteridad dellenguaje a salvo de ser aislada y excluida’, y por tanto, para mantener al postestructuralismo vivo y pateando(Weber, 1991:xii). Lo que parece ser la idea más interesante que existe detrás de la apropiación postestructuralista de Lacan, es que la teoría lacaniana puede armar al postestructuralismo con una nuevaconcepción de la subjetividad, compatible con sus propios fundamentos teóricos. Y aún cuando para muchos postestructuralistas un proyecto de tal naturaleza pueda parecer una autoderrota, (ya que el postestructuralismo supuestamente no necesita más,
 per definitionem
, al sujeto), otros lamentan ‘la ausenciade una teoría postestructuralista (¿o debería yo decir post-postestructuralista?) adecuada de la subjetividad’(Johnson en Bracher, 1993:11). El sujeto lacaniano se celebra como capaz de llenar esta falta en lateorización postestructuralista.Esto no es el caso solamente en el postestructuralismo. Al parecer, el sujeto lacaniano puede cubrir una grancantidad de vacíos, y esos vacíos proliferan crecientemente en torno a nosotros (o tal vez estamos progresivamente percibiendo su presencia y alertándonos cada vez más de su persistencia). Para proporcionar entender tales figuras mayores' (Culler, 1989: 27). Lo que se mostrará en las páginas siguientes, esperamos,es que la teoría lacaniana va mucho más allá de lo que esas dos etiquetas pueden representar -no tanto porqueLacan no sea, hablando estrictamente, un filósofo; su punto de partida es siempre la práctica del psicoanálisis, por lo tanto su teoría está siempre articulada como una reflexión acerca de la imposibilidad que se revela ennuestro encuentro con el real de la experiencia, un real más allá tanto del estructuralismo como de la mayoríade las corrientes del postestructuralismo. Sobre la relación de Lacan con el postestruturalismo, la pregunta deŽižek '¿por qué Lacan no es postestructuralista?' sigue siendo indispensable (Žižek, 1987, incorporadatambién en Žižek, 1989: 153-61). Insistiendo sobre la particularidad de la empresa lacaniana y su diferenciadel estructuralismo y el postestructuralismo (una diferencia que puede estar basada en una variedad de puntos, tales como la centralidad del concepto de 'sujeto', el uso de conceptos como
'jouissance',
el 'real' y 'laverdad' y los complejos juegos de lenguaje que Lacan articula con ellos) no significa, por supuesto, que elexplorar la relación entre Lacan y la teoría postestructuralista (especialmente el trabajo de Jaques Derrida) no pueda ser una fascinante y fructífera empresa, y que tiene que ser asumida urgentemente. De hecho, al parecer la mayoría de las resistencias hacia semejante tarea están siendo dejadas de lado poco a poco.Un ejemplo de esto es el viraje en la posición de Derrida
vis-á-vis
la teoría lacaniana. A pesar de que'Purveyor of Truth' de Derrida, publicado en los primeros setentas, es un ensayo algunas veces injustamentecrítico, que atribuye a Lacan, entre otras, una serie de declaraciones de verdades trascendentales e idealistas,culpándolo de fonocentrismo (la priorización del habla y la voz sobre la escritura, algo que Lacan estaba dehecho cuestionando ya desde su Seminario inédito sobre
 Identificación,
de 1961-2, es decir antes aún de la publicación de la crítica de Derrida), para contrastarlas con la posición deconstruccionista (‘aquí ladiseminación amenaza la ley del significante y de la castración como el contrato de verdad’ escribe Derrida -Derrida, 1988: 187), en un documento reciente, característicamente titulado 'For the Love of Lacan', Derridase asocia él mismo con un homenaje a Lacan, un Lacan cuya 'sofisticación y competencia, su originalidadfilosófica, no tiene precedente en la tradición psicoanalítica' (Derrida, 1995b: 706). Este documento reciente,articulado en torno a una serie de recuerdos personales de Derrida, de sus relaciones con Lacan, resumen loscomentarios de Derrida como se presentan en el 'Purveyor of Truth', pero solo para negar que constituían unacrítica (íbidem: 722) y para apuntar que Lacan había respondido a ellos de una manera que lo acercaba más ala deconstrucción: 'el discurso de Lacan, siempre altamente sensible hacia todos los movimientos en la escenateórica -¿y quién lo culparía?- nunca dejó de reajustar, incluso de revisar, y algunas veces de contradecir losaxiomas que acabo de mencionar [los criticados en 'Purveyor of Truth]. El énfasis en la escritura creció cadavez más fuerte después de 1968, hasta el punto de invertir, muy 'gramatológicamente', el pronunciamientoque cité apenas un poco atrás' (íbidem: 720). Independientemente de si Derrida estaba en lo correcto o no, siel pensamiento de Lacan evolucionaba de una manera' gramatológica', el escrito de Derrida abre el camino auna necesarísima discusión sobre la relación entre deconstrucción y teoría lacaniana. Sabemos que Lacanciertamente no desdeñaba un diálogo como ése, como es sabido en su -por supuesto no incondicional- elogiode
The Title of the Letter 
de Lacoue-Labarthe y Nancy (Lacoue-Labarthe and Nancy 1992 -para unadiscusión de este libro, véase el capítulo 3 de este volumen). Derrida mismo reconoce que, a pesar de todaslas dificultades entre ellos, Lacan siempre le dejó 'la mayor libertad de interpretación' (Derrida, 1995b: 710).Es una libertad como esa la que debe guiar, en el futuro, el diálogo entre la deconstrucción y la teoríalacaniana.2
 
