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EL PROGRAMA NACIONAL DE MOVILIZACIÓN POR LA ALFABETIZACIÓN(PRONAMA): INTENCIONES, TRIUNFALISMO Y REALIDADES
José Rivero
1.
La alfabetización como derecho democrático básico
 La alfabetización es el primer paso en la conquista del derecho a educarse y a participar en laconstrucción democrática. Proporcionar a un individuo o a un grupo social el acceso a lalectura y a la escritura equivale a dotarlo de medios de expresn potica y de losinstrumentos sicos necesarios para que pueda participar en las decisiones que lecorresponden tomar respecto a su existencia y a su futuro.La alfabetización no solo es un derecho humano básico sino, además, un activo crucial paravencer la pobreza, mejorar la salud y enfrentar cualquier abuso a los derechos humanos. Una persona sin estudios dispone de menos recursos para protegerse de las enfermedades graves o procurar sustento a su familia. La alfabetización es, también, un requisito indispensable parala participación plena de las personas, en calidad de ciudadanas, en la sociedad democrática.El buen aprendizaje de la lectura y la escritura constituye un proceso formativo que exige queel sujeto alfabetizado desarrolle sus capacidades de análisis, síntesis y abstracción, elementosesenciales para el pensamiento y la reflexión crítica sobre la realidad en la que está inserto. Laalfabetización tiene, además, efectos sociales y ecológicos. A través de este proceso, elindividuo neolector empieza, con armas propias, a enfrentarse a una situación vivida convergüenza y descrédito personal, lo que le permite pasar de su condición de analfabeto a la de«miembro instruido» de su comunidad. La alfabetización ayuda a que esta persona se libere deuna relación de dependencia y de un sentimiento de inferioridad; ello es más claro aun cuandola persona alfabetizada pertenece a un grupo minoritario o es mujer, categorías especialmentedesfavorecidas en el plano de la condición social y del poder. Por otra parte, la alfabetizaciónayuda considerablemente a tomar conciencia sobre la salud y los efectos del cuidadoambiental, tanto en el hogar como en la naturaleza. En suma, cuando una persona llega a ser alfabetizada se amplía, por sí mismo, el sentido de su propio valor y eficacia, lo que la lleva acontar con mejores armas para adaptarse al cambio, así como con una mayor disposición paraarriesgarse en función de un desarrollo socioeconómico y político más justo.Por las razones señaladas, hay que saludar todo esfuerzo por dar prioridad a la alfabetizaciónde nuestro pueblo. Mas, como veremos a continuación, alfabetizar representa una tarea muchomás compleja y demandante que la adquisición mecánica de signos alfabéticos.Más allá de la inobjetable buena intención que pueda tener el gobierno de Alan García paraaportar a la equidad social enfrentando el analfabetismo, cabe preguntarse si tendrá ladisposición y la posibilidad de asumir la alfabetización en toda su complejidad, dandorespuestas integrales para evitar que en el futuro se reproduzcan cíclicamente las «campañasalfabetizadoras».
2. ¿Qué significa alfabetizar hoy?
El concepto de alfabetización está cambiando. Actualmente, se considera que alfabetizar vamucho más allá de la simple lectura y escritura, y que es una acción directamente relacionadacon el modo como nos comunicamos entre las personas y con el mundo. Sobre todo, debe ser  parte constituyente de un proyecto o proceso social que conduzca hacia sociedades más justasy equitativas.
 
La alfabetización se ha definido e interpretado de múltiples maneras, que han evolucionadocon el correr del tiempo bajo la influencia de los trabajos de investigación y las prioridades enmateria de políticas en los ámbitos nacional e internacional.Hasta mediados de la década de 1960, era concebida como un conjunto de destrezas técnicasque comprendía la lectura, la escritura y la aritmética esencial; desde esta concepción, el proceso de alfabetizar se reducía a impulsar la adquisición de esas destrezas básicas, almargen de sus contenidos y de los modos de impartirlo. Ello llevó a la instauración decampañas masivas cuyo objeto era «erradicar el analfabetismo en pocos años».
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El mal uso del término
alfabetización
ha generado como contraparte una comprensión prejuiciosa de
analfabetismo,
asociándolo o hacndolo equivalente a
ignorancia
o
desconocimiento
de cualquier aspecto de la realidad a partir de la falta de comprensión lectorao escritora. La ideología que considera a los analfabetos como «ciegos», «lacra» o «plaga»desconoce —o trata de no reconocer— que ellos tienen muchos conocimientos de vida propios, que han adquirido a través de la cultura oral; es decir, no son ignorantes.En la década de 1970, se vinculó la alfabetización al desarrollo socioeconómico, lo que dioorigen al concepto de «analfabetismo funcional», asociado a la mejora de la productividad. Nuevas definiciones de la alfabetización funcional la asocian a la reconceptualización deltrabajo productivo, recuperando el valor educativo, cultural y organizativo del trabajo mismo.Así, desde esta perspectiva, son las exigencias y el contenido de la vida del trabajo las que ledan sentido a la alfabetización y determinan su funcionalidad. No se trata de ofrecer destrezaslaborales ni de hacer capacitación semiprofesional o artesanal, sino de vincular la acciónalfabetizadora al proceso de trabajo como un todo.Paulo Freire contribuyó con una visión renovada y ampliada de la alfabetización, al poner derelieve su dimensión política y al asociarla a un proceso a través del cual los analfabetostoman conciencia de su situación personal y aprenden a crear o utilizar los medios paramejorarla. Para Freire, aprender a leer, a contar, a escribir, está asociado a etapas que permitenel acceso a los derechos políticos, económicos y culturales, afectando o modificando la formaen que el poder está repartido en la sociedad.
