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Sara Craven - Misterio Familiar

Sara Craven - Misterio Familiar

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Misterio familiar de Sara Craven:
De adolescente, Adrien estuvo enamorada de Chay Haddon, y se quedó destrozada cuando su familia lo obligó a marcharse alegando que había traicionado su confianza. Chay desapareció con la promesa de que se vengaría... Se quedó asombrada cuando años más tarde las tornas cambiaron y se encontró a merced de Chay. Rico y terriblemente atractivo, era el único que podía salvarla del escándalo. Pero tenía un precio: ¡la ayudaría sólo si se convertía en su amante!
Misterio familiar de Sara Craven:
De adolescente, Adrien estuvo enamorada de Chay Haddon, y se quedó destrozada cuando su familia lo obligó a marcharse alegando que había traicionado su confianza. Chay desapareció con la promesa de que se vengaría... Se quedó asombrada cuando años más tarde las tornas cambiaron y se encontró a merced de Chay. Rico y terriblemente atractivo, era el único que podía salvarla del escándalo. Pero tenía un precio: ¡la ayudaría sólo si se convertía en su amante!

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Misterio familiar
De adolescente, Adrien estuvo enamorada de Chay Haddon, y se quedódestrozada cuando su familia lo obligó a marcharse alegando que habíatraicionado su confianza. Chay desapareció con la promesa de que sevengaría...Se quedó asombrada cuando años más tarde las tornas cambiaron y seencontró a merced de Chay. Rico y terriblemente atractivo, era el único quepodía salvarla del escándalo. Pero tenía un precio: ¡la ayudaría sólo si seconvertía en su amante!
Capítulo 1
Era la hora del día que más le gustaba a Adrien, esos momentos serenos de lamañana en que disponía de la casa para ella sola. Antes de que llegaran los pintores ylos albañiles y se emprendiera otra vez el trabajo para devolver a la finca Wildhurstsu antigua gloria.Le gustaba ir despacio de habitación en habitación, abriendo persianas ycorriendo cortinas para dar paso al sol de finales del verano. Entonces dejaba que laimaginación la llevara al momento en que Piers y ella estuvieran casados y vivieranallí, cuando dejaría de ser solo la decoradora de interiores, y pasara a ser la señorade la casa. Y esposa de Piers.Esa era la mejor parte, y el pensamiento siempre la dejaba algo jadeante, comosi no pudiera creer en su suerte, en el modo en que su vida había encajado con tantadulzura en su sitio.Porque todo exhibía una simetría maravillosa. Cómo se habían conocido enWildhurst tantos años atrás, cuando él había ido a rescatarla al estar en problemas, y luego cómo la casa los había vuelto a unir en el momento en que Piers habíaheredado la descuidada propiedad de su difunto tío, Angus Stretton, y necesitó unadecoradora que ayudara a planificar la restauración.«Y pronto», pensó, «estará acabada y podremos compartirla como marido ymujer». De ese modo la cadena de acontecimientos se cerraría.Lo único que lamentaba era que Piers no se encontrara presente para observarla regeneración de su futuro hogar, ya que se hallaba trabajando en Portugal.Yo también lo siento, cariño –había murmurado al abrazarla la última noche quepasaron juntos. – Pero hay que hacerlo. Aparte de los trabajos que necesita, no serábarato mantener la finca, así que tengo que conseguir dinero suficiente para no
 
