Capítulo 1No me quites las botas
El antepenúltimo día de la guerra Hans estaba agotado y ham- briento. También sufría de angustia, viendo a la derrota acercarsedía tras días para reducir su mundo a ruinas humeantes. Hans era un verdadero huérfano, como él mismo solía decir. Nunca había conocido a sus padres y aún podía inventárselos. La mayoría delos otros niños tenían que conformarse cono los que tenían. Inclu-so la mayoría de sus compañeros de orfanato habían tenido padreshasta que la guerra se los quitó. Hans, el pobrecito Hans, se refugióen el Führer. Bueno, sólo de mentira porque a Hans le pareció unpoco feo incluso antes de que se supiera todas las cosas malas quehizo. En realidad Hans se había imaginado un padre llamado Von Wera, un oficial de tanques que defendería a Alemania de todos susenemigos: los franceses, los rusos, los británicos, los americanos,los comunistas y los judíos. A Hans le habían dicho todos que lospeores eran los judíos y él lo creyó como creemos nosotros que elcolesterol es malo. En sus pesadillas imaginaba monstruos judíos,sucios y desalmados con narices gordas, grandes orejas y punti-agudos dientes, como los que salían en los carteles de propaganda.Otras muchas cosas imaginó pero entonces, en el antepenúltimo1
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