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Regreso Al Derecho Natural /Gustavo Zagrebelsky [2008]

Regreso Al Derecho Natural /Gustavo Zagrebelsky [2008]

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¿REGRESO AL DERECHO NATURAL?
Tal vez la estructura mental originaria que condiciona la relación entre
nosotros y el mundo es la contraposición entre lo que es natural y está
fuera de nosotros, y lo que es artificial y procede de nuestro interior.La filosofía, con su presunción, ha destruido la posibilidad de razonarde manera tan simple. Pero más que la filosofía es el momento actual
quien lo impide, ya que incluso la naturaleza del ser humano puede ser
producto de su «artificio», gracias a la genética; tanto dentro como fuera
de nosotros, el sujeto y el objeto en el que nos hemos convertido, se
confunden, haciendo vana dicha distinción. No obstante, continuamosrazonando de este modo; es más, nos agarramos todavía más a aquella
distinción, como una garantía. Quizá tengamos una necesidad «natural»
de no caer presos del vértigo de un sujeto que es al mismo tiempo obje-
to de sí mismo; un sujeto enredado y hundido así en un círculo vicioso
existencial. El pensamiento religioso ve en ello la blasfemia del hombreque quiere hacerse Dios, es decir, imitar lo único que, según una inter-
pretación del libro del
Éxodo
(3, 1-6), puede decir que «es potencia»
exclusiva de su fuerza.
No es sorprendente, por tanto, que precisamente cuando se ha
hecho insostenible el binomio naturaleza-artificio, éste haya sido nue-
vamente descubierto para encontrar en aquélla la norma de la acciónhumana, una norma que asigna a lo natural el primado sobre lo artifi-
cial, sinónimo de engaño, abuso, adulteración.
En el campo de la justicia, la contraposición se traduce en la tensión
entre derecho natural y derecho positivo, es decir, legislación. Según lo
que ya decía Aristóteles, la justicia en la
polis
es de dos tipos: la natural
y la legal. La justicia natural vale igualmente en todo lugar, y no depende
del hecho de que sea reconocida o no. La justicia legal, por el contrario,
 
s aquella relativa a lo que, en principio, es indiferente y puede variar
e
e lugar a lugar.
La historia del «derecho natural» está hecha de sus
ap
ariciones
y
desapariciones. Durante largos periodos el derecho natural puede darsepor muerto. En los decenios pasados casi nadie pensaba en él. Pero éste
es un momento de renacimiento: cuando la ley hecha por los hom-
bres, según sus mutables convicciones, parece injusta, se le contraponeaquella ley objetiva de la naturaleza que nadie puede alterar. Esto hacela Iglesia católica para oponerse a los cambios sobre uniones entre per-
sonas, eutanasia, experimentación científica, genética, etc., y, volviendo
a temas pasados, también sobre la familia, anticoncepción, aborto, etc.De este modo, aquélla se propone nuevamente como gran garante que
dispensa certezas éticas en un mundo —afirman— moralmente deshila-chado por el tristemente célebre «relativismo», sinónimo de puro hedo-
nismo, escepticismo antirracionalista, agazapado bajo las vestiduras de
la cautivadora tolerancia.El derecho natural es indudablemente una fuente que apaga la nece-sidad de seguridad. Frente a verdaderos o presuntos arbitrios e, incluso,
frente a verdaderos y propios delitos cometidos con el aval de la ley
hecha por los hombres, ¿qué es más asegurador y reconfortante que unaley objetiva, siempre válida e igual para todos, precisamente la ley de la
naturaleza que los hombres no pueden alterar y corromper a su gusto?
Pero precisamente aquí comienzan las dificultades. El derecho natu-ral no es en absoluto el terreno del consenso que abraza a toda la huma-
nidad en nombre de una justicia universalmente reconocida. Al contra-
rio, es el terreno de los conflictos más radicales. En primer lugar, ¿qué
es la «naturaleza» a la que apelamos? Si miramos al pasado, percibimos
una gran confusión. Para algunos, los cristianos, por ejemplo, la na-turaleza es obra de Dios; pero para otros, los gnósticos, es obra del
demonio. Los primeros amarán la naturaleza como Dios ha amado lo
creado (Gn 1, 31: «Dios miró
todo lo que había hecho, y vio que era
muy
bueno»),
y derivarán la convicción del deber de conservarla tal ycomo es; los segundos la odiarán como algo corrupto y harán todo lo
posible para no dejarse llevar por su bajeza. Más tarde, independi
en
-
temente de
Dios
y del demonio, la naturaleza ha sido madre benéfica
para unos, matriz maléfica para otros. La visión de la Ilustración pro-
t
orromántica era aquella de la armonía de la vida natural, corrompida
por la
c
ivilización; sin embargo,
Giaccomo
Leopardi sentía todo tipode
des
esperación hacia aquellaque «por costumbre y por institución,[es] carnicera de
[su
l
propia familia, de
[sus]
hijos y, dicho
de algún
modo, de [sul sangre
y
[sus] vísceras». «Funesto es quien nace el primer
 