tener que ahorrar y conformamos con algo de calidad inferior. Deseo que lo tengastodo.Pero no necesito todo –había protestado Adrien, un poco atribulada. – Ypodríamos empezar despacio... Ocupándonos de las habitaciones que vayamos a usar.Pero Piers no quiso oír hablar del asunto. Deseaba que toda la casa estuvieraterminada... «Para que no tengamos que vivir con obreros y entre cajas el resto denuestra vida, cariño».Suspiró y supuso que ahí tenía razón. Le escribía cada semana para enviarleconcisos informes del progreso, incluyendo muestras de tela mientras él telefoneaba y le mandaba correos electrónicos y faxes.Pero no era lo mismo que tenerlo en persona.En cuanto la empresa esté establecida, no volveré a dejarte, lo prometo –habíamurmurado. – Y piensa en la maravillosa prueba de tu talento que será la mansión–había añadido con tono lisonjero. – El negocio florecerá cuando empecemos a tenerinvitados.Adrien rió y lo abrazó, pero por dentro estaba decidida a que la mansión fueraprincipalmente y por encima de todo su hogar, su santuario privado.En cualquier caso, no sabía si sería capaz de abarcar más trabajo. Antes devolver a encontrarse con Piers y enamorarse, para luego involucrarse en el proyectode restauración, su negocio ya iba viento en popa.Básicamente se trataba de una empresa de dos mujeres... Ella misma comodiseñadora, y Zelda March, una brillante costurera local. Diseños A-Z no habíacarecido de trabajo desde que comenzó.Aunque reconoció que bajo ningún concepto era lo que tenía en mente cuandoterminó de estudiar. Regresar a la tranquila y pequeña ciudad de la campiña dondehabía crecido no había formado parte de sus planes. Pero la súbita muerte de sumadre tres años atrás había hecho que reestructurara por completo su futuro.Al regresar a toda velocidad de Londres había tenido que enfrentarse al hechode que había quedado sola en el mundo. Pero también había heredado Listow Cottage y algo de dinero del seguro de su madre, que por primera vez le había dado ciertaindependencia.Con tristeza había comprendido que su vida podía cambiar. Pero no había vistocómo hasta encontrarse con Zelda en el funeral.Había pasado mucho tiempo desde la última vez que se vieron. Habíanestudiado juntas, pero no habían seguido el mismo camino. Zelda había sido larebelde local, siempre con problemas con las autoridades por fumar, por bebersiendo menor de edad y por salir de juerga con los chicos. En su último año en elinstituto había sorprendido a todos al ganar el premio de Economía Hogareña conuna cuna de madera, que había decorado con cortinas hechas a mano y una hermosamanta bordada, al igual que con un completo juego de ropa infantil.Antes de cumplir los diecisiete años se había quedado embarazada de unmecánico, y su precipitado matrimonio fue seguido de un divorcio aún más rápido.
 
Adrien había quedado sorprendida al verla en la iglesia y, en un impulso, lainvitó a ir a su casa.Tu madre era maravillosa –confesó Zelda cuando emplear mano de obraadicional para los trabajos.Quizá no tendríamos que haber reducido nuestro ritmo –había bromeadoAdrien. – Tal vez tendríamos que habernos expandido y haber pujado por la mansión.Con la salvedad de que no está en venta –Zelda estudió los catálogos de telas. Qué pena... Una casa tan hermosa como esa y vacía.Sí –Adrien suspiró. – De niña solía ir allí. Mi padre jugaba al ajedrez con elseñor Stretton.¿Qué hacías?Oh... –se encogió de hombros. – Leer libros en la biblioteca, jugar en el jardín.¿Tú sola?Adrien titubeó.No todo el tiempo. El sobrino del señor Stretton, Piers, me acompañaba aveces. Su madre se había casado con alguien que el señor Stretton no aprobaba, unbrasileño, y tuvo lugar una gran pelea. Pero supongo que al cabo no le quedó másremedio que aceptar el hecho de que Piers iba a ser su heredero, y lo invitó aquedarse, aunque aún no quería saber nada de su cuñado –añadió con expresión seria.– Mis padres me contaron que lo odiaba de verdad. Lo consideraba mala hierba…Familias –Zelda hizo un mohín. – ¿Piensas que el señor Stretton volverá algunavez?No lo creo. Se trasladó a España por el clima, y parece que se ha asentado allí –volvió a suspirar. – No podía creerlo. La finca lleva años en su familia. Y había llegadoa conocer bien a Piers.Tal vez también a él lo considera mala hierba.No puede ser. Es una de las personas más amables que conozco. Me salvó deneumonía... O hipotermia, o algo peor.¿Y eso? –Zelda dejó el catálogo.Adrien se mordió el labio.Había una casa en los árboles en la parte de atrás de su residencia. En unaocasión, cuando tenía unos nueve años, subí y me quedé enganchada y él me encontró.Pero llevaba horas allí, estaba helada y muerta de miedo. Hasta hoy me atemorizanlas escaleras. Pero eso no es todo –añadió. – Al cumplir los dieciocho, el señorStretton ofreció una fiesta para mí en la mansión; me regaló un colgante con ungranate, muy antiguo y bonito. Durante la fiesta lo robaron y Piers... lo encontró.Pero fue terrible. Me estropeó el cumpleaños. Se mostró tan dulce y comprensivo.Vaya con Piers... el héroe del día –dijo Zelda con sequedad. – ¿Qué fue de él?Oh, poco después, el señor Stretton cerró la casa y se fue a vivir a España.Imagino que Piers regresó a Brasil.Qué pena. A propósito, ¿quién robó el colgante?Uno de los criados –indicó Adrien. – Nadie importante.

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