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¿Es justo el sistema de educación superior chileno? - Carlos Peña

¿Es justo el sistema de educación superior chileno? - Carlos Peña

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Exposición preparada para el Foro a realizarse el día 25 de Mayo en el campus San Joaquín, pero que fue suspendido por razones de salud del rector Peña (UDP).

Carlos Peña (UDP)
Exposición preparada para el Foro a realizarse el día 25 de Mayo en el campus San Joaquín, pero que fue suspendido por razones de salud del rector Peña (UDP).

Carlos Peña (UDP)

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¿Es justo el sistema de educación superior chileno?
Campus San Joaquín, U.C., 25 de Mayo del 2011Carlos Peña
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La pregunta que orienta el trabajo de este foro –a saber, si acaso la educación superior chilenacontribuye o no al logro de la igualdad de oportunidades-- admite, en principio, me parece a mí,una respuesta negativa. Las razones que apoyan esa respuesta que, como digo, es negativa, son,en términos generales, las que siguen:Hay, desde luego, una razón general acerca del que la literatura –por dar dos o tres nombres,podríamos citar a Bourdieu o Coleman- llama la atención y que la evidencia parece confirmaruna y otra vez: el rendimiento escolar depende, en un alto grado, del origen social o el capitalcultural previo del que son portadores los niños y los estudiantes. En otras palabras, cuán bien ocuán mal le vaya a un niño o niña en la escuela, es decir, cuál sea su desempeño en los tramosprevios a la educación superior, es algo que depende en una medida relevante, tan relevante quelos estudios relativos a la prueba PISA estiman en más de un cincuenta por ciento, del contextofamiliar y social al que el niño o niña pertenece. En los países de la OCDE, porejemplo, según podemos enterarnos leyendo el informe del año 2004, el 53% de la variacióndel rendimiento entre centros de enseñanza es atribuible al entorno socioeconómico, el2% a las políticas y prácticas escolares [medida por un conjunto de variables de tipoinstitucional] y el 15% a la influencia combinado del entorno socioeconómico ylas políticas y prácticas educativas (OECD, 2004: 241). La situación no es, desde luego,muy distinta en Chile donde existe una alta correlación entre el rendimiento en pruebasestandarizadas, como la prueba SIMCE o las pruebas de selección universitaria, y la cuna, porllamarla así, de la que provienen los estudiantes.En suma, lo que sugieren los datos precedentes, es que el sistema escolar parece producir lo que,en la literatura, se conoce como el “efecto Mateo”: al que más tiene más se le dará, y al quemenos tiene, se le quitará para dárselo al que más tiene (Mat. Cap. 25, v 29).Lo anterior –la esclavitud del rendimiento escolar respecto del origen socioeconómico quemuestran los números agregados- se manifiesta en general en todos los sistemas educativos conprescindencia de la forma en que se organizan; aunque parece ser todavía más severo en paísescomo los nuestros donde el sistema escolar parece estar diseñado, con esmero digno de mejorcausa, en reproducir el origen social de los niños en vez de estar previsto para corregirlo. Enefecto, y como ustedes sin duda saben, el sistema escolar chileno es un sistema que, cuando selo juzga por referencia a la experiencia comparada, llama la atención por su rareza, puesto queen Chile tenemos un sistema escolar que parece diseñado para agrupar a los niños por clasesocial o, si esa expresión resulta muy alarmante, por el nivel de ingreso de los padres. Los máspobres ingresan al sistema municipalizado (que alcanza hoy a poco más del 40% de los centroseducativos), aquellos cuyos padres pueden destinar una parte de su renta a la educación de sushijos van al sistema de financiamiento compartido, y los más ricos, aquellos cuyos padrespueden pagar toda su educación con su ingreso autónomo, van al 6% de establecimientosparticulares pagados. Las diferencias de recursos entre un establecimiento municipal promedioy uno particular pagado van de la tierra al cielo y, sin dificultad, pueden expresarse en unaproporción de uno a diez. En suma, el efecto Mateo, al que más tiene más se le dará, se cumple
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Rector de la UDP, profesor de derecho en la Universidad de Chile. Sus últimaspublicaciones son
 La reforma de la educación superior 
(Peña y Brunner, editores,Santiago, 2008);
 Rawls y la justificación en filosofía política
(México, 2009);
 Elconcepto de cohesión social
(México, 2010);
 Estudios sobre Rawls
(Madrid, 2011).
 
