Hein Steehouwer
SIMBOLISMO DEL ZODÍACODE JOHFRA
(1975)
BIBLIOTECA UPASIKAwww.upasika.com
 
 Hein Steehouwer – Simbolismo del Zodíaco de Johfra 2
ÍNDICE
Introducción,
 
 página 3.
1. Johfra Bosschart: el hombre y el artista,
 
 página 6.
2. Estrellas: dioses y símbolos,
 
 página 13.
3. Cabala y astrología,
 
 página 38.
4. Aries,
 
 página 46.
5. Tauro,
 
 página 51.
6. Géminis,
 página 56.
7. Cáncer,
 
 página 60.
8. Leo,
 
 página 65.
9. Virgo,
 
 página 69.
10. Libra,
 
 página 75.
11. Escorpio,
 
 página 80.
12. Sagitario,
 
 página 85.
13. Capricornio,
 
 página 89.
14. Acuario,
 
 página 93.
15. Piscis,
 
 página 98.
16. El lenguaje del alma,
 
 página 100.
Bibliografía de consulta,
 
 página 106.
 
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INTRODUCCIÓN
Libros sobre astrología se han escrito a centenares durante siglos, en muchosidiomas. Este libro podría parecer, pues, uno más sobre el tema. Sin embargo, no resultasuperfluo. Tenía que escribirse. Y la razón de ello es que se diferencia totalmente de lamayoría de las otras obras de astrología. Con este libro, el lector no puede aprender lamanera de levantar un horóscopo. La relación entre el momento del nacimiento de unapersona y la posición del sol, la luna y los planetas en el círculo de una carta astral essumamente interesante, como muestra del carácter de alguien. Pero todo ello debe buscarseen otros libros. La predicción del curso de una vida a grandes líneas - un tema astrológicocompletamente distinto al de la determinación - queda excluido del propósito de esta obra,como también el hacer un horóscopo destinado a determinar el curso de losacontecimientos en un futuro a corto plazo.El zodíaco proporciona más datos y de cualquier otra índole que las simplesindicaciones para determinar el carácter de una persona o una eventual predicción. Porespacio de algunos milenios, el zodíaco ha sido asimismo un sistema de símbolos. Antes deque la astrología y la horoscopia se desarrollaran y extendieran como ciencias intuitivas delos pueblos más antiguos, el sol, la luna y las estrellas ya mostraron su gran poder en lamente del ser humano. Las luminarias celestes - la luna en primer lugar, según suponenalgunos estudiosos del fenómeno religioso -, divinos o de origen divino a los ojos delhombre, eran creaciones inmersas dentro de un plan cósmico divino e inspirado que loabarcaba todo, dentro del cual quedaba comprendido también todo lo terrestre, incluido elhombre. El sol y la luna fueron adorados; más tarde, también los planetas. Los nombres delos planetas siguen siendo, aún, los nombres de dioses greco-romanos. Todo lo adorado porel hombre encuentra en algún tiempo su lugar dentro de un sistema u otro de símbolos.Ideas referentes a la luna como diosa, al sol como dios, las estrellas (y la tierra) como susdescendientes, configuraron mucho tiempo antes de que se hablara de astrología, eltrasfondo para una visión natural de la división regular del tiempo en estaciones del año yépocas.Estas ideas eran como una especie de calendario en el que se buscaba la relaciónentre el hombre y el cosmos. Tal relación fue fijada en símbolos, por medio de un ancestrallenguaje gráfico.Esto derivó a través de muchos siglos en un acervo de símbolos. Y este acervo secompletó y a veces se comparó con otros sistemas de símbolos.Procedían de religiones que se desarrollaron de manera diferente, doctrinas secretasy consideraciones filosóficas. Surgió, por ejemplo, una cabala judía, con referencias arelaciones cósmicas, al igual que el juego del tarot tiene relación tanto con la cabala comocon la astrología. Los alquimistas medievales poseían su sistema de símbolos, que tampocopuede concebirse por separado del simbolismo zodiacal.«El firmamento narra la gloria de Dios», dice un texto del Antiguo Testamento. Elnacimiento de Cristo se considera que coincidió con una conjunción de planetas muy
 
