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Interpretando el Variorum

Interpretando el Variorum

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Traducción del texto de Fish "Interpretando el Variorum", para Teoría y Análisis Literarios, plan 1969
Traducción del texto de Fish "Interpretando el Variorum", para Teoría y Análisis Literarios, plan 1969

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11/06/2012

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original

 
Interpretando el
Variorum
 
Stanley Fish
[Traducción de Ricardo J. Kaliman de “Interpreting the
Variorum
”, en la versión incluida en DavidLodge (Ed.),
 Modern Criticism and Theory. A Reader 
. Londres-Nueva York: Longman, 1988, pp. 311-329. La versión original se publicó en 1976 en
Critical Inquiry
y luego fue corregida por Fish paraincluirla en su libro
 Is there a Text in this Class?
, en 1980. El comentario retrospectivo incluido entrecorchetes al comienzo fue preparado por Fish especialmente para la edición en el libro editado porLodge.]
 
[Este ensayo fue escrito en tres etapas y ha resultado finalmente algo así como un aparato que seconsume a sí mismo. La versión original fue preparada en 1973 para una sesión de la ModernLanguage Association que organizaba Fredric Jameson y estaba concebida como un resumen de lacrítica orientada al lector. Aprovechaba que se había publicado el
Variorum
de Milton, lo que facilitabaenormemente lo que desde mucho tiempo atrás se había convertido en mi método: trazar un panoramade la historia crítica de una obra a fin de encontrar disputas que se apoyaban sobre una base deacuerdo de la que los propios contendientes eran inconscientes. Identificaba entonces esa base con laexperiencia de una obra y argüía que la crítica formalista, por ser espacial más que temporal en suénfasis, ignoraba o suprimía lo que realmente estaba ocurriendo en el acto de la lectura. Así, en el casode tres sonetos de Milton, lo que realmente ocurre depende de un momento de duda o deslizamientosintáctico, en el que se invita al lector a dar cierto sentido sólo para descubrir (al comienzo del versosiguiente) que el sentido que ha dado es incompleto o simplemente erróneo. “En un análisis formalista”,me quejaba, “ese momento desaparece, sea porque se lo aplana, tornándolo en un enigma (insoluble),sea porque ha sido eliminado en el curso de un procedimiento que es incapaz de encontrar valor en unfenómeno temporal.”Lo que no vi entonces es que el momento que desaparece en un análisis formalista es un momentoque se ha hecho aparecer en otro análisis, el tipo de análisis que yo reclamaba en este ensayo. Este esel punto de la segunda etapa del ensayo, que comienza declarando que los rasgos formales no existenindependientemente de la experiencia del lector y termina admitiendo que mi propia descripción de laexperiencia del lector es el producto de un conjunto de presuposiciones interpretativas. En otraspalabras, los hechos que yo cito como ignorados por una crítica formalista (conclusiones prematuras,sintaxis doble, identificación errónea de los hablantes) no son descubiertos sino
creados
por la críticaque yo mismo estaba practicando. La acusación de las primeras dos secciones -que un modelo malo(por espacial) había suprimido lo que realmente estaba pasando- pierde su fuerza a causa de mi tomade conciencia de que la noción “realmente pasando” es sólo una interpretación más. Esta toma deconciencia me puso inmediatamente frente al problema que me llevó a escribir la sección final en elotoño de 1975, el de dar cuenta de los acuerdos a los que los lectores llegan a menudo y de los modosprincipiados en que están en desacuerdo. Fue en este punto que elaboré la noción de comunidadesinterpretativas como una explicación tanto de las diferencias que vemos -y que, por ver, hacemos-como del hecho de que estas diferencias no son azarosas o idiosincráticas sino sistemáticas yconvencionales. El ensayo concluye así con una perspectiva que es muy diferente de aquella con queempezó, y es desde esta perspectiva que han sido escritos los ensayos posteriores a éste.]
En defensa del análisis de la respuesta del lector
Acaban de aparecer los dos primeros volúmenes de los
Variorum Commentary
de Milton, yyo los encuentro interminablemente fascinantes. Mi interés, sin embargo, no está en las cuestiones
 