día», canta el pastor errante del Asia a la luna. ¿Quién en su vida no hapensado alguna vez así?
Ahora bien, ¿qué vemos dentro del derecho natural? Algunos, comolos estoicos, el reino de la igualdad y de la dignidad humana. Los Padres
de la Iglesia desarrollaron esta visión de la igualdad y la hermandad delos hijos de Dios (no sin limitarla, no obstante, sólo a los creyentes en
Dios). Por otra parte, Aristóteles consideraba la esclavitud conforme a
la naturaleza. Para los sofistas Gorgias y Trasímaco, según Platón, «lanaturaleza quiere esclavos y amos», siendo la justicia natural «lo mejor
para el más fuerte». Spencer, el filósofo del llamado darwinismo social,
estaba en la misma línea cuando afirmaba que sólo la naturaleza asegura
los necesarios recambios. Si el Estado interviene en favor de los necesi-
tados y de los ignorantes, con hospitales y escuelas, simplemente hacesobrevivir —en perjuicio de la colectividad que les debe mantener— a
los sujetos más débiles de la raza humana, los «parásitos». Esta idea,
aplicada no a los hombres sino a las razas, ha permitido incluso afirmarque los racistas son auténticos defensores del derecho natural.
Son ejemplos tomados al azar. Muestran con evidencia que no existe
una naturaleza reconocible por todos. Se puede hablar de naturaleza y,
por tanto, de ley natural, sólo dentro de un sistema de pensamiento,
desde una visión del mundo; pero los sistemas y las visiones pertenecena las culturas, no a la naturaleza. Pueden, por tanto, ser diferentes y son
frecuentemente antitéticas. Se ha discutido, en estos términos, de euta-
nasia. El papa Benedicto XVI repite incansable su convicción: «Ninguna
ley puede subvertir la norma del Creador sin hacer precario el futurode la sociedad con leyes en neto contraste con el derecho natural. De
la naturaleza derivan principios que regulan el juicio ético respecto de la
vida que hay que respetar, desde el momento de la concepción hasta elmomento de su final natural» (12 de febrero de 2007). La exhortación
apostólica
Sacramentum caritatis,
de 15 de marzo de 2007, que confir-
ma la
Nota doctrinal
de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre
«el compromiso y el comportamiento de los católicos en la vida políti-
ca» de 24 de noviembre de 2002, evoca una vez más el valor vinculante
de la «naturaleza humana»; en resumen, un martilleo constante. Peroleamos qué decía otro documento de «derecho natural», un opúsculo
nazi de 1940 con el título
Du und dein Volk
(«Tú y tu pueblo»)
1
sobre el
«
exterminio de los malogrados»
(Vernichtung der Mi$ratenen)
y de las
«razas decadentes»
(der verfallenden Rassen),
dirigido a los adolescen-
1. Deutscher Volksverlag, München, 1940.

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