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una creación de ideas cósmicas que viven en el espíritu humano y en buena partepertenecen a los arquetipos de nuestro subconsciente. Solamente un artista de auténticotalento puede aplicar estas ideas dentro de la composición de una serie de pinturas.Johfra profundizó durante años en la astrología, representando simbólicamente losplanetas en una serie anterior. Por estas razones, Verkerke Reprodukties le encargó realizarlas pinturas reproducidas en este libro. Como grandes reproducciones artísticas, los cuadrosde Johfra están destinados a llegar a un vasto público en todos los países en los que siguevigente el sistema astrológico occidental. Debido a que no todo el mundo es capaz de«leer» las reproducciones, se ha escrito este libro a petición de Ankh-Hermes, quientambién tiene en su fondo editorial otras obras sobre astrología, como, por ejemplo, laconocida «Astrología y su aplicación práctica» (quinta edición), de Else Parker.«Johfra y el zodíaco» puede considerarse más o menos como una continuación de«Siete meta-realistas», mi obra sobre simbolismo en pintores holandeses actuales. El ellatambién se habla, naturalmente, de Johfra.«Johfra y el zodíaco» no se ha escrito teniendo al artista como objeto específico,sino con la mirada puesta en el simbolismo del zodíaco, tal como él lo ve. Cada una de laspinturas es, obviamente, una composición de símbolos escogidos personalmente por él. Porotro lado, Johfra se ha atenido lo máximo posible al lenguaje objetivo de las imágenes, yaexistente desde hace tiempo, y sobre el cual se ha escrito mucho en otros contextos. Johfraha extraído de un rico acervo cultural aquello que se ajustaba a una composición, sinsobrecargar a ésta con la gran cantidad de detalles superfluos que deben eliminarse para noperjudicar a la imagen central. Johfra espera que sus imágenes sean una fuente para lameditación y que sepan ser apreciadas por todo aquel que conoce su propio signo zodiacal.Estas personas encontrarán en la pintura de Johfra la imagen de sí mismos, como reflejadaen un espejo, lo que puede constituir un caudal de autoconocimiento. Si uno sabe tambiéncuál es su ascendente, entonces las ideas referentes a su carácter pueden incluso, quedarreforzadas, como si tuviésemos dos «espejos» en donde mirarnos. Este libro tiene comofunción auxiliar la de dar una descripción de las doce pinturas y también, en cierto sentido,la de analizar doce caracteres humanos. El libro, además, se ha escrito basándose en elsimbolismo zodiacal y es, pues, una guía para aquellos que se interesan por las pinturassimbólicas. Muchos de estos símbolos se han aplicado de mil maneras distintas en las artesplásticas durante la historia. A veces se les encuentra también en el arte actual, cultivadopor surrealistas, meta-realistas y otros artistas que usan el simbolismo y que expresan ensus obras el mundo del espíritu. Por tanto, este libro va más allá de la simple explicación delas pinturas de Johfra. No sólo subraya por medio de palabras las reproducciones yexposiciones en las que puede contemplarse la obra de Johfra, sino que ofrece un campo deactividades mucho más amplio.
 
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1. JOHFRA BOSSCHART:EL HOMBRE Y EL ARTISTA
 
A Johfra Bosschart, como artista, se le comprende actualmente mejor de lo que se lecomprendía hace muchos años. El interés general por el arte simbólico va en aumento.Johfra, para muchos admiradores de su arte, es un precursor. Johfra siempre destacó comopersona. Es sumamente amistoso, a veces refleja una alegría casi juvenil y siempre resultamoderado y prudente en su modo de enjuiciar a otros artistas. Muchas veces les comprendemejor que ellos a él, y en ocasiones también mejor que a sí mismo. Es cierto que vivepintando como un ermitaño, pero en determinados momentos puede convertirsegustosamente en el centro de un numeroso grupo de amigos fieles. Entonces habla mucho,naturalmente sobre todo de su arte y sobre los propósitos del mismo, pero también sobre ungran número de otros temas. Sabe compaginar de un modo excelente el aislamiento de sutrabajo con sus apariciones en público. Es un espíritu contemplativo pero también unhombre que goza de la vida; por tanto, es una persona muy completa. Podemos descubrirlotodo en sus pinturas, y mucho menos en su vida personal. «Todo con mesura», parece sersu divisa, a excepción de su obra, en la que discurre errante entre descripciones de los polosopuestos: la vida y la muerte, el cielo y el infierno, lo más bello y lo más abominable. Estopuede también encontrarse en él mismo, pero en un ritmo más sosegado. Johfra ha sabidoreconciliarse con las diferencias, el dualismo, e incluso con el monismo en el que todo sehalla comprendido. Para él, todo forma parte de una unidad conciliadora de polos opuestosy esto le convierte en una figura armónica, un punto de apoyo para las personas que letratan de cerca.Johfra, como ser humano, no puede confundir a nadie. Su obra es clara en estesentido, aunque alguna vez pueda ocasionar división en determinados espíritus. Esto puedeexplicarse, lógicamente: quien no puede dominar en sí mismo la confusión, llevado a talestado por la contemplación de una pintura, tiende a rechazar la obra. A veces, a esto lesigue luego una «conversión», ya que muchos se dan por vencidos, salvo aquellos que seestremecen ante las imágenes del mundo del espíritu. En general, ante la técnica de Johfrano existe tal estremecimiento, tales escalofríos. Muchos quedan asombrados por lo quellaman una pericia inusual que a otros les puede disgustar, en una época en la que lamaestría no se aprecia y el desdoro deliberado a menudo parece ser una cualidad. En losúltimos años ha vuelto a operarse un cambio, y ésta es una de las razones para apreciarmejor la obra de Johfra y de otros artistas pintores.Muchas pinturas de Johfra contienen elementos inquietantes. Tales elementosresultarían intolerables si él no buscase deliberadamente en ellos la belleza. Además,quedan atemperados por la presencia de fragmentos tranquilizadores. Johfra busca labelleza sobre todo en el desnudo femenino, jamás pintado de manera incitante, aunque sí con una carga de enorme tensión psíquica. Los rostros, sobre todo, revelan la gran intuiciónpsicológica de Johfra y las figuras son completamente puras desde el punto de vistaanatómico.
 
