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Entrevista a Raúl Zaffaroni en Revista "Debate", Mayo 2011.

Entrevista a Raúl Zaffaroni en Revista "Debate", Mayo 2011.

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05/30/2011

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política
“Los políticos seencuentran sitiadospor los medios”
El juez de la Corte Suprema de Justicia Eugenio RaúlZaffaroni analiza la necesidad de discutir acerca delmodelo de Estado necesario para tener seguridad, lasindicalización de las policías y los cupos carcelarios
POR LILIANA CHIERNAJOWSKY 
Portal Iberoamericano de las Ciencias Penaleswww.cienciaspenales.net 
 
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debatedebate
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política
E
l actual miembro de la Corte Supremade Justicia Eugenio Raúl Zaaronies un penalista y criminólogo de unatrayectoria reconocida dentro y uerade la Argentina. Su trabajo
¿Es posible unacontribución penal eficaz a la prevenciónde los crímenes contra la humanidad?
ob-tuvo en Suecia el premio internacional enCriminología -equivalente al Nobel en lamateria-, otorgado por primera vez a un noangloparlante. Polémico, agudo, sus con-ceptos siempre son contundentes e invitanal debate, y no pocas veces los ha iniciadoen diversos temas. Su libro
 La palabra delos muertos
sale en busca de una discusiónurgente vinculada con los discursos sobrela inseguridad y los modelos de Estado queellos encierran. En esta entrevista proponetambién la sindicalización de las policías yun sistema de cupos para decidir las políticasde prisionización.
¿Quiénes son los muertos de los queno se ocupa la criminología? ¿De quénos hablan?
Estamos entre una criminología académi-ca, con una historia, un discurso cambian-te, que se ormaliza hace poco más de cienaños, y una criminología mediática que es larealidad que los medios crean respecto delenómeno de la violencia criminal. Parece-ría que en el medio no hubiera nada. Peroestán los muertos que son tremendamen-te reveladores. Si tomamos el siglo XX, nosencontramos con que los Estados mataronunas cien millones de personas uera de lassituaciones de guerra, en homicidios calif-cados por lo menos con alevosía. Con la po- blación mundial del siglo pasado, eso sig-nifca dos habitantes del planeta por cadacien. Los mataron los Estados, las policías,la KGB, la Gestapo o los ejércitos, pero noen unción bélica sino policial. El principalnúmero de crímenes es cometido por el po-der punitivo estatal, por las agencias de se-guridad que deberían deender la vida de la población. Esos crímenes masivos se suce-dieron desde Armenia hasta el Congo, Cam- boya, la ex Yugoslavia, la Shoah de Stalin,Indonesia, Sudán. Es hora de preguntarnosqué es este poder que estamos usando y aqué nos está instigando esta criminologíamediática que es mundial. Hay una “gober-nanza” a través del miedo que baja de Esta-dos Unidos al resto del mundo. Los criminó-logos norteamericanos que la estudian dicenque se inicia con Lyndon Johnson, en 1968,e implosiona después de los años ochenta,con una criminalización masiva sin prece-dentes en ese país. A principios de 1970, Es-tados Unidos tenía un índice de prisioniza-ción que se había mantenido estable durantecien años y era un poco más baja que la me-dia mundial. A partir de los ochenta, se dis- para y supera a Rusia como país con losíndices más altos. En la actualidad, prácti-camente uno de cada cien norteamericanosestá preso y hay un altísimo nivel de discri-minación: más del cincuenta por ciento de la población penal es negra.
Usted afirma que el poder punitivodel Estado siempre es selectivo, crimi-naliza a unas pocas personas y tiendea descontrolarse con la excusa de com-batir enemigos. Ese mecanismo, ¿se po-tencia con lo que usted llama criminolo-gía mediática?
Sí, la selectividad del sistema penal es es-tructural y es la que determina la prisioni-zación. En una población penal tenés, máso menos, un diez o un quince por ciento de psicópatas y el resto es población estereoti- pada. Es una característica estructural quehabría que hacer un esuerzo por cambiar,nunca lo vas a eliminar, pero este discursolo potencia. En Estados Unidos, por este sis-tema, hay dos millones y medio de perso-nas presas y otros tres millones controladas por el sistema penal, de modo que te que-dan más de cinco millones de personas ex-cluidas del mercado laboral. Pero además elsistema demanda los servicios de unos tresmillones de personas para sostenerlo, así re-sulta que es una variable de control del em- pleo y el desempleo. Implica también unenorme costo que se les ue de las manos yredunda en un desplazamiento de recursosde programas sociales al sistema represivo.Los criminólogos estadounidenses lo inter- pretan como una disputa de modelo de Es-tado. Uno keynesiano, inclusivo, herederodel
 New Deal 
de Franklin Delano Roose-velt. El otro es el de Ronald Reagan-Geor-ge Bush, un modelo gendarme, excluyente,que desplaza al ciudadano medio trabajador  por el ciudadano víctima que pueda cau-sar empatía con un discurso de tipo vindi-
“En Europa, salvo laGuardia Civil española,que está militarizada,el resto de las policíasestá sindicalizada. El delas policías comunitariasespañolas es un lindo modeloque habría que estudiar.”
cativo, al que se le permite decir cualquier cosa. A la víctima no se le puede discutir  porque es suriente. Hasta que ya no les sir-ve. Este proceso es coincidente con el cre-cimiento del poder mediático. Son grandescorporaciones tratando de instalar un mo-delo de Estado.
¿Desmontar ese mecanismo consti-tuye el meollo de la seguridad demo-crática y la formación de los nuevoscuadros de las policías?
Diría que es undamental en la orma-ción de los políticos, que parecen no enten-der lo que sucede. Se encuentran sitiados por los medios y reaccionan tipo Barack Obama: redoblan la apuesta de la derecha.Con el grave riesgo de desdibujarse y quetodo parezca igual, hasta que un día reapa-rezca el “que se vayan todos”. En EstadosUnidos esto está reorzado por otra reali-dad institucional, a nivel provincial ahí elsistema unciona dierente. Los fscales sonelectos por el voto popular, entonces explo-tan la fgura de la víctima héroe para pegar el salto a la política y ganar elecciones. Perose compensa con los jueces. El segundo problema que tenemos al comprar este mo-delo es el presupuesto. En América Lati-na, las cárceles se convierten en campos deconcentración, están colapsadas, con índicede mortalidad superior al de la calle, el sis-tema penal está sobrepasado, con miles de procesados sin condena. Por otra parte, estediscurso del miedo no tiene nada que ver con la realidad, lo absurdo es que se des- pliega desde México, que tiene ciras esca-loriantes de violencia, homicidios, decapi-taciones -aproximadamente, cuarenta mildurante la administración de Felipe Calde-rón- hasta el Cono Sur, donde tenemos índi-ces de homicidios menores a los de NuevaYork. Los de Uruguay, la Argentina y Chileson los más bajos de América Latina. Si elmismo discurso opera en realidades tan di-erentes, acá está uncionando una manio- bra, una manipulación, una construcción derealidad que responde a objetivos políticos.
La
 