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 Emilia Ferreiro, a su vez, ha contribuido con investigaciones y estudios sobre unaalfabetización inicial de niños como principal solución de fondo para el problema de laalfabetización remedial de adolescentes y adultos. La autora proporciona elementossustantivos sobre la naturaleza del objeto de conocimiento involucrado en el aprendizajealfabetizador; la distinción que hace entre sistema de codificación y sistema de representaciónsupone consecuencias en la concepción y acción alfabetizadora. Así, cuando se concibe laescritura como simple transcripción de lo sonoro a un código visual, el lenguaje es reducido auna serie de sonidos y los programas de preparación para la lectura y la escritura se centran endiscriminar las formas audiovisuales y auditivas «sin cuestionarse jamás sobre su naturaleza».
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La Declaración de Educación para Todos de Jomtien introduce el concepto de «necesidadesespeciales de aprendizaje», en el que la alfabetización se concibe como par de un continuo queabarca la educación formal y no formal de niños, jóvenes y adultos. Los cuatro pilares propuestos por la Comisión Internacional de la Educación para el Siglo XXI, presidida por Jacques Delors —aprender a ser, a conocer, a hacer y a vivir juntos—, están directamentevinculados al concepto de «aprendizaje a lo largo de toda la vida» y a la contribuciónfundamental de la alfabetización para lograrlo.Posteriormente, una serie de pronunciamientos internacionales como la Declaración deHamburgo, el Marco de Acción de Dakar (2000) y la Resolución de la Asamblea General de
 
 Naciones Unidas sobre el Decenio de las Naciones Unidas de la Alfabetización (2002),identificaron la naturaleza cambiante de la alfabetización. Al articular su concepto pluralistacon los de ciudadanía, identidad cultural, desarrollo socioeconómico, derechos humanos yequidad, demandaron que en la creación de entornos alfabetizadores, estos guardenconsonancia con los contextos y estén centrados en los educandos.La «visión renovada de la alfabetización», aprobada en Dakar, la asocia con asegurar elacceso a —y el uso significativo de— la lectura y escritura de toda la población —niños, jóvenes y adultos—, dentro y fuera del sistema escolar, a través de todos los medios ytecnologías disponibles, y a lo largo de toda la vida. En esta visión se demanda la necesidad deencarar el aprendizaje, la promoción y el uso de la lectura y la escritura entre niños, jóvenes yadultos no como metas, políticas y programas separados, sino integrados en un solo marco de política: «Alfabetización para todos». Es decir, la alfabetización se entiende no de maneraaislada, sino como componente esencial e integral de la educación básica de toda persona o«educación para todos».En suma, la comunidad internacional ha dejado de percibir a la alfabetización como unadestreza aislada y ha empezado a verla como una práctica social que contribuye a un propósitomás amplio e integral: la educación permanente o durante toda la vida. La ha dejado de percibir, asimismo, como aprendizaje terminal o como una etapa de aprendizaje, pues laalfabetización es una etapa de inicio y parte de un proceso de aprendizaje mayor que tienediferentes momentos y niveles.La pluralidad de la alfabetización está asociada a las distintas maneras de utilizarla y a lamultiplicidad de factores asociados con ella dentro de una comunidad o grupo social, así comoa lo largo de la vida del individuo. Por ello, más que privilegiar el conjunto de competenciastécnicas por obtener, hay que priorizar la dimensión social de su adquisición y aplicación.Importa aquí acudir a los resultados de una reunión de expertos internacionales convocados por la Unesco en junio del 2003, que propuso una definición funcional —con fines evaluativos — en los términos siguientes:Alfabetización es la habilidad para identificar, entender, interpretar, crear, comunicar ycalcular, mediante el uso de materiales escritos e impresos relacionados con losdistintos contextos. La alfabetización representa un continuo de aprendizaje que le permite al individuo cumplir sus metas, desarrollar su potencial y conocimientos y participar activamente en actividades comunitarias y sociales (Unesco 2004).
3. El analfabetismo en el Perú
Las estadísticas sobre analfabetismo utilizadas en el país son muy variadas en cuanto a porcentajes y número de analfabetos. De acuerdo con el Censo de Población del 2005, 8,15% —es decir 1.465.320 personas— son analfabetas.
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El anterior censo, de 1993, arrojaba unacifra de 1.784.281 analfabetos.Recientemente, la Unidad de Estadística del Ministerio de Educación (MED) señaló lassiguientes cifras: hay 2.211.000 personas analfabetas, de las cuales 1.474.000 nunca asistierona una escuela, y 737.000 tienen algún grado de instrucción (Ministerio de Educación 2005:43).Según se informa en el Plan Nacional de Educación para Todos (Ministerio de Educación2003), la tasa de analfabetismo en el Perú para el 2003 alcanzó 12,1%, proporción que, ennúmeros absolutos, representa un total de 2.103.882 personas mayores de 15 años.
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