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El Mal - Karothy

El Mal - Karothy

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Psicoanálisis -
Vol. XXX - Nº 1 - 2008 - pp. 63-76
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El Mal
 Rolando Karothy
INTRODUCCION
Zizek sostiene en
Violencia en acto
que no es una simple obsce-nidad excéntrica comparar la famosa fórmula mística de AngelusSilesius “La rosa no tiene porqué” con la experiencia de Primo Levien Auschwitz: cuando, sediento, intentó llegar a un pedazo de nieveen la ventana de su barraca, el guardia le gritó desde afuera que seretirara; en respuesta al perplejo “¿Por qué?” de Levi –por qué elrechazo de un acto que no hiere a nadie ni rompe las reglas–, elguardia replicó: “No hay porqué aquí, en Auschwitz”. Quizá lacoincidencia de estos dos “porqués” es el “juicio infinito” último delsiglo XX: el hecho sin fundamento de una rosa que goza de su propiaexistencia se toca con su “determinación oposicional” en la prohibi-ción del guardia hecha de puro goce, porque sí. En otras palabras, loque en el ámbito de la naturaleza es puro, es inocencia pre-ética,retorna (literalmente) como venganza bajo la forma de puro caprichodel Mal.Pero la infamia, al contrario, tiene un porqué y una larga historia.Es producto de la falta de escrúpulos y la ignominia. Se alimenta dela vanidad y sirve para eliminar a los adversarios. Su utilizaciónforma parte de redes de poder donde se combate por medio de ladescalificación personal. Su práctica está extendida y se lanzanacusaciones sin constatar la información.El lema es claro: la difamación puede justificar hasta la muertemisma y quiebra voluntades. Sembrar desconcierto y duda es buenmaterial para talar el árbol que hace sombra. Resulta dolorosocomprobar cómo un argumento tan vasto se transforma en un armapolítica.
 
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ROLANDO KAROTHY
Psicoanálisis -
Vol. XXX - Nº 1 - 2008 - pp. 63-76
Simplemente se han modernizado las técnicas y los usos. Ahora,para poner en duda la honorabilidad y lograr la descalificación bastaponer un mote y hacerlo circular.En este ir y venir de acusaciones, la difamación se construye bajouna solapada estrategia para destruir todo cuanto pueda significarcrítica y reflexión. El objeto de esta nueva trama tiene como blancoa quienes sin renunciar a los principios y valores éticos ejercen suderecho de crítica.Arthur Schopenhauer escribió en un opúsculo casi olvidado,
 Dialéctica erística o el arte de tener razón,
expuesta en 38 estratage-mas, publicado cuatro años después de su muerte, en 1864, un buenmanual para el debate político, así como para entender la injuria y ladescalificación.En él advierte de sus intenciones. Se trata de urdir estratagemaspara ganar siempre de forma lícita o ilícita. En un alarde de conoci-miento y de práctica en el debate retórico y dialéctico, nos adentra enla discusión encaminada a la destrucción del adversario. Descarna-damente expone sin mediaciones éticas cuáles deben ser los pasos aseguir para eliminar al enemigo. Armas habituales que hoy recono-cemos en todo debate político son presentadas como conjunto orde-nado de recetas victoriosas.Llama la atención la diversidad de formas para descalificary sembrar dudas sobre el buen hacer de los consideradosenemigos.Finalmente una cita de Jean-Claude Milner me parece esclarecedo-ra: “Una pasión taciturna. De pronto la mirada se apaga, el oído secierra, la boca se hace simple fuente de ruido. No hay deseo, hay sólodemandas; no hay real, hay sólo realidad; no hay sujeto, hay sóloconductas, no hay singulares, hay sólo generales y particulares; es laletanía del Lazo, donde el sujeto repite su devoción ahora exclusiva alo que forma representación. El nombre de esta pasión es la
canallada,
que no es el castigo del renunciamiento a desear, sino este renuncia-miento mismo. Por ella el sujeto ve pero no mira, oye pero no escucha;encuentra y reconoce, pero nada quiere saber de ello” (Milner, J.-C.,1999).Este concreto ritual de complicidad es el que sostiene esa política,la política que recordábamos en un trabajo escrito con RicardoRodríguez Ponte, la que está encarnada en el viejo Aureliano Buendía,eterno arquetipo americano, que al cabo de la soga que lo fijaba parasiempre al castaño en su locura, conservaba no obstante el aliento
 
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como para susurrarle al cura: “Para qué discutir si ya hemos acordadosobre las normas…”
EL CRIMEN Y LA APATIA SADIANA
En los primeros párrafos del texto “Kant con Sade”, Lacansostiene que la obra del marqués de Sade no se adelanta a Freud porel hecho de elaborar un catálogo de perversiones sino porque eltocador sadiano puede equipararse a los lugares que otorgaron elnombre a las escuelas de filosofía antigua: Academia, Liceo, Stoa.En todos esos lugares se piensa una nueva praxis y la teoríainherente a ella y el tocador sadiano es el espacio donde se produceuna rectificación de la ética que prepara el terreno para el discurso dela ciencia, el cual a lo largo de los siglos XIX y XX irá adquiriendola función de organizar la estructura social a partir de plantear laposibilidad de un Otro –la ciencia misma– que regule perfectamenteel goce por medio del total sometimiento del deseo y, por lo tanto, dela exclusión de la verdad del sujeto deseante.Comencemos ahora con algunas referencias de Sade. Si, comodice Spinoza, es preciso empezar aumentando la aptitud del cuerpopara ser afectado, a fin de desarrollar la aptitud del espíritu, ellibertino debe esperar un punto donde, según el marqués, “lo físicose abraza con las voluptuosidades del espíritu”. En este sentido,Juliette deberá aprender a cometer crímenes a sangre fría y a iluminarsus sentidos con las llamas de esos crímenes. Dice: “Mi alma esimpasible y desafío a algún sentimiento que se atreva a enternecerla.Soy dueña de las afecciones de esa alma, de sus deseos, de susmovimientos. En mí, todo está a las ordenes de mi cabeza” (Sade,1962, Tomo VIII, pág. 262).El marqués de Sade justifica la existencia del crimen porque elcrimen es para él el acto por excelencia. El goce que corona al crimen,la ejecución del mismo, se presenta como equivalente a lo queSpinoza llamaba la beatitud. En tanto spinoziano, no sólo kantiano,Sade afirma que el crimen es una emoción carente de sentido.La
Sociedad de los Amigos del Crimen,
propuesta por el marqués,precisa en sus estatutos que cualquier integrante se va a dedicar alcrimen, para conformarse a las costumbres recibidas. En este sentido,el crimen sólo existe a los ojos de la ley, que es obra de los hombres.Para el marqués de Sade, el respeto a la ley no es más que el resultado

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