 palabra de los muertos
busca pro- vocar ese debate.
Sí, creo que todos los políticos tendríanque tomar conciencia de esto, sacar el temade la discusión política coyuntural y po-nerse a estudiar en serio el tema. Cuantif-car y cuotifcar cuál es la violencia nuestra,identifcarla hasta a nivel barrial, tener per-fles de víctimas, de victimarios, riesgos ycircunstancias de victimización y conor-me a eso usar el presupuesto que tenemosadecuadamente.
La Corte Suprema de Justicia. Zaffaroni, primero a la izquierda.
La sindicalizaciónde la policía
Usted siempre se ha expedido a favor de lasindicalización de las fuerzas de seguridad.¿Puede explicar los fundamentos?
En Europa, salvo la Guardia Civil española, queestá militarizada, el resto de las policías estásindicalizada. El de las policías comunitariasespañolas es un lindo modelo que habría queestudiar.
¿Cómo funcionan?
Hay sindicatos de derecha, de centro y deizquierda y funcionan bien. El argumento deque no se debe sindicalizar a la policía es unargumento de verticalización que no tienemucho sentido. La policía no es el únicoservicio civil que requiere verticalidad, porquetoda la administración pública lo requiere.Incluso, hay servicios civiles que lo requiereny se juegan la vida, como el de los hospitales.Sin embargo, se sindicalizan. No tienederecho de huelga porque ningún servicio deprimera necesidad puede tener derecho dehuelga, pero sí a peticionar colectivamente,reclamar, discutir democráticamente lascondiciones laborales.
¿Cómo habría que avanzar para llegar a lasindicalización?
Creo que es una medida fuerte que hay quediscutir con los políticos, pero a la larga va aser absolutamente necesario. Si queremosreducir la recaudación autónoma en paralelohay que ir mejorando los salarios y lascondiciones laborales, no queda otra. Lo quese saca por un lado hay que reemplazarlopor otra cosa. Hay que hacer una inversiónimportante. Pero hay que hacerla hablandocon la misma gente de las fuerzas, hablar contodos, no sirve hablar sólo con las cúpulas.
¿Cómo serían los mecanismos para poneren marcha ese cambio?
Sería autorizar un sindicato policial, dos otres, lo que fuere, escuchar la palabra deellos. Si partimos de una concepción de losderechos humanos, yo no sé si no están tanafectados en sus derechos los criminalizadoscomo los policializados. Son personas que,muchas veces, ingresan no porque tenganuna gran vocación sino porque consiguen untrabajo, servicio social, estabilidad, etcétera.Pero reciben un entrenamiento muy malo,menos que básico, les dan un arma y losponen en la esquina de una calle. El hombreestá doblemente amenazado por los peligrosde su trabajo y por sus superiores, quelo someten a un régimen de sancionestotalmente arbitrario. Esa persona no estáen las mejores condiciones psicológicaspara estar en la calle y para razonar lo quetiene que hacer. Le falta preparación y estápresionado por todos lados. Para colmo,desde la opinión pública se piensa queel policía tiene que estar preparado paraactuar en cualquier circunstancia, cuando vaen el subte, en el tren, pero el tipo es unapersona como nosotros, con los mismostraumas y temores ¿Alguien se ocupa de lasenfermedades profesionales, de atenderlo situvo que participar de un hecho violento?
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