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Fromm, Erich - Caminos Hacia La Salud Mental

Fromm, Erich - Caminos Hacia La Salud Mental

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RICH 
ROMM 
 
CAMINOS
 
HACIA
 
LA
 
SALUD
 
MENTAL
Capítulo VIII del libro ³Psicoanálisis de la sociedad moderna´ de Erich Fromm
 
-
CONSIDERACIONES GENERALES
-
 Hallamos notables coincidencias en los diversos análisis crítios del capitalismo. Aunquees cierto que el capitalismo del siglo XIX fue criticado por su abandono del bienestarmaterial de lo trabajadores, nunca fue ésa la crítica principal. De lo que hablan Owen yProudhon, Tolstoi y Bakunin, Durkheim y Marx, Einstein Schweitzer, es
del hombre
y de loque le sucede en nuestro régimen industrial. Aunque lo expresan con términos diferentes,todos hallan que el hombre ha perdido su lugar central, que se ha convertido en uninstrumento de objetivos económicos, que se ha convertido en un extraño para susprójimos y para la naturaleza y que ha perdido las relaciones concretas con unos y otra, yque ha dejado de tener una vida con sentido. Yo me he esforzado por expresar la mismaidea trabajando sobre el concepto de enajenación y mostrando psicológicamente cuales sonlos resultados que el hombre vuelve a una orientación receptiva y mercantil y deja de serproductivo; que pierde el sentido de su personailidad, que se considera dependiente de laaprobación de los demás, y que, en consecuencia, tiende a adaptarse y, sin embargo, asentirse inseguro; está disgustado, aburrido, ansioso y gasta la mayor parte de su energíaen el intento de compensar o de cubrir esa ansiedad. Su inteligencia es excelente, su razónse devilita y, dadas sus capacides, está poniendo en grave peligro la existencia de lacivilización y hasta de la especie humana.Si antendemos a las opiniones relativas a las
causas
de esa situación, encontramosmenos acuerdo que en el diagnóstico de la enfermedad. Aunque en sus comienzos el sigloXIX propendía a ver las causas de todos los males en la falta de libertad
 política
, yespecialmente en la del sufragio universal, los socialistas, especialmente los marxistas,subrayaban la significación de los factores económicos. Creían que la enajenación delhombre era consecuencia de su papel como objeto de explotación y uso. Pensadores como'Tolstoi y Burckhardt, por otra parte, señalaban el empobrecimiento espiritual y moral comocausa de la decadencia del hombre occidental; Freud pensaba que el conflicto del hombremoderno era la excesiva represión de sus impulsos instintivos y las manifestacionesneuróticas resultantes. Pero toda explicación que analice un solo sector con exclusión delos
demás
carece de equilibrio y, por, lo tanto, es errónea. Las explicacionessocioeconómicas, espirituales y psicológicas miran el mismo fenómeno desde puntos devista diferentes, y la verdadera tarea de un análisis teórico es ver cómo esos diferentesaspectos se relacionan entre sí y cómo actúan los unos en los otros.Lo que es cierto respecto de las causas, lo es también, naturalmente, de los remedioscon que puede curarse el defecto del hombre moderno. Si yo creo que "la" causa de laenfermedad es económica, o espiritual, o psicológica, necesariamente creo que el ponerremedio a "la" causa conducirá a la salud. Por otra parte, si veo cómo se interrelacionanlos diversos aspectos, llegaré a la conclusión de que la cordura y la salud mental sólopueden conseguirse mediante cambios simultáneos en la esfera de la organización industrialy política, en la estructura del carácter y en las actividades culturales. La concentración delos esfuerzos en una de esas esferas, con exclusión u olvido de las otras, destruye
todo
cambio. En realidad, parece radicar ahí uno de los obstáculos más importantes para elprogreso de la humanidad. El Cristianismo predicó la renovación espiritual, olvidando loscambios del orden social sin los cuales la renovación espiritual no puede ser efectiva para lamayoría de las gentes. La época de la Ilustración postuló como normas supremas laindependencia de juicio y de la razón; predicó la igualdad política sin ver que esa igualdadno podía llevar a la fraternidad entre los hombres si no iba acompañada de un cambiofundamental en la organización económico-social. El socialismo, y en particular elmarxismo, insistió en la necesidad de cambios sociales y económicos, y olvidó la necesidaddel cambio interior de los seres humanos, sin el cual los cambios económicos no pueden
 