solo algunos ejemplos, Rosalind Coward y John Ellis señalan que ‘el sujeto lacaniano es por tanto este nuevosujeto del materialismo dialéctico... El énfasis en el lenguaje aporta una ruta para una elaboración del sujetoque el materialismo dialéctico exige’ (Coward y Ellis, 1977: 93.) Michele Barret, por su parte, argumenta que‘el sicoanálisis [y se refiere principalmente a Lacan] es el lugar donde uno podría comenzar razonablemente acorregir la lamentable
 falta
de atención hacia la subjetividad en la teoría marxista de la ideología’ (Barret,1991: 118-19, énfasis mío), mientras que Mark Bracher concluye que ‘la teoría lacaniana puede aportar laclase de reconsideración sobre la subjetividad que la crítica cultural necesita’ (Bracher, 1993:12). Pararesumir, la idea central de esta argumentación es que Lacan es relevante en el análisis socio-políticocontemporáneo por su visión del sujeto humano. Como establece Feher-Gurewich
à propos 
de la teoríasocial: ‘la aproximación sicoanalítica de Lacan se fundamenta sobre premisas que están en agudo contrastecon aquellas que han llevado al error en una alianza entre el psicoanálisis y la teoría social’. ¿Y cuáles sonesas premisas? ‘Lacan suministra a la teoría social una visión del sujeto humano que derrama una nueva luzsobre las relaciones entre las aspiraciones individuales y los objetivos sociales’ (Feher-Gurewich, 1996: 154).Dicho en forma sencilla, la concepción lacaniana de la subjetividad está llamada a remediar las deficiencias osuplemento. Este término no se usa aquí en el estricto sentido derrideano, si bien no está enteramente ausenteun sabor deconstruccionista-postestructuralista, teoría social, crítica cultural, teoría de la ideología, etcétera.Pero un movimiento así ¿no es un movimiento reduccionista
 par excellence
? Aunque nuestra propiaaproximación, como se desarrollará en los capítulos siguientes, se ubica claramente mas allá de una lógica desuplementación, sería injusto considerar al sujeto lacaniano como el punto de una reducción inaceptable. Estesería el caso, sólo si la noción lacaniana de subjetividad fuese una simple reproducción de un sujetoesencialista, de un sujeto articulado en torno a una esencia positiva única, que es transparente para sí misma ycompletamente representable en el discurso teórico. Pero este sujeto esencialista, el sujeto de la tradiciónfilosófica humanista, el sujeto cartesiano, o incluso el sujeto marxista reduccionista cuya esencia se identificacon sus intereses de clase, es exactamente lo que tiene que ser cuestionado y ha sido cuestionado; no puedeser parte de la solución, porque forma parte del problema inicial. El sujeto lacaniano se localiza claramentemas allá de una noción de subjetividad como esta, esencialista y simplista. No solamente Lacan es‘obviamente el más alejado de aquellos que operan con categorías esencialistas o nociones simplistas decausa u origen psíquico’ (Barrett, 1991: 107), sino que el sujeto lacaniano se opone y trasciende radicalmentetodas estas tendencias sin, como sea, desechar al nene junto con el agua de la bañera, lo que es decir el
locus
 del sujeto junto con sus formulaciones esencialistas.Para Lacan es ‘verdad que el
cógito
del filósofo está en el centro del
mirage
que hace al hombre modernoestar tan seguro de ser sí mismo, aún en sus incertidumbres sobre sí mismo’ (E:165). Pero esta fantasíaesencialista, que reduce la subjetividad al ego consciente, no puede ya seguirse autosustentando: ‘el mito dela unidad de la personalidad, el mito de la síntesis... todos esos tipos de organización del campo objetivorevelan constantes cuarteaduras, desgarres y rajaduras, negación de los hechos y desconocimiento de laexperiencia más inmediata’ (III: 8)
. Es claro que el descubrimiento freudiano del inconsciente, de unorganismo que separa al sujeto de toda esta tradición, no puede ser soslayado; trae al escenario algo que estatradición tenía que excluir para sostenerse. Como Lacan lo formula en la ‘Freudian Thing’, como resultadodel descubrimiento freudiano el centro preciso del ser humano ya no se encuentra en el lugar que la tradiciónhumanista le había asignado (E: 114). Se sigue que, para Lacan, cualquier proyecto de afirmación de laautonomía de este ego esencialista libre, es igualmente inaceptable -lo cual no es lo mismo, por supuesto, que promover la heteronomía como principio teórico o político general: ‘yo estipulé que el discurso de la libertades esencial al hombre moderno en tanto está estructurado por una cierta concepción de su propia autonomía.Señalé su carácter fundamentalmente prejuiciado e incompleto, inexpresable, fragmentario, diferenciado y profundamente ilusorio [lo cual no debe ser confundido con psicosis, pero que sin embargo opera ‘en elmismo lugar’]’ (III: 145). Lacan arguye que el descubrimiento de Freud del inconsciente es más radical quelas revoluciones copernicana y darwiniana por cuanto ambas dejan intacta la creencia de la identidad entre elsujeto humano y el ego consciente. A su parecer, debemos a Freud la posibilidad de realizar una subversiónde esta concepción del sujeto. Es la subversión del sujeto como
cogito
la que de hecho hace posible el
(**)
El autor hace múltiples referencias a los Seminarios, de Lacan, señalándolos por su numeración enromanos; así como a los
Écrits
, que ubica mediante una ‘E’, y número arábigo para la página. [n. del trad.]3

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