solo algunos ejemplos, Rosalind Coward y John Ellis señalan que ‘el sujeto lacaniano es por tanto este nuevosujeto del materialismo dialéctico... El énfasis en el lenguaje aporta una ruta para una elaboración del sujetoque el materialismo dialéctico exige’ (Coward y Ellis, 1977: 93.) Michele Barret, por su parte, argumenta que‘el sicoanálisis [y se refiere principalmente a Lacan] es el lugar donde uno podría comenzar razonablemente acorregir la lamentable
falta
de atención hacia la subjetividad en la teoría marxista de la ideología’ (Barret,1991: 118-19, énfasis mío), mientras que Mark Bracher concluye que ‘la teoría lacaniana puede aportar laclase de reconsideración sobre la subjetividad que la crítica cultural necesita’ (Bracher, 1993:12). Pararesumir, la idea central de esta argumentación es que Lacan es relevante en el análisis socio-políticocontemporáneo por su visión del sujeto humano. Como establece Feher-Gurewich
à propos
de la teoríasocial: ‘la aproximación sicoanalítica de Lacan se fundamenta sobre premisas que están en agudo contrastecon aquellas que han llevado al error en una alianza entre el psicoanálisis y la teoría social’. ¿Y cuáles sonesas premisas? ‘Lacan suministra a la teoría social una visión del sujeto humano que derrama una nueva luzsobre las relaciones entre las aspiraciones individuales y los objetivos sociales’ (Feher-Gurewich, 1996: 154).Dicho en forma sencilla, la concepción lacaniana de la subjetividad está llamada a remediar las deficiencias osuplemento. Este término no se usa aquí en el estricto sentido derrideano, si bien no está enteramente ausenteun sabor deconstruccionista-postestructuralista, teoría social, crítica cultural, teoría de la ideología, etcétera.Pero un movimiento así ¿no es un movimiento reduccionista
par excellence
? Aunque nuestra propiaaproximación, como se desarrollará en los capítulos siguientes, se ubica claramente mas allá de una lógica desuplementación, sería injusto considerar al sujeto lacaniano como el punto de una reducción inaceptable. Estesería el caso, sólo si la noción lacaniana de subjetividad fuese una simple reproducción de un sujetoesencialista, de un sujeto articulado en torno a una esencia positiva única, que es transparente para sí misma ycompletamente representable en el discurso teórico. Pero este sujeto esencialista, el sujeto de la tradiciónfilosófica humanista, el sujeto cartesiano, o incluso el sujeto marxista reduccionista cuya esencia se identificacon sus intereses de clase, es exactamente lo que tiene que ser cuestionado y ha sido cuestionado; no puedeser parte de la solución, porque forma parte del problema inicial. El sujeto lacaniano se localiza claramentemas allá de una noción de subjetividad como esta, esencialista y simplista. No solamente Lacan es‘obviamente el más alejado de aquellos que operan con categorías esencialistas o nociones simplistas decausa u origen psíquico’ (Barrett, 1991: 107), sino que el sujeto lacaniano se opone y trasciende radicalmentetodas estas tendencias sin, como sea, desechar al nene junto con el agua de la bañera, lo que es decir el
locus
del sujeto junto con sus formulaciones esencialistas.Para Lacan es ‘verdad que el
cógito
del filósofo está en el centro del
mirage
que hace al hombre modernoestar tan seguro de ser sí mismo, aún en sus incertidumbres sobre sí mismo’ (E:165). Pero esta fantasíaesencialista, que reduce la subjetividad al ego consciente, no puede ya seguirse autosustentando: ‘el mito dela unidad de la personalidad, el mito de la síntesis... todos esos tipos de organización del campo objetivorevelan constantes cuarteaduras, desgarres y rajaduras, negación de los hechos y desconocimiento de laexperiencia más inmediata’ (III: 8)
. Es claro que el descubrimiento freudiano del inconsciente, de unorganismo que separa al sujeto de toda esta tradición, no puede ser soslayado; trae al escenario algo que estatradición tenía que excluir para sostenerse. Como Lacan lo formula en la ‘Freudian Thing’, como resultadodel descubrimiento freudiano el centro preciso del ser humano ya no se encuentra en el lugar que la tradiciónhumanista le había asignado (E: 114). Se sigue que, para Lacan, cualquier proyecto de afirmación de laautonomía de este ego esencialista libre, es igualmente inaceptable -lo cual no es lo mismo, por supuesto, que promover la heteronomía como principio teórico o político general: ‘yo estipulé que el discurso de la libertades esencial al hombre moderno en tanto está estructurado por una cierta concepción de su propia autonomía.Señalé su carácter fundamentalmente prejuiciado e incompleto, inexpresable, fragmentario, diferenciado y profundamente ilusorio [lo cual no debe ser confundido con psicosis, pero que sin embargo opera ‘en elmismo lugar’]’ (III: 145). Lacan arguye que el descubrimiento de Freud del inconsciente es más radical quelas revoluciones copernicana y darwiniana por cuanto ambas dejan intacta la creencia de la identidad entre elsujeto humano y el ego consciente. A su parecer, debemos a Freud la posibilidad de realizar una subversiónde esta concepción del sujeto. Es la subversión del sujeto como
cogito
la que de hecho hace posible el
(**)
El autor hace múltiples referencias a los Seminarios, de Lacan, señalándolos por su numeración enromanos; así como a los
Écrits
, que ubica mediante una ‘E’, y número arábigo para la página. [n. del trad.]3