Stanley Fish, “Interpretando el
Variorum
” [Trad. de Ricardo J. Kaliman], p. 2
que allí se logran resolver (aunque son muchas) sino en los presupuestos teóricos que sonresponsables de sus ocasionales fracasos. Estos fracasos conforman un patrón, en el cual huestes decomentaristas -separados por unos doscientos setenta años pero contemporáneos por laspreocupaciones que comparten- se alinean a uno u otro lado de un enigma interpretativo. Algunosde éstos son famosos, hasta infames: ¿qué es la “máquina de dos manos” en
 Lycidas
? ¿Cuál es elsignificado de Haemony en
Comus
? Otros, como la identidad del que -o lo que- se acerca a laventana en
 L’Allegro
, son sólo apenas menos notorios. Aún hay otros que son de interés sobre todopara los que hacen ediciones: cuestiones de referentes de pronombres, ambigüedades léxicas,puntuación. En cada caso, sin embargo, el patrón es coherente: toda posición tomada se apoya enevidencia totalmente convincente -en el caso de
 L’Allegro
y el acercamiento a la ventana hay unpersuasivo adalid para cada nombre propio dentro de un radio de diez versos- y el procedimientoeditorial siempre termina lavándose graciosamente las manos o registrando el desacuerdo entre lospropios editores. En pocas palabras, estos son problemas que aparentemente no se puedenresolver, al menos no con los métodos que tradicionalmente se usan para abordarlos. La posiciónque quisiera defender aquí es que no se pretendía que esos problemas se resolvieran, sino que se losexperimentara, (son significantes), y que por eso ha de fracasar necesariamente cualquierprocedimiento que intente determinar cuál de un conjunto de lecturas es la correcta. Esto significaque los comentaristas y editores han estado haciendo las preguntas equivocadas y que debeformularse un nuevo conjunto de preguntas basado en nuevos presupuestos. Quisiera al menosiniciar el camino en esa dirección mediante el examen de algunos de los puntos en disputa en lossonetos de Milton. Elijo los sonetos porque son breves y porque uno puede moverse fácilmentedesde ellos hacia los temas teóricos en los que en última instancia se interesa esta monografía.El vigésimo soneto de Milton -”Lawrence de virtuoso padre virtuoso hijo”- ha sido tema derelativamente pocos comentarios. En él, el poeta invita a un amigo a que lo acompañe en ciertosplaceres distintivamente horacianos -una esmerada comida entremezclada con conversación, vino ymúsica, un respiro en el trabajo, todavía más apetecible porque afuera la tierra está helada y el día esgris. La única controversia que el soneto ha inspirado se refiere a sus dos versos finales:
Lawrence de virtuoso padre virtuoso hijo,ahora que el día está húmedo, y los caminos lodosos,donde a veces nos encontramos, y junto al fuegoayudemos a pasar un día taciturno; lo que puede ganarsede la estación dura obteniendo; el tiempo pasaráen algo más suave, hasta que Favonio reinspirela congelada tierra; y vista con nuevos atavíosla azucena y la rosa, ni sembrada ni devanada.¿Qué esmerada comida nos festejará, con luz y gusto,de sabor ático, con vino, de donde podremos elevarnosa oír el laúd bien tocado, o la voz habilidosagorjeará notas inmortales y aire toscano?Aquel que puede juzgar esas delicias, y excusarse
 
Stanley Fish, “Interpretando el
Variorum
” [Trad. de Ricardo J. Kaliman], p. 3
de/para
*
mezclarse con ellas a menudo, no es ignorante.
1
 