 Hein Steehouwer – Simbolismo del Zodíaco de Johfra
En Johfra, el contenido total de una pintura siempre significa algo más que la merasuma de sus partes. Esto, que es así en cuanto al contenido, también se advierte desde elpunto de vista técnico. Sin embargo, lo que llama sobre todo la atención es el gran amorcon que Johfra realiza su obra, una dedicación casi religiosa. El pinta el mundo del espírituporque no puede dejar de hacerlo. Nada de lo que existe en el subconsciente le es ajeno. Elconoce sus más profundas aspiraciones n las imágenes que evoca, y que son un espejo paraél. Naturalmente, Johfra no es ninguna persona de vida primaria; él reflexiona y considera.El busca sabiduría y, dentro de ella, aprende a conocerse a sí mismo. Pinta poseído por unimpulso inspirado, pero se trata de una posesión serena, no violenta, capaz de conducir a unimpetuoso expresionismo. Johfra aprecia pensamientos e ideas en su justo valor. Rechaza lotemporal y lo que está sujeto a una moda, y se atiene a instituciones intemporales.Junto con otras figuras del Renacimiento, Johfra considera a Leonardo da Vincicomo su gran modelo. Uno de sus grandes retratos más bellos es el de Leonardo en unpaisaje «johfraniano». También admite la influencia en su obra de la pintura simbólica delpasado siglo, sobre todo de Gustave Moreau, aunque aquél crease en otro estilo. Cabríamencionar también más modelos, de los cuales Johfra retuvo lo que le parecía mejor, peroél supo fundir todas esas influencias en un arte de gran originalidad. Cualquiera puedereconocer inmediatamente una determinada obra como procedente de la mano de Johfra.Johfra es, al mismo tiempo, alguien que cierra una larga tradición - una tradiciónque va de El Bosco a Salvador Dalí - pero que a la vez abre la puerta a una renovación delarte simbólico. El confirió a dicho arte una nueva forma que no es posible encontrar enningún otro artista. Esta puerta se halla abierta para los innumerables seres humanos quemuestran una inclinación hacia el simbolismo, entre los que se encuentran, sobre todo,muchos jóvenes, a menudo algo más familiarizados con el simbolismo, las experienciasvisionarias y con las imágenes de su subconsciente, que una generación de más edad. Enocasiones, por aversión hacia la sociedad actual, los jóvenes están más abiertos a unaconcepción no materialista de la vida, que ofrece más espacio para la meditación. Y a elloinvitan muchas de las obras de Johfra. El observador encuentra en Johfra un gran interéspor todo lo referente a las doctrinas esotéricas de la historia, unido a un gran conocimientode la biología y de la anatomía. Johfra se interesa también por la música y la literatura, ysobre todo la literatura científica. Además de la astrología, también está familiarizado conla astronomía práctica. El intenta acoplar estas dos ciencias en su concepción de la vida.Posee un excelente telescopio y él mismo dibujó mapas en su estudio. Este interés seextiende también, por supuesto, a los viajes espaciales. Todas estas ideas se realizan de unamanera especulativa y surgen en imágenes simbólicas cuando Johfra se halla frente a sucaballete de pintor o a su tablero de dibujo. Se le podría considerar también como unalquimista creador de imágenes, o como un pintor con mentalidad de alquimista. Laalquimia medieval es una ciencia secreta esotérica, que establece un vínculo entre materia yespíritu. Los alquimistas escriben exclusivamente en un lenguaje simbólico, lleno dedibujos igualmente simbólicos. Un pintor como Dalí se ha llamado a sí mismo alquimistaen diversas ocasiones. En Johfra se trata, naturalmente, de una alquimia de la imagen, unaprolongación de su mirada, en principio totalmente materialista, sobre todo lo que él sabede la naturaleza y de la materia.Posteriormente, la física y la metafísica se desarrollaron para él, convirtiéndose enuna sola realidad indisoluble. Añadamos a ello su deseo de experiencia mística y tendremos

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