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CAPITULO PRIMERO Completo Simon Bolivar

CAPITULO PRIMERO Completo Simon Bolivar

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Capitulo primero completo de mi traduccion al español del libro Simon Bolivar Le libertador de Gilette Saurat.
Capitulo primero completo de mi traduccion al español del libro Simon Bolivar Le libertador de Gilette Saurat.

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02/13/2013

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CAPITULO PRIMERO
En la aureola de su juventud, se unía el estallido dela niñez, de los recursos de un opulento patrimonioy de todos los dones de la inteligencia.E. RODO(Escritor uruguayo).Simón Bolívar fue venezolano, nacido en Caracas, una de las más desconocidas y de lasmenos buscadas entre las grandes ciudades de América Latina.A la hora de las grandes trashumancias estivales, se llega sin embargo en avión, llevando alos aficionados de la arqueología hacia los sitios precolombinos del Perú, se hace una escala decuarenta y ocho horas en la capital de Venezuela.El turista, después de haber aterrizado sobre el aeropuerto internacional Simón-Bolívar,encontrara la avenida del Libertador, una avenida Simón-Bolívar, un centro Simón Bolívar y enfinuna plaza del mismo nombre, una pequeña plaza umbría donde se escuchan los conciertos demúsica de instrumentos de viento-metal alrededor de la estatua ecuestre del Libertador quecaracolea por la eternidad.En el Panteón nacional, construido para abrigar los senderos del héroe y esos de suscompañeros de armas, se han depositado insignias al pie del mausoleo de Simón Bolívar, en cadahora de su historia nacional, por las delegaciones de los países soberanos resultantes del ImperioEspañol.Ellas atestiguan que la devoción venezolana no es más que una voz en el corazón de lasnaciones-americanas.El viajero no estará lo suficientemente sorprendido, porque antes -eso hace parte de la³gira´ ± el habrá visitado la
casa natal 
. Una más justa apreciación del personaje será desde entoncesremplazada, en su espíritu por las impresiones confusas que despertaron el nombre de Bolívar,impresiones fundadas las más a menudo sobre toda otra cosa en sus meritos y las verdaderasrazones de su gloria.Flanqueada por la Sociedad bolivariana y el museo bolivariano, la casa natal de SimónBolívar se encuentra en el borde de una callejuela en pendiente que desemboca en la plaza de SanJacinto. Es un pequeño palacio de estilo colonial y uno de los raros vestigios de la vieja ciudad.Penetrante, el visitante no será faltó de ser golpeado por la ausencia de todo mercantilismo, sobretodo si su espíritu se evade hacia otros altos lugares y entre los más santos. Allí, la entrada es
 
gratuita y se busca en vano la porta llaves a la efigié del Libertador, ó el pisa papel sobre el cualveremos en transparencia uno de los episodios famosos de su gloriosa existencia.Desde cuando se sabe cuánto, desde varios años, el gusto del ³business´ invadió Venezuelay agitó la apatía tropical, no podemos atribuir esta abstención más que al respeto y al fervor. Elturista los sentirá además, a partir del vestíbulo a las baldosas pulidas que conducen al primer patio,en el cual los pilares acanalados de mármol gris sostendrán el techo de las tejas rosas de la galeríacircular.Se avecinara sobretodo con las pequeñas gentes que están allí en familia, a veces rodeadasde una sarta de niños. Hay de todo, blancos, negros, mestizos, mulatos. Tendiendo la oreja, si elloscomprenden su idioma, el extranjero sabrá que, la mayoría de ellos se encuentran como él, por algunos días, en Caracas y que el hermano ó el primo que los acoge está feliz de hacerlo, de algunamanera, los honores de la casa del ³Padre de la Patria´. Nada de solemnidad sin embargo en este fervor, hablamos de él y de sus proximidades conla familiaridad, los designa por su nombre sobre los retratos de la familia ó los cuadros debidos auna pintura del vivo, que hacen memoria de la infancia y la juventud del más ilustre de los³caraqueños´.En esta fila de salones en las pesadas colgaduras de brocado aplicado, se lanza unaobservación admirativa sobre los bellos muebles de caoba ó de marquetería, de un ojo perplejo secontempla un tipo de sarcófago sobre montado por una loba amamantando dos niños, pero nosdetenemos largamente delante la cama de cuatro columnas de ébano esculpido, soportando, un baldaquín de damasco bermellón adornado con trencillas de oro.En esta cama, doña María de la Concepción Palacios de Bolívar trajo al mundo, el 24 deJulio de 1783, un cuarto niño que iba a inmortalizar su nombre.En 1783, en esa fecha nace el soñador. Ese año, después de Inglaterra y Francia, el rey deEspaña Carlos III creía oportuno reconocer la independencia de los Estados Unidos, contra laopinión de su ministro, don José Moniño, conde de Floridablanca.-
 