El foco de la controversia es la palabra ‘excusarse’ [‘spare’], para la cual se han propuesto doslecturas: ‘dejar tiempo para’ y ‘contenerse de’. Obviamente el punto es crucial para resolver elsentido de estos versos. En una lectura, se recomiendan ‘esas delicias’ [‘those delights’] -no esignorante quien se da tiempo para ellas-; en la otra, son objeto de una advertencia -no es ignorantequien sabe cuándo privarse de ellas. Los que proponen cada una de las dos interpretaciones citancomo evidencia tanto la sintaxis inglesa como la latina, varias fuentes y casos semejantes, las“actitudes conocidas” de Milton según aparecen en sus otros escritos, y los sentimientos expresadossin ambigüedad sobre la misma cuestión en el soneto siguiente. Tras revisar todos estos argumentos,A.S.P. Woodhouse declara tajantemente: “Está claro que todos los honores quedan para” elsignificado ‘contenerse de’ o ‘privarse de’. A esta declaración sigue inmediatamente un párrafo entrecorchetes, inicializado D.B. por Douglas Bush, quien, escribiendo presumiblemente después de lamuerte de Woodhouse, comienza: “A pesar de la falange de prestigiosos nombres, la defensa de‘privarse de’ puede considerarse mucho más débil, y la de ‘dejar tiempo para’ mucho más fuerte, delo que Woodhouse los encontraba”.
2
Bush procede entonces a repasar mucha de la evidenciaaportada por Woodhouse y extrae de ellas la conclusión exactamente opuesta. Si no otra cosa, estecurioso desempeño anticipa un punto que haré en unos momentos: la evidencia traída a colación enel curso de un análisis formalista -esto es, análisis generados en la presunción de que el significadoestá inserto en el artefacto- apuntará siempre en tantas direcciones como intérpretes haya; esto es,no sólo probará algo, sino que además no probará nada.Parecería que estamos de nuevo en la casilla inicial, con una controversia que no puede serresuelta porque la evidencia no es concluyente. Pero ¿y si la controversia
misma
fuera tomada comoevidencia, no de una ambigüedad a ser eliminada, sino de una ambigüedad que los lectores hanexperimentado siempre? En otras palabras, ¿y si reemplazamos la pregunta “Qué significa‘excusarse’” por la pregunta “¿Qué significa el hecho de que el significado de ‘excusarse’ ha sidosiempre un problema”? Esta pregunta tiene la ventaja de que se la puede contestar. De hecho, ya hasido contestada por los lectores que se citan en el
Variorum Commentary
. Lo que éstos discutenes el juicio que el poema emite sobre las delicias del recreo; lo que su debate indica es que el juicioresulta confuso por un verbo que puede participar de lecturas contradictorias. (Así, lo importante dela evidencia reseñada en el
Variorum
no es cómo se la presenta sino el hecho de que pudo serpresentada en primer lugar, porque entonces se convierte en evidencia de la disponibilidadequivalente de ambas interpretaciones.) En otras palabras, los versos generan primero una presiónen pos de un juicio -‘aquel que puede juzgar esas delicias’- y luego se niegan a emitirlo; la presión,sin embargo, persiste, y se transfiere de la página al lector (el lector es “aquel que”), quien sale delpoema no con una sentencia sino con una responsabilidad, la responsabilidad de decidir cuándo ycuán a menudo -si es que ha de hacerlo- ha de concederse uno esas delicias (que siguen siendodelicias en cualquier caso). Esta transferencia de la responsabilidad del texto a sus lectores es lo que
*
[N. del T.] La elección entre estas dos proposiciones trata de sugerir, en la traducción, la ambigüedad que es relevantepara la discusión que sigue y que no parece posible lograr en español sin una abierta violencia.
1
Todas las referencias son a
The Poems of John Milton
, ed. John Carey and Alastair Fowler (Londres: Longman, 1968).
2
 
 A Variorum Commentary on the Poems of John Milton
, vol.2, 2a. parte, ed. A.S.P. Woodhouse y Douglas Bush(Nueva York: Columbia University Press, 1972), p. 475.

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