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Murmis & Portantiero - Estudios sobre los orígenes del peronismo - 1ra. parte

Murmis & Portantiero - Estudios sobre los orígenes del peronismo - 1ra. parte

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Estudios sobre los orígenes del peronismo (1ra. parte)Crecimiento industrial y alianza de clases en la Argentina (1930-1940)
Murmis y Portantiero 
1. Introducción
Durante la década del 30 tiene vigencia en la Argentina políticas y reagrupamientos de fuerzassociales centrados en el intento de dar respuesta a ese hecho nuevo que es el aceleradocrecimiento industrial y sus consecuencias sociales. El supuesto de nivel general es que todoproceso de industrialización por sustitución de importaciones, del mismo modo que planteacaracterísticas diferentes a las de los modelos clásicos en la estructura económica, promuevetambién alternativas particulares en la dimensión sociopolítica, sea en el tipo de estratificación, enlos reagrupamientos y alianzas de las clases propietarias, en la forma movilización de las clasesno propietarias, en el papel del Estado y de los grupos políticos, etc.Afirmar que el período abierto en 1930 representa una primera respuesta a ese proceso puedetener consecuencias tanto para el análisis de la Argentina como para la aplicación de modelosteóricos para el análisis de los procesos sociales durante el crecimiento industrial.La teoría más habitual propone un presunto modelo clásico descriptivo:Los propietarios agropecuarios: calificados como la "oligarquía" cuyo interés está en elmantenimiento de la tierra como fuente de ingresos y poder, con actitudes tradicionales yopuestas al fortalecimiento de nuevas actividades.Los proletarios industriales: cuyo interés reside en el surgimiento de las nuevas actividades y en laconquista del poder político, techazando las situaciones "feudales" improductivas.En un primer paso retengamos de esta caracterización sólo la aceptación o el rechazo de lasactividades industriales. Diversas modificaciones de este modelo simplificado aparecen en laliteratura:Se mantiene el modelo en cuanto a la identificación de las oposiciones de estos dos contendores;pero se supone que el sector industrial no tiene conciencia clara de sus intereses. Puede darseincluso, en el modelo, una discontinuidad en el sector industrial, pero la oposición básica deintereses y la línea de tendencia del desarrollo histórico se mantiene.Otra versión mantiene al modelo en cuanto a la identificación de los contenedores y susorientaciones, pero en este caso serían los terratenientes quienes, inadvertidamente, habríanfavorecido al sector industrial. Parecería suponerse una coincidencia transitoria de intereses muyespecíficos tales como el control de cambios, pero una oposición de fondo.Más nos alejamos del modelo clásico cuando, aun manteniendo la imagen del corte, se postulanciertas discontinuidades dentro de cada uno de los sectores. A, se admite que el sectorterrateniente pasa ya a aceptar cierto tipo de industrialización limitada, liviana y dependiente yque en esa medida consigue aliarse con el sector más concentrado de los industriales, pero quesubsisten dentro de los propietarios de industria grupos no monopolistas que aspiran a undesarrollo manufacturero independiente, con crecimiento de industrias de base y expandido en el
 
mercado interno.El alejamiento del modelo inicial es más neto cuando se postula que la oposición se ha redefinido,en cuanto a su contenido, en la forma en que el enfoque anterior señala, pero que tanto losterratenientes como los los industriales en bloque se beneficias con el mantenimiento deldesarrollo dependiente de la industrialización, no quedando ningún grupo de origen manufactureroenfrentando la oposición del bloque dominante. Se trata de una virtual fusión de intereses entresectores terratenientes e industriales, solo enfrentados por la clase obrera.Nuestro examen rechaza todas las versiones del modelo que se centran sobre una oposiciónmás o menos expresa entre grandes terratenientes y burguesía industrial, incluyendo aquellasegún la cual no se daría una alianza sino una coincidencia coyuntural entre ambos grupos.Con los enfoques c) y d) compartiríamos, en cambio, la imagen de una comunidad de interesesentre ambos sectores en esta etapa y también la suposición acerca de las limitaciones quepresentaba su propuesta de industrialización. Nos acercaremos a d) en lo que se refiere laausencia de un proyecto alternativo de industrialización más profundo dentro de las clasesdominantes, pero diferimos de este en tanto señalaremos que, incluso ese proyecto limitado, noera percibido desde un comienzo como el proyecto hegemónico indiscutido de la clase dominante.El proceso no podría, por lo tanto, conceptualizarse como una fusión de intereses, sino de alianzaentre fracciones de clase.Encontraremos la oposición más decidida al proyecto de industrialización en un sector subordinadode los terratenientes y una clara expresión de esta actitud en la Unión vica Radical. Nuestraimagen es la de un proyecto que no es el indiscutido de la clase dominante. Su puesta en marchay su posterior mantenimiento exige la constitución de alianzas entre sectores de la clasedominante. No se trata de una situación en que la clase dominante quiere comparar la pasividadde la clase dominada, sino de una situación en la cual la permanencia de uno u otro proyectoestá aún en cuestión.Lo que el análisis de esta década pone de manifiesto es que el apoyo a la industria no puedeidentificarse ingenuamente con la adopción simultánea de orientaciones sociales y políticastambién "progresistas". El corte en cuanto al apoyo o rechazo de la industria no coincidenecesariamente con el corte entre fuerzas representantes de un orden nuevo globalmente"progresista" y un viejo orden globalmente retardatario, sino que dentro de los partidarios de laindustrialización se darán cortes fundamentales en cuanto a orientaciones sociopolíticas,introduciendo el concepto de alianza de clases, como condición para hacer posible el estudio delas relaciones de la fuerza en la sociedad y de la hegemonía en el Estado.El caso argentino, a partir de los años 30´nos servirá como ejemplo de configuración tempranade esta línea de alianza de clase. En lo que sigue trataremos de demostrar:La existencia de un proceso de alianza de clases en la Argentina durante la década del 30´, y sucontenido.Las condiciones que los hicieron posible.Los alcances y las limitaciones de esa alianza.
2. Las condiciones de la alianza de clases
Desde 1933 la industria argentina entra en una etapa de crecimiento durante la cual, de unasituación postergada, se transformará, en un decenio, en sector der de la economía. Laoriginalidad del caso argentino consiste en que, precisamente a partir de 1930, quienes controlasen el aparato del Estado son, indiscutiblemente, las fuerzas conservadoras "oligarcas", tras elintervalo abierto en 1916 por el radicalismo y a ellas deben atribuirse, por lo tanto, las medidas y
 
