mayor recompensa para el espíritu científico, y la másreciente, descarnada, exigente, cruel, pero al mismotiempo esperanzadora, en la que el conocimiento científicoy tecnológico se transforma en poder que puede alterar lavida, que puede transformar la naturaleza, destruirla o proyectarla con grandeza.Pero también la perspectiva de Russell pretendedesmitificar. Mostrar cuan perjudicial puede ser para laevolución de las ideas la creencia en que una teoríacientífica o descubrimiento pudieran haber agotadocualquier investigación, y que, por lo tanto, por fin se estáen presencia de la verdad. El camino es otro, dirá, al igualque el espíritu que debe
imbuir al hambre
de
ciencia. Pues,en los hechos, las concepciones físicas de la naturaleza sonaproximaciones sucesivas, largos rodeos, correccionessobre correcciones, que a su vez deben ser corregidas.Rodeos y aproximaciones sucesivas, en las que, sinembargo, el hombre de ciencia no está desprovisto deherramientas poderosas para caminar con seguridad en elcomplejo mundo de la investigación. Allí están laexperimentación, la observación sujeta a reglas ycondiciones, que proporcionan una base de sustentaciónsólida para la deducción de principios de validez másuniversal; pero, y principalmente, también está laestructura lógica del pensar. La lógica como ciencia queantecede y funda a las matemáticas —en la concepción deRussell —, y como disciplina que ha de preceder a la propia metafísica en su intento por dar una explicaciónúltima sobre la realidad.Porque "en metafísica —afirmará el filósofo inglés— micredo es corto y sencillo: pienso que el mundo externo puede ser una ilusión; pero, si existe, se compone deacontecimientos cortos, pequeños, casuales. El orden, launidad y la continuidad son invenciones humanas, comolo son los catálogos y enciclopedias".