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Contra Los Herejes - LIBRO V

Contra Los Herejes - LIBRO V

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05/24/2012

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LIBRO V: LA RESURRECCION DE LA CARNE
Prólogo
[1119] Mis hermano querido, en los primeros cuatro libros que te hemos enviado, hanquedado refutados todos los herejes, y desenmascaradas las doctrinas que ellos enseñan,así como también sus mal interpretadas teorías. Conocimos algunas de ellas a través delas explicaciones que nos llegaron mediante sus escritos, otras por medio de laconclusión que se sigue de todos sus argumentos. También hemos expuesto la verdad ymostrado la predicación de la Iglesia, que, como hemos demostrado, corresponde a la proclamación de los profetas, Cristo la ha llevado a la perfección, los Apóstoles la hantransmitido, y la Iglesia la ha recibido en todo el universo(356).Esta es la única que, como fiel custodio, la trasmite a sus hijos. Igualmente hemos resuelto todas lascuestiones que los herejes nos proponen; y hemos explicado la doctrina apostólica, yexpuesto muchas verdades que el Señor realizó y enseñó por medio de parábolas.En este quinto libro de toda la obra, sobre
la Exposición y refutación de la falsa gnosis
,trataremos de mostrar cuanto se refiere al resto de la doctrina de nuestro Señor y de lascartas de los Apóstoles, tal como nos has pedido. Obedecemos a tu mandato, porquenuestra misión es el servicio de la Palabra (Hech 6,4). Por eso elaboramos esta doctrinahasta donde da nuestra capacidad, usando todos los medios posibles, a fin de proporcionarte una ayuda [1120] contra los ataques de los herejes, para volver aconducir y convertir a la Iglesia de Dios a quienes han errado, y para confirmar a losneófitos, de manera que sean capaces de mantenerse firmes en la fe que recibieroncustodiada por la Iglesia. De este modo no podrán engañarlos aquellos que les enseñanmal, tratando de apartarlos de la verdad.Conviene que tú y cuantos lean este escrito se informen cuidadosamente de cuantohemos dicho anteriormente, para que conozcan los argumentos mismos que hemosrefutado. Siguiendo este camino podréis oponeros a ellos y estar preparados para acoger las pruebas contra sus errores; y seréis capaces de tirar como estiércol sus doctrinas, conla fe que viene del cielo, siguiendo al único Maestro verdadero, el Verbo de Dios,nuestro Señor Jesucristo, quien por su inmenso amor (Ef 3,19) se hizo lo que nosotrossomos, a fin de elevarnos a lo que él es.
1. La resurrección de la carne
1.1. Fin de la encarnación
1,1. Porque nosotros no habríamos podido aprender de otra manera las cosas divinas, sinuestro Maestro, el Verbo, no se hubiese hecho hombre; ni algún otro podía narrarnoslas cosas del Padre (Jn 1,18), [1121] sino su propio Verbo: «¿Pues quién (fuera de él)conoce la mente del Señor? ¿o quién es su consejero?» (Rom 11,34). Ni nosotroshabríamos podido aprender de otro modo, sino viendo a nuestro Maestro y participandode su voz con nuestros oídos, como imitadores de sus obras, que se hacen cumplidoresde sus palabras (Sant 1,22), que tienen comunión con él (1 Jn 1, 6). Nosotros, los quehemos nacido recientemente, recibimos el crecimiento del que es perfecto y anterior atoda la creación, y el único bueno y excelente; y a semejanza de aquél, para obtener deél el don de la incorrupción, puesto que hemos sido predestinados a existir (Ef 1,11-12)
 
cuando aún no existíamos, según el preconocimiento del Padre (1 Pe 1,2); ycomenzamos a existir por el ministerio del Verbo en los tiempos prefijados(357).El es completo en todo, como Verbo poderoso y hombre verdadero, y nos compró consu sangre a la manera propia del Verbo(358)(Col 1,14), dándose a sí mismo en rescate(1 Tim 2,6) por los que habíamos sido hechos cautivos. Y como de modo injustodominaba sobre nosotros la apostasía, y siendo nosotros, por naturaleza, propiedad deDios todopoderoso, nos enajenó contra naturaleza y nos hizo sus discípulos; como elDios Verbo es poderoso y no falla en la justicia, justamente se volvió contra esaapostasía, para redimir de ella lo que era suyo; no por la fuerza, como aquélla habíadominado nuestros inicios arrebatando insaciablemente lo que no era suyo; sino por  persuasión, como convenía a un Dios que persuade y que no nos fuerza a recibir lo queél quiere; de modo que ni se destruyese lo que es justo ni se perdiese la antigua criaturade Dios.Así pues, el Señor nos redimió con su propia sangre (Col 1,14), dando su vida por lanuestra y su carne por nuestra carne, y derramando el Espíritu del Padre para la unidad ycomunión entre Dios y los hombres. Así trajo a Dios a los hombres mediante elEspíritu; y levantando los hombres a Dios por medio de su propia carne, por su venidanos otorgó su inmortalidad de manera firme y verdadera, mediante la comunión con él.Con esto se destruyen todas las doctrinas de los herejes.
1.2. Contra los docetas
1,2. Están locos, pues, quienes dicen que él se manifestó en apariencia; [1122] porqueestas cosas no sucedían en apariencia, sino en la substancia de la verdad. Porque si nosiendo hombre aparecía como hombre, entonces no habría seguido siendo en verdad loque era, Espíritu de Dios(359), ya que el Espíritu es invisible; ni habría alguna verdaden él, ya que no era lo que parecía. Ya hemos dicho que Abraham y los demás profetaslo habían visto proféticamente, y habían profetizado por la visión lo que habría de ser enel futuro. Pero si luego apareció sin ser aquello que parecía, entonces habría sido paralos hombres sólo una visión profética, y entonces habría que esperar la venida de aquél,tal como debía ser según se vería entonces en aparición profética. Ya hemos demostradoque es lo mismo afirmar que se manifestó en apariencia, y que nada tomó de María; porque no habría tenido verdadera carne y sangre para por ellas redimirnos, si nohubiese recapitulado en sí la antigua criatura de Adán. Están pues locos losvalentinianos que esto enseñan, porque anulan la vida de la carne al rechazar la obramodelada por Dios.1,3. También están locos los ebionitas cuando rechazan la unión de Dios y del hombre, porque no lo reciben por la fe en su alma. Perseveran en el viejo fermento de su viejoorigen(360), y no quieren comprender que el Espíritu Santo descendió sobre María, y el poder del Altísimo la cubrió. Por eso el que fue engendrado es santo e Hijo de DiosAltísimo, Padre de todas las cosas, el cual, llevando a cabo la encarnación, reveló unnuevo nacimiento. [1123] Pues así como por el viejo nacimiento heredamos la muerte,así por este nacimiento heredamos la vida.De esta manera ellos condenan la mezcla del vino celeste, y quieren ser sólo aguamundana, y por eso no aceptan que Dios entre en comunión con ellos; sino que perseveran en aquel Adán vencido y echado del paraíso. No miran que, así como al
 
