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Europa en mi mochila
Por Rodolfo A. Rico
Va dedicado
A todos los trotamundos, transhumantes y aventureros. A Maga y a Rodolfo (mi papá y mimamá) por alcahuetear estas aventuras. A la Pao por meterme en la cabeza que se debía mochilear porel mundo antes de los 25. A mi hermanita Aidana por cómplice. También va dedicado a todos conquiénes me tropecé en el camino. Y a aquellos que me apoyaron cuando lo necesité: a mi tía Greta ,miprimita Chantal y a Maja en Hamburgo, a Yolanda en París, a Carmen y su Familia en Barcelona, aLola, Ainoa, Albert, Valentí y Eli también en la ciudad Condal y a Irene en el Masnou. A Richard yMercedes en Madrid, a Francesco en Berlín. A esa hermosa pareja conformada por Juan y Lauranuevamente en la ciudad de Gaudí y allí también a quienes formaron parte del grupo Somaraza (Robert,Arnold, Miguelito y Jim) y a Rocío. A Dagmary por iluminar algunos días de aventura. Asimismo aSusana por leer estos textos en su primera versión ( y revisarlos en su segunda) y a Liseth por intentarun encuentro que no se pudo dar. A Ninoska por entusiasta y por supuesto a Laurita y María sinquienes está aventura no habría llegado a feliz término .Y no se me puede olvidar dedicar estás crónicas a quiénes hayan sido los culpables del cierre deEl Diario de Caracas en su segunda etapa, sin cuya liquidación está aventura no habría sido posible.Por eso también va dedicado a todos con quienes compartí esa experiencia periodística de casi 2 años.Ah, y a Manuel que se animó a publicar estas crónicas (un tanto desordenadas viejo) en esaaventura periodística llamada Letras el periódico universitario, de la que formé parte por varios años.
 
Europa en mi mochila
Por Rodolfo A. Rico Chávez
Preparativos
El sorpresivo cierre de El Diario de Caracas en el año 2000 ( a quienes allí trabajamos nos lonegaron hasta el día anterior) me dejó con la gran incógnita de qué hacer con el dinero recibido por elconcepto de liquidación: juntarme con varios periodistas y montar una publicación fue una posibilidadque no cuajó seriamente, invertir en la inicial de un apartamento en el suroeste de Caracas fue otra.Pero una breve encuesta entre gente querida y la idea instalada por una amiga en mi cabeza (“debeshacer el viaje de tu vida antes de los 25 pues después no será posible”) terminaron por convencerme deque lo que debía hacer era mochilear ¿América Latina o Europa? Europa, para América Latina yahabría tiempo y desde luego dinero: salvo un par de países es más económica.
Primera parada: American Beauty
Me tocó madrugar para salir de Venezuela. Para escaparme un rato de la vocinglería del presi-dente Chávez y los silencios de Arias Cárdenas. Para encontrarme conmigo en otro lado y para descu-brir cosas nuevas. La primera parada de este viaje sería en el aeropuerto de Newark, en Estados Uni-dos, donde 8 horas después de llegar me montaría en otro avión hasta Madrid.INunca había estado ni cerca de Estados Unidos (bueno estuve en la Habana y de noche se veían lasluces de Miami, pero eso creo que no cuenta). No tenía ni idea dónde quedaba Newark, aunque mehabían dicho que cerca de Nueva York. Pero no sabía que tan cerca. Sólo lo descubriría , luego de pasarpor el aire cerca de numerosas casitas con jardín y muchos campos de béisbol, al acercarme a una granciudad y ver primero el Empire State, las torres gemelas, más allá la verde estatua de la Libertad ypoco más allá un puente que no sé si sería el de Brooklyn. Todo lo que sé de Nueva York, lo sé porWoody Allen, y por otros cineastas. Mi relación con esa ciudad, como con muchas otras es absoluta-mente cinematográfica.IITodo el mundo me decía que para pasar por Estados Unidos hacia falta una visa. Excepto en laagencia de viajes. Yo les creí a estos últimos y la verdad es que no hacia falta pero a cambio uno debíaaceptar el secuestro del pasaporte y el pasaje que la Aerolínea sólo entregaría al llegar al destino final.En mi caso Madrid.Entiéndase bien, quien no tiene visa debe salir acompañado del avión hasta la sala de espera. Y de allí si quiere dar una vueltecita por el pedazo de aeropuerto que les corresponde también debe hacerloacompañado. Digamos que se tiene una libertad condicional... pero el asunto tiene sus ventajas: chu-cherías y refrescos totalmente gratis.Ella es negra, gorda, con el pelo rojo y trabaja para Continental, en la sala de espera por la quedeben pasar todos aquellos que no tienen la ansiada visa estadounidense .Le corresponde ser una de laschaperonas de los numerosos extranjeros que por allí pasan... ella no para de hablar:»Ellos, los ameri-canos no entienden.Yo entiendo porque soy latina. Uno ve aquí cosas muy feas. Ahora devolvieron aunos que iban a Madrid, porque les faltaba un sello. Pagaron 900 dólares y nadie les devolverá el
 
dinero. Aquí en Estados Unidos uno puede demandar, pero allá en América Latina... ayer, otro quedevolvieron quería que yo la aconsejara, que le dijera que decir, pero no puedo .Aquí en inmigraciónhay cámaras por todos lados”.“Tengo 53 años”, prosigue la letanía, “una tiene que cuidar su trabajo. Mi hija trabaja y paga susestudios. Gana 17 dólares diarios .Antes trabajaba en Panamá , en la zona del canal. Pero hace unosaños me vine para acá”. “El señor ese -señala a un anciano ruso lleno de canas- ayer parecía que mequería pegar. Le había dejado en el avión y se regresó. Ahora sus papales están en Panamá y él estaaquí. No sabía yo, de sus cuadros y los había dejado. Es extraño porque su hija vive en Panamá y hablainglés, pero él no. No habla ni inglés, ni español, es raro.“Y yo no permito que nadie me pegue. Mi papá me enseño que todo tiene un límite. Mi papá y mimamá se murieron el año pasado. Primero mi papá y luego mi mamá. Cuando una pareja tiene 50 años juntos no aguanta la soledad».
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