1
Solemnidad de Pentecostés (ciclo A). Misa del día
El relato de los Hechos de los Apóstoles, que hemos escuchado en la primeralectura de hoy, ha puesto ante nuestros ojos el designio salvífico divino, y nos lo hadescrito como un hacer
la unidad de todos los hombres asumiendo su diversidad,conservando sus diferencias
: “cada uno los oímos hablar de las maravillas de Diosen nuestra propia lengua”. La unidad reside en el hecho de que todos cantan las
maravillas de Dios; la diversidad en el hecho de que cada uno lo hace en su propialengua. Dios no quiere una humanidad uniforme, homogénea. Dios ama la
diversidad, la diferencia, como ya se vio en la creación de la humanidad: “Creó,
pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios los creó, macho y
hembra los creó” (Gn 1,27). Dios es uno, pero su image
n, que es el hombre, existeen la diferencia del varón y de la mujer.La unidad que Dios quiere crear entre todos los hombres y entre los hombresy Él mismo, es una unidad que recoge y asume la diferencia en la que viven loshombres y los pueblos. Es una unidad enriquecida con las diferencias, unidad que elmundo no sabe realizar (pues la unidad que realiza el mundo es la de la uniformidaddel pensamiento único) y que Dios va realizando en su Iglesia. Lo que en este día dePentecostés se manifestó públicamente por primera vez fue el ser de la Iglesia comoel lugar donde los hombres y los pueblos pueden unificarse entre sí y con Dios sinperder su propia identidad, sin tener que renunciar a su diferencia. La unidad que sehace en la Iglesia es la unidad de la confesión de fe y de la caridad, tal como
expresó magistralmente san Agustín al escribir: “En las cosas necesarias, unidad; enlas cosas discutibles, libertad; y siempre y en todos, caridad”.
La diversidad de dones, naturales y sobrenaturales, que Dios concede a los
hombres tiene como objetivo “formar un solo cuerpo”, tal como nos ha dicho san
Pablo en la segunda lectura de hoy. La diversidad se ordena, pues, a la unidad delcuerpo de Cristo, que es como la unidad de un cuerpo vivo, en el cual no hay dosórganos iguales, todos son necesarios y ninguno opera para sí mismo sino para lebien del cuerpo.Los santos son quienes mejor viven esta realidad. Ellos son los seres mássingulares que existen; cada uno de ellos es único e irrepetible, pero ninguno deellos trabaja para sí mismo, sino para el bien del conjunto, para el bien del cuerpo deCristo que es la Iglesia. Por eso ellos se someten siempre al juicio de la Iglesia, al
Leave a Comment