con estricto rigor en el caso de Chile y el sistema escolar parece diseñado para que se cumpla ypara que nadie, o casi nadie, se aparte un ápice siquiera de él.Pero eso no es, claro está, todo.Ocurre que a pesar que sabemos que el origen social pesa como un lastre a la hora delrendimiento escolar y a pesar que sabemos que el sistema escolar no corrige, sino que fortaleceel efecto Mateo, a pesar de eso digo, cuando asignamos los cupos más selectivos del sistemauniversitario echamos mano al rendimiento en la Prueba de Selección Universitaria a sabiendas,sin embargo, que esa prueba mostrará una alta correlación entre el rendimiento en ella obtenidoy el origen social. El resultado entonces es conocido de sobra y resulta casi ocioso recordarlo:los cupos más selectivos del sistema universitario se asignan a quienes, por tener mejor origen yhaber ido al sistema particular pagado, tendrán inevitablemente mayor rendimiento.Es difícil pensar que alguna persona, con dos o tres dedos de frente, pueda considerar que unsistema como el que acabo, sin ninguna exageración, de describir, es justo. No puede ser justoun sistema que distribuye oportunidades y recursos atendiendo a la cuna en que cada niño niñavino a este mundo. Una sociedad como esa es una sociedad de herederos, una sociedad en laque usted recibe tanto como la familia a la que usted pertenece. Y ocurre que una sociedad deherederos –la frase no es mía, sino que de Kant, es exactamente lo contrario a una sociedad justa.La situación llega a tal extremo que hoy día puede, con alto grado probabilidad, predecir latrayectoria vital de un niño o niña santiaguino con el simple dato de saber dónde vive. El lugardonde la persona reside, por decirlo así, servirá como un indicador indirecto de la clase social aque pertenece, esta, por su parte, le indicará a usted el lugar donde ese niño o niña estudia, loque, a su turno, le permitirá predecir qué suerte tendrá a la hora de elegir universidad, si acasopodrá asistir a una universidad selectiva que le asegurará un puesto relevante en la escalainvisible del prestigio o del poder, o si, en cambio, deberá ir a una universidad de escalaindustrial o a un centro de formación técnica que lo pondrá por debajo de esa misma escala.Parece una caricatura, es cierto; pero desgraciadamente no lo es: las trayectorias vitales de losniños y niñas, por las razones expuestas, son altamente predecibles en Chile.Lo anterior significa que en Chile, en las últimas décadas, hemos dado pasos muy importantes,es verdad, en el acceso al sistema educativo. Hoy día todos los niños o niñas están dentro delalguna sala de clases y cuando egresan de los doce años de escolaridad obligatoria, tienen cadavez más oportunidades de hacerse de un cupo en alguna institución de educación superior. Todoeso es cierto y no cabe duda que debemos alegrarnos por eso. Esa ampliación de la igualdad enel acceso, sin embargo, no ha ido acompañada de una igualdad en los resultados del aprendizajeescolar, todo lo que, por su parte, ha incidido en que tampoco existe una genuina competenciapor el desempeño a la hora de asignar los cupos más selectivos del sistema universitario. Elresultado es terrible: entre nosotros lo que aparentan ser diferencias de inteligencia –losresultados del Simce, la posición en la PSU- parecen más bien diferencias de clase social.¿Se puede hacer algo para cambiar esa situación y para evitar que, como acabamos recién deconstatar, la cuna guíe la trayectoria vital de los niños y niñas de nuestro país? Por supuesto quesí, y las acciones más gruesas que, en mi opinión, deben ser ejecutadas saltan, me parece a mí ala vista:En primer lugar parece obvio que debemos reformar el sistema escolar. Un sistema estructuradopor clases sociales como el que tenemos en Chile no producirá sino aquello que antesdenominábamos el efecto Mateo: acabará dando a los que ya tienen y quitándole a los que notienen. Mientras no se reforme el sistema escolar, los resultados en las pruebas estandarizadasseguirán reproduciendo hasta el hartazgo el origen social y económico de las personas y nohabrá forma que la educación superior pueda corregir de una manera significativa ese efecto.
 
