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Los Bomberos de Madrid s. Ferlosio

Los Bomberos de Madrid s. Ferlosio

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Published by: Matías Rodríguez Cárdenas on Jun 01, 2011
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DE LOS BOMBEROS DE MADRID
Rafael Sánchez Ferlosio.«Industrias y andanzas de Alfanhuí»(1952).
Un día Alfanhuí y don Zana vieron un incendio. Una mujer enun balcón daba gritos desgarrados. Por las grietas de la casa,salía humo. La gente se juntó en torno a la casa. A lo lejosempezó a oírse la campanilla de los bomberos. Luego, llegaronesplendorosos por el fondo de la calle, con su coche rojoescarlata y su campanilla dorada y sus cascos dorados, limpios yrefulgentes. Traían los bomberos una alegría de fiesta.Había en aquellos tiempos, en Madrid, muchos niños quequerían ser bomberos. Fue una época pacífica y los niños heroicosno tenían otro sueño. Porque el bombero era el héroe mejor detodos los héroes, el que no tenía enemigos, el más bienhechor delos hombres. Los bomberos eran buenos y respetuosos, dentro desus grandes mostachos, con sus uniformes de héroes cívicos, consus yelmos como los griegos y los troyanos, pero ecuánimes ycorteses, gordos y bondadosos. ¡Honra a los bomberos!
 
Desde otro punto de vista, eran los grandes amigos delfuego. Había que ver la alegría con que llegaban, el entusiasmo desu faena, el júbilo de sus coches rojos. Rompían con sus hachasmucho más de lo que había que romper. Hartos de su interminablequietud, les embriagaba la alarma, las llamas los enardecían yllegaban eufóricos al incendio. Ponían en marcha su mecanismo depura actividad y de pura prisa. Vencían al fuego, tan sólo porquele demostraban una mayor actividad y una velocidad mayor. Y elfuego, humillado, se retiraba a sus cavernas. Ellos conocían estesecreto, el único eficaz contra las llamas. Ganaban al fuego enaquello que más se tenía por grande: en movimiento yescenografía. Le humillaban. Todos los ojos se volvían hacia ellos;el fuego nadie lo miraba ya.Coran menos que una persona normal, pero corancanónica y gimnásticamente; pecho afuera, puños al pecho, lacabeza alta, levantando mucho los pies del suelo y las rodillashacia afuera y nunca tropezaban unos con otros. Por eso, todo elmundo decía:-¡Qué bien corren!Nunca sacaban a nadie por la puerta, aunque pudieran;siempre lo hacían por las ventanas y por los balcones, porque loimportante para vencer era la espectacularidad. Bombero huboque, en su celo, subió a la joven del primer piso hasta el quinto,para salvarla desde allí.En cada piso había siempre una joven. Todos los demásvecinos salían de la casa antes de llegar los bomberos. Pero las jóvenes tenían que quedarse para ser salvadas. Era la ofrendasagrada que hacía el pueblo a sus héroes, porque no hay héroe sindama. Cuando llegaba la hora del fuego, toda joven conocía su

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