Habr
á
quien objete que se trata de un consuelo para desesperados.
¿
Qu
é
pasa con el sue
ñ
oanarquista, con el Estado sin estado, con la Comuna, con la zona aut
ó
noma
duradera
, con lasociedad libre, con la
cultura
libre?
¿
Vamos a abandonar toda esperanza por una especie deexistencialista
acte gratuit
? La cuesti
ó
n no es cambiar las conciencias, sino cambiar el mundo.Acepto que esta es una cr
í
tica justa. Pero opongo pese a todo dos objeciones; en primerlugar, que ninguna
revoluci
ó
n
nos ha tra
í
do esos sue
ñ
os. Su intuici
ó
n aparece en el momento de larevuelta -pero tan pronto como "la Revoluci
ó
n" triunfa y el Estado vuelve, los sue
ñ
os e ideales
ya est
á
n
traicionados. No es que renuncie a toda esperanza o deseo de cambio -sino que desconf
í
o delt
é
rmino
Revoluci
ó
n
. Segundo, que incluso aunque reemplacemos el intento revolucionario por unconcepto de
insurrecci
ó
n que espont
á
neamente atrae un florecimiento anarquista
, nuestra particularsituaci
ó
n hist
ó
rica no es propicia para reto tan enorme. Absolutamente nada, sino un f
ú
til martirio,resultar
í
a en estos momentos de una colisi
ó
n frontal con el Estado terminal, el Estado de lamegacorporaci
ó
n, de la informaci
ó
n, el imperio del Espect
á
culo y la Simulaci
ó
n. Todas susarmas nos apuntan, mientras nuestros rid
í
culos dardos no encuentran nada contra lo que dispararsino una hist
é
resis, una r
í
gida nada, un fantasma capaz de absorber cada chispa en un ectoplasmade informaci
ó
n, una sociedad de la capitulaci
ó
n regida por la imagen de la Pasma y el Ojoabsorbente de la pantalla televisiva.En pocas palabras, no proponemos la TAZ como un fin exclusivo en s
í
mismo, reemplazandotodas las otras formas de organizaci
ó
n, t
á
cticas y objetivos. La defendemos porque puede proveer laclase de intensificaci
ó
n asociada con la revuelta sin conducir necesariamente a su violencia ysacrificio. La TAZ es una forma de sublevaci
ó
n que no atenta directamente contra el Estado, unaoperaci
ó
n guerrillera que libera un
á
rea -de tierra, de tiempo, de imaginaci
ó
n- y entonces seautodisuelve para reconstruirse en cualquier otro lugar o tiempo,
antes
de que el Estado puedaaplastarla. Puesto que el Estado tiene m
á
s que ver con la Simulaci
ó
n que con la substancia, la TAZpuede "ocupar" estas
á
reas clandestinamente y llevar adelante sus prop
ó
sitos subversivos por untiempo con relativa tranquilidad. Quiz
á
s algunas peque
ñ
as TAZs hayan duradovidas enteras, y ellogracias a su capacidad de permanecer ignoradas, como los enclaves hillbilly
, que nunca se hancruzado con el Espect
á
culo, que nunca han aparecido fuera de la
«
vida real
»
que resulta invisible alos agentes de la Simulaci
ó
n.Babilonia toma sus abstracciones por lo real; precisamente
en ese
margen de error seconstituye la TAZ. Ponerla en marcha puede requerir t
á
cticas de violencia y defensa, pero su mayorfuerza reside en su invisibilidad -el Estado no puede reconocerla porque la Historia carece dedefinici
ó
n para ella. Tan pronto como una TAZ es nombrada -representada y mediatizada- debedesaparecer, desaparece de hecho, dejando tras de s
í
un vac
í
o, resurgiendo de nuevo en otro lugar,e invisible de nuevo en tanto indefinible para los t
é
rminos del Espect
á
culo. De esa manera la TAZ esuna t
á
ctica perfecta para una Era en que el Estado es omnipotente y omnipresente, pero tambi
é
nlleno de fisuras y grietas. Y en tanto la TAZ es un microcosmos de ese
«
sue
ñ
o anarquista
»
de unacultura libre, no se me ocurre mejor t
á
ctica para trabajar por ella que experimentando a la vezalgunos de sus beneficios aqu
í
y ahora.En suma, el realismo nos impone no s
ó
lo dejar de
esperar
«
la Revoluci
ó
n
»
, sino incluso dejarde
desearla
. Revuelta s
í
, tan a menudo como sea posible, e incluso asumiendo los riesgos de laviolencia. Los
espasmos
del Estado Simulador ser
á
n
«
espectaculares
»
, pero en la mayor
í
a de loscasos la mejor y m
á
s radical t
á
ctica ser
á
rechazar entrar en el juego de la violencia espectacular,
retirarse
del
á
rea del simulacro, desaparecer.La TAZ es un campamento de guerrilleros ontol
ó
gicos: atacan y escapan. Mant
é
n enmovimiento a toda la tribu, aunque s
ó
lo se trate de datos en la Web. La TAZ tiene que ser capaz dedefenderse: pero tanto el
«
ataque
»
como la
«
defensa
»
deben, siempre que puedan, eludir laviolencia del Estado, que es una violencia
sin sentido
. El ataque se hace contra estructuras decontrol, esencialmente contra las ideas; y la defensa es la
«
invisibilidad
»
-un
arte marcial
- y la
«
invulnerabilidad
»
-un arte
«
oculto
»
entre las artes marciales. La
«
m
á
quina de guerra n
ó
mada
»
conquista antes de ser detectada, y se desplaza antes de que el mapa pueda ser reajustado. Por loque concierne al futuro; S
ó
lo los aut
ó
nomos podr
á
n
planear
í
a, organizarla, crearla. Es unproceso que se autoinicia. El primer paso tiene algo de
satori
: la realizaci
ó
n de la TAZ comienza con
4
Comunidades rurales y palustres del sur de los EE.UU.
5
En la filosof
í
a Budista, estado de
Iluminaci
ó
n.
El satori es un estado m
á
s all
á
del dualismo del
ser
o
no ser,
del
bien
y del
mal
, de lo
hermoso
y lo
feo
y del
Buda
y el
no-Buda
. Es un estado, por tanto, que se alcanza mediante la superaci
ó
n delas percepciones humanas y mediante el entendimiento de que ellas son el reflejo de un mundo al que creemosfalsamente eterno e inmortal. El camino para alcanzar el
sator
i, no obstante, no es racional, sino que depende en gradomayor de la intuici
ó
n.