 principio el aliento de vida que Dios sopló en Adán, al unirse con la criatura plasmó alhombre, mostrándolo animal racional, así también al final el Verbo del Padre y elEspíritu de Dios, unido a la substancia de Adán como a su antigua criatura, lotransforma en hombre viviente y perfecto, y capaz de recibir al Padre perfecto. De estemodo, así como todos hemos muerto en la condición animal, así también todostendremos la vida en la espiritual. Porque Adán jamás escapó de las manos de Dios, alas cuales el Padre dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza» (Gén1,26). Por eso, al final, no por deseo de la carne ni por deseo de varón (Jn 1,13), sino por el beneplácito del Padre, sus manos llevaron a plenitud al hombre viviente, para quese haga conforme a la imagen y semejanza de Dios(361).
1.3. Contra los marcionitas
2,1. Igualmente están locos quienes afirman [1124] que el Señor vino a lo que no erasuyo, como si hubiese anhelado lo ajeno, a fin de presentar a un hombre hecho por otro,a un Dios que ni lo habría hecho ni creado; sino que habría quedado desde el principio privado de su propia hechura humana. Su venida habría sido injusta, pues según elloshabría venido a lo que no le pertenecía; ni nos habría redimido con su sangre si no sehubiese hecho hombre verdadero, para restaurar a su creatura; pues, según dice laEscritura, el hombre fue hecho a imagen y semejanza de Dios (Gén 1,26). De estemodo, no arrebató dolosamente lo ajeno, sino que asumió con justicia y benignidad loque era suyo: con justicia en cuanto a la apostasía, pues con su sangre nos liberó de ella(Col 1,14); y con benignidad respecto a nosotros, los que hemos sido redimidos. Pues ninosotros le hemos dado nada (Rom 11,35) para merecerlo, ni él necesita de nosotroscomo si fuese un indigente; pues somos nosotros a quienes hace falta cuanto nos lleva ala comunión con él. Por eso se entregó generosamente a sí mismo, a fin de reunirnos enel seno del Padre.
1.4. Contra quienes niegan la resurrección: la Eucaristía
2.2. Están enteramente locos quienes rechazan toda la Economía de Dios, al negar lasalvación de la carne y despreciar su nuevo nacimiento, pues dicen que ella no es capazde ser incorruptible. Pues si ésta no se salva, entonces ni el Señor nos redimió con susangre, ni el cáliz de la Eucaristía es comunión con su sangre, ni el pan que partimos escomunión con su cuerpo (1 Cor 10,16). Porque la sangre no puede provenir sino de lasvenas y de la carne, [1125] y de todo lo que forma la substancia del hombre, por la cual,habiéndola asumido verdaderamente el Verbo de Dios, nos redimió con su sangre.Como dice el Apóstol: «En él tenemos la redención por su sangre y la remisión de los pecados» (Col 1,14). Y, como somos sus miembros (1 Cor 6,15) y nos alimentamos por medio de creaturas, él mismo nos facilita su creación, haciendo salir el sol y llover como él quiere (Mt 5,45). Pues él mismo confesó que el cáliz, que es una creatura, es susangre (Lc 22,20; 1 Cor 11,25), con el cual hace crecer nuestra sangre; y el pan, que estambién una creatura, declaró que es su propio cuerpo (Lc 22,19; 1 Cor 11,24), con elcual hace crecer nuestros cuerpos.2.3. En consecuencia, si el cáliz mezclado (362)y el pan fabricado reciben la palabra de Dios(363)para convertirse en Eucaristía de la sangre y el cuerpo de Cristo, y por mediode éstos crece y se desarrolla [1126] la carne de nuestro ser, ¿cómo pueden ellos negar que la carne sea capaz de recibir el don de Dios que es la vida eterna, ya que se hanutrido con la sangre y el cuerpo de Cristo, y se ha convertido en miembro suyo?

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