 Por supuesto, reformar el sistema escolar es mucho más que reformar la escuela. Las causas dela desigualdad entre los seres humanos están fuera y no adentro de la escuela. Hoy día hemosreducido todo el debate público y político al debate sobre la calidad del sistema educativo, comosi la injusticia fuera casi un problema pedagógico. Nada de eso es, por supuesto, muy sensato:hay que reformar la escuela; pero sin olvidar que al impulsar esa reforma se está apenas dandoel primero de los varios pasos que hemos de dar todavía para hacer de nuestro país una sociedad justa.En segundo lugar, parece imprescindible revisar los sistemas de selección universitaria. Laasignación de los cupos universitarios en base al rendimiento en pruebas estandarizadas seguiráreproduciendo las élites en vez de hacerlas más diversas. Este es un objetivo, desde luego, muydificultoso; pero, me parece a mí, puede ser alcanzado poco a poco si las universidades másselectivas del sistema (aquellas cuya matrícula casi garantiza una posición en la parte más altade la escala invisible del prestigio y del poder) avanzan en el diseño de programas de acciónafirmativa y de discriminación positiva.En tercer lugar, parece necesario revisar las políticas públicas educativas a nivel universitariopara cerciorarse que ellas no produzcan lo que he llamado el efecto Mateo. La reforma del AFI,por ejemplo, puede ser un buen paso para alcanzar ese objetivo transitando desde uninstrumento que incentiva el uso de la PSU a uno que persigue compensar o corregirdesventajas de origen.En cuarto lugar, me parece a mí, se hace necesario que el estado fortalezca a algunas de susmejores instituciones universitarias, en especial a la Universidad de Chile. De todas lasinstituciones universitarias la Universidad de Chile sigue siendo la que mejor descrema alsistema escolar público (cerca de un setenta por ciento de sus estudiantes proviene del sectormunicipalizado o particular subvencionado) y la que más garantiza en el sistema universitario lapervivencia de valores que, con defectos y todo, siguen siendo consustanciales al sistemademocrático como la tolerancia y el pluralismo. Un sistema universitario sin institucionesestatales fuertes, arriesga el peligro, me parece a mí, de dejarse anegar por intereses puramenteprivados o confesionales y esta es una buena razón para fortalecer, sino a todas, si al menos a unpuñado de instituciones estatales.En quinto lugar deben introducirse reformas al sistema privado, tanto al que existía hacia 1981,como al que se creó con posterioridad. En lo que respecta al primero (el existente antes de 1981)debe asegurarse, por supuesto, el financiamiento con que hoy cuenta, pero ha de hacérselo másdependiente del desempeño que de razones puramente históricas, cuidando que las institucionesque reciben fondos con cargo a rentas generales respeten y cuiden con escrúpulo los derechos desus estudiantes y de sus profesores entre los que se cuenta, por supuesto, la libertad deconciencia. Respecto de las instituciones creadas con posterioridad a esa fecha, me parece queellas no deben recibir fondos directos del estado y que la mayor parte debe clarificar sunaturaleza jurídica para que así dejemos de asistir al espectáculo que mientras la ley prohibe lasinstituciones con fines de lucro, los controladores de algunas de esas instituciones las venda ycompren a vista y paciencia de todos. Una vez que ello ocurra –y sepamos quién es quién en elsistema creado luego de 1981- podría darse luego el paso de permitir a algunas de esasinstituciones el acceso a fondos concursables.Como ustedes ven, hay varias cosas que podrían hacerse si, en conjunto, nos persuadimos de lanecesidad de hacerlo. En esta tarea los jóvenes, especialmente aquellos que han sido tocados porla vara de la fortuna, tienen mucho que hacer. Y es que cada nueva generación está llamada amodificar la realidad para ponerla a la altura de lo que ella debe ser. Muchas veces, porsupuesto, al llevar a cabo ese empeño, los jóvenes se equivocan; pero incluso esasequivocaciones, me parece a mí, son un combustible para que las sociedades nunca cejen en su

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