llevar nunca a la "sociedad buena". Cada uno de esos grandes movimientos reformadorcsde los dos mil años últimos ha atendido a un sector de la vida con exclusión de los demás;la reforma y la renovación que proponían eran radicales; pero los resultados fueron unfracaso casi total. La predicación del Evangelio condujo al establecimiento de la IglesiaCatólica; las enseñanzas de los raicionalistas del siglo XVIII, a Robespierre y Napoleón; lasdoctrinas de Marx, a Stalin. Difícilmente podían ser otros los resultados. El hombre es unaunidad, su pensamiento, su sentimiento y su modo de vivir están inseparablementerelacionados. No puede tener libertad de pensamiento si
 
no tiene libertad emocional; y nopuede tener libertad emocional si en su modo de vivir es un ser dependiente y sin libertaden sus relaciones económicas y sociales. Tratar de avanzar radicalmente en un sector conexclusión de los demás inevitablemente tiene que llevar al resultado a que llevó, a saber, aque las demandas radicales en una
 
esfera sean alcanzadas sólo por unos pocos individuos,mientras que para la mayoría se convierten en fórmulas y ritos que sirven para ocultar elhecho
 
de que nada ha
 
cambiado en las otras esferas. Indudablemente, un
 
solo paso deprogreso integral en todas las esferas de la vida tendrá mayor alcance y resultados másduraderos para el progreso de la especie humana que cien pasos - aun para el corto tiempovivido- en una sola esfera aislada. Varios miles de años de fracaso del "progreso aislado"debieran constituir una lección convincente.Estrechamente relacionado con este problema está el del
radicalismo
y la
reforma,
queparecc constituir la línea divisoria entre varias soluciones políticas. Pero un análisis másdetenido hará ver que esa diferenciación, tal como se la concibe usualmente, es engañosa.Hay reforma y reforma; la reforma puede ser radical, es decir, ir a las raíces, o puede sersuperficial, tratando de evitar los síntomas sin
 
tocar las causas. La reforma que no esradical en este sentido no alcanza nunca sus fines, y en definitiva se vuelve en direcciónopuesta. Por el otro lado, el llamado "radicalismo", que cree que podemos resolver losproblemas por la fuerza, cuando lo que se necesita es observación, paciencia y actividadininterrumpida, es tan
 
irreal y ficticio como la reforma. Habando en términos históricos, lasdos cosas llevan con frecuencia al mismo resultado. La revolución de los bolcheviques llevóal stalinismo, y la reforma del ala izquierda de los socialdemócratas alemanes condujo aHitler. El verdadero criterio para la reforma no es su ritmo, sino su realismo, su verdadero ³radicalismo´; la cuestión está en si va a las raíces e intenta modificar las causas, o si sequeda en la superficie e intenta sólo tratar los síntomas.Si este capítulo va a estudiar los caminos hacia la salud, es decir, los métodos decuración, mejor haremos en detenemos aquí un momento y e preguntarnos qué sabemossobre la natualeza de la curación en casos de enfermedades mentales individuales. Eltratamiento en patología social debe seguir el mismo principio, ya que es la patología demuchísimos seres humanos, y no la de una entidad fuera y aparte de los individuos.Las condiciones del tratamiento en patología individual son, principalmente, las siguientes:
1)
Debe haber ocurrido algo contrario al funcionamiento correcto de la psique. En lateoría de Freud, esto significa que la libido no se ha desarrollado nornalmente y que, en
 
consecuencia, se han presentado síntomas. En la estructura o cuadro de referencia delpsicoanálisis humanista, las causas del estado patológico residen en no habersedesarrollado una orientación productiva, falta que tiene por resultado el desarrollo depasiones irracionales, en especial de tendencias incestuosas, destructoras y explotadoras.El
hecho
de sufrir, ya sea consciente o incosciente, resultante de la ausencia de undesarrollo normal, produce una
tendencia dinámica a vencer el sufrimiento,
es decir,
acambiar en dirección a la salud.
Esta tendencia hacia la salud en nuestro organismo físico ymental es la base de todo tratamiento de la enfemedad y está ausente sólo en
 
los casospatológicos más graves.
2
 )
 
El primer paso necesario para permitir que opere esta tendencia hacia la salud es
tener conciencia
del sufrimiento y de lo, que está separado y disociado de nuestrapersonalidad consciente.
 
En la doctrina de Freud, la represión afecta principalmente a losimpulsos
sexuales.
En nuestro cuadro de referencia, afecta a las pasiones irraciomalesreprimidas, a los sentimientos reprimidos de inutilidad y aislamiento y al anhelo de amor deproductividad, que también es reprimido.
 