Su majestad, habría dicho esto último cuando el soberano ponía su pluma, Su Majestad, por esta firma, viene de perder las Américas.El consejero de Carlos III, quien había tratado secretamente con los
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nsurgentes
y proporcionado subsidios, se anoticiaba un poco tarde que su victoria estaba en peligro de ser un malejemplo para la América Española.En este pequeño palacio de la plaza de San Jacinto, no se ocupaba mucho de estos eventos,en ese entonces el momento era de goce. Después de dos hijas y un hijo, María Antonia, Juana, JuanVicente, seis, cuatro y dos años, el cielo llegaba a acordar su bendición a la unión de Juan Vicentede Bolívar y Ponte
y
de doña María de la Concepción Palacios y Blanco.Mientras que las mujeres de las familias de familia y amigos, acudían al anuncio de lanoticia, rodeaban la cama de lujo de la joven que daba a luz, el preciado nacimiento del bebe, el
 
gran asunto para los hombres reunidos en un salón vecino era de encontrar el nombre del reciénnacido.Este punto importante ya había sido el objeto de varias discusiones. El padre habría optado por Luis, pero el tío abuelo paterno, un padre, don Juan Félix Jerez de Aristeguieta, se inclinaba por Simón, y don Juan Vicente de Bolívar se inclino. Era lo menos que se podía hacer por la voluntadde este hombre fuerte, rico, que por fervor especial del obispo de Caracas, iba a bautizar el mismoal niño a quien él había decidido legaría toda su fortuna.Permaneciendo, la elección del tío abuelo que regresaba como una tradición familiar. El primero de los Bolívar llegó al Nuevo Mundo y este ya se llamaba Simón. Dejando su tierra patrimonial de Vizcaya, donde se ilustró la familia a partir de los primeros siglos de la Historia de laPenínsula, se había instalado en Venezuela en 1589.Desde su llegada, Simón 1ro de Bolívar Jáuregui de la Rementaria se inscribía, en losanales de la ³colonia´, como un alto funcionario, inteligente y activo ±procurador, se deciaentonces, es decir, a cargo de llevar al rey las dolencias de sus súbditos, lo que él hizo junto aPhilippe II quien lo colmaría de honores. Su nombre pegado igualmente a ese de ³poblador´, esdecir fundador de ciudades.El niño se llamaría Simón José Antonio de la Santísima Trinidad, para honrar a otros noblesancestros y en particular la de su devoción a la Santa Trinidad lo que había incitado a dotar de unacapilla de este nombre, la catedral de Caracas.Don Juan Vicente de Bolívar se conformaba fácilmente con una tradición ancestral que lehabía proporcionado, con una posición social brillante, la fortuna y todos los placeres de una vidafácil, sin otras preocupaciones más que la de la administración de sus bienes, a la cual girabafavorablemente además con competencia.Grande, delgado, distinguido, el padre del Libertador, tal como aparecía en los retratos, entraje del siglo XVIII, en peluca, raso, satén y encajes, daba la impresión de un epígono si no losupiésemos que el tronco se apretaba en producir un espécimen excepcional. Los trazos afinados, lafrente alta, los ojos azules y calmados son ellos de un hombre que no ha tenido jamás que codiciar demasiado tiempo lo que él deseaba; la satisfacción fácil de aspiraciones y de apetitos parece haber agotado en el las fuentes de energía y de pasión.Al revisar su biblioteca, se observa que, está más allá de la del teatro completo de Calderónde La Barca, una historia de la Antigüedad, una del México, contiene los quince tomos del
 E 
 spectáculo de la Naturaleza
del padre Pluche y el
Teatro Crít 
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del padre Feijoo, ponenel último toque en este retrato de gran señor de este fin de siglo, respetuosos de la tradición pero poseyendo suficientemente la obertura de espíritu para interesarse en la evolución de las ideas de sutiempo.¿El último toque? Puede que no, porque ciertos eruditos, no sabemos suficiente, en cualobjetivo, se han atado a recalcar el carácter disoluto de su vida. En esta existencia de gran propietario de terreno, rico y poderoso, las ocasiones y las tentaciones no debieron faltar, y donJuan Vicente no era un hombre que las resistiese.

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