3)
 
La creciente autoconsciencia sólo lleva a
 
ser plenamente efectiva si se da un nuevopaso, el de cambiar un modo de vivir erigido sobre la base de la estructura neurótíca y quela reproduce constantemente. Por ejemplo, un paciente cuyo carácter neurótico le hacedesear someterse a las autoridades paternales, por lo general organiza una vida en que haelegido imágenes paternas dominantes o sádicas como amos, maestros, etc. Se curaunicamente si cambia su situación vital realista de tal suerte, que no reproduzcaconstantemente las tendencias a la sumisión de que desea, librarse. Además, debecambiar su sistema de valores, normas e ideales, de modo que impulsen y no
 
bloqueen sutendencia hacia la salud y la madurez.Las mismas condiciones
-
conflicto
con las exigencias de la naturaleza humana ysufrimiento consiguiente,
consciencia de
lo disociado,
y cambio
de la situación realista y devalores y normas- son igualmente necesarias para el tratamiento le la patología
social.
Fue propósito del capítulo precedente de este libro mostrar el confilicto entre lasnecesidades humanas y nuestra estructura social, y estimular la consciencia de nuestrosconflictos y de lo que está disociado. La finalidad de este capítulo es estudiar las diversasposibilidades de cambios prácticos de nuestra organización econóica, política y cultural.Pero antes de que empecemos a estudiar las cuestiones practicas, examinemos una vezmás lo que, a base de las premisas expuestas al principio de este libro, constituye elequilibrio mental y que tipo de cultura puede suponerse que conduzca a la salud mental.La persona mentalmente sana es la persona productiva y no enajenada; la persona quese relaciona amorosamente con el mundo y que emplea su razón para captar.la realidadobjetivamente; que se siente a sí misma como una entidad individual única, y al mismotiempo se siente identificada con su prójimo; que no está sometida a una autoridadirracional y acepta de buena voluntad la
 
autoridad racional de la conciencia y la razón; queestá en proceso de nacer mientras vive, y considera el regalo de la vida como laoportunidad más preciosa que se le ofrece.Recordemos asimismo que esas metas de la salud mental no son ideales que haya queimponer a la persona, o que el hombre pueda alcanzar únicamente si vence a su"naturaleza" y sacrifica su "egoísmo innato". Por el contrario, la tendencia hacia la saludmental, hacia la felicidad, la armonía, el amor, la productividad, es inherente a todo serhumano que no sea un idiota mental o moral de nacimiento. Si se les da oportunidad, esastendencias se afirman por sí mismas vigorosamente, como puede verse en incontablessituaciones. Son precisas muchas constelaciones y circunstancias poderosas para pervertir ysofocar esa tendencia innata a la salud mental; y es cierto que, a lo largo de casi toda lahistoria conocida, ha causado esa perversión el uso del hombre por el hombre. Creer quedicha perversión es inherente al hombre, es como arrojar semillas en el suelo del desierto ypretender que no estaban destinadas a germinar.¿Qué sociedad corresponde a esa meta de salud mental, y cuál debe ser la estructura deuna sociedad mentalmente sana? Ante todo, una sociedad en que ningún hombre sea unmedio para los fines de otro, sino que sea siempre y sin excepción un fin en sí mismo; porconsiguiente, una sociedad en que nadie es usado, ni se usa a sí mismo, para fines que nosean los del despliegue de sus propias capacidades humanas, en que el hombre es el centroy están subordinadas a su desarrollo todas las actividades económicas y políticas. Unasociedad sana es aquella en que cualidades como la avaricia, el espíritu explotador, el ansiade poseer y el narcisismo no encuentran oportunidad de ser usadas para obtener mayoresganancias materiales o para reforzar el prestigio personal; donde el obrar de acuerdo con lapropia conciencia se considera cualidad fundamental y necesaria, y donde el oportunismo yla falta de principios se consideran antisociales; donde el individuo se interesa por lascuestiones sociales en tal grado, que se convierten en cuestiones personales, en que larelación con su prójimo no está separada de su relación en la esfera privada. Una sociedadmentalmente sana es, además, aquella que permite al hombre operar dentro dedimensiones manejables y observables y ser participante activo y responsable en la vida dela sociedad, así como dueño de su propia vida. Es aquella que fomenta la solidaridadhumana y que no sólo permite, sino que estimula, a sus individuos a tratarse con amor;una sociedad sana estimula la actividad productiva de todo el mundo en su trabajo,

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