propuestas estatales que favorecieron, de hecho, el progreso de la industria. Esas fuerzas novariaron, por ello, su contenido de clase: siguieron siendo representativas de los hacendados máspoderosos, tradicionales beneficiarios de la economía agroexportadora.Una alternativa para esta constatación sería que las fuerzas conservadoras no hubiese podidoresistir las presiones de una oposición marcadamente favorable a los cambios de direcciónindustrialista, pero como veremos en el trabajo, ello no ocurrió entre 1933 y 1943: durante esosaños, ningún grupo social o político poderoso agitó un programa de crecimiento industrial másradical que el de la élite oficialista.La consideración de estos hechos abre un interrogante acerca de si el crecimiento industrial fueconcientemente impulsado por la elite conservadora o si se desarrolló a pesar de ella, comoconsecuencia no deseada de medidas que buscaban otro fin. Suponiendo la primera de estas dosalternativas cabe preguntarse cuál fue el contenido de la industrialización promovida, a fin dedeterminar si la misma afectaba de por sí a privilegios fundamentales de los propietariosterratenientes. En este caso se hubiera planteado una contradicción entre orientaciones de la élitepolítica e intereses de la clase dominante, posibilidad que no parece corresponder al desarrollo realdel proceso teniendo en cuanta que la única fuente de legitimidad para el poder político de esaélite estuvo en el consentimiento expreso de la "oligarquía" tradicional.El núcleo de este trabajo tiende a presentar el supuesto de que no hubo en el períodocontradicción entre una orientación por crecimiento industrial expresada en el Estado, y losintereses de la fracción más poderosa de los terratenientes, aunque sí la hubo con los de ungrupo subordinado de propietarios rurales.La facción más poderosa dentro de la oligarquía mantuvo el control hegemónico dentro de unaalianza de clases propietarias, en la que se incluían, por primera vez, los intereses de los gruposindustriales. La posibilidad de esta articulación de intereses requería ciertas formas limitadas deindustrialización y ellas fueron promovidas a través de una coherente política oficial que hizocrecer enormemente las esferas de la actividad del Estado en la estructura social. Se trata de unclaro ejemplo de crecimiento a partir de la sustitución de importaciones. Su resultado será unaeconomía industrial, pero "no integrada", basada en una industria liviana, productora de bienes deconsumo no durables.El proceso se basará en la expansión de una industria preexistente más que en un fomentodeliberado de una diversificación que hubiera debido apoyarse sobre una coherente política deinversiones. Las transformaciones se operarán sólo en el sector industrial, manteniéndoseinmodificada la estructura agraria, rasgo señalado como característico de la ISI.Durante el período se intensificaron las inversiones extranjeras, especialmente norteamericanas,en actividades de transformación, lo que aseguró a grupos industriales locales una "protección"especial de sus intereses frente a eventuales medidas del gobierno que pudieran tender a drenarel proceso de crecimiento.La crisis de 1929 marcará para la Argentina un cambio de rumbo trascendental en su situacióneconómica, al afectar su privilegiado status de país agroexportador. El modelo dejará ya de tenervigencia frente a las respuestas proteccionistas que los países centrales pondrán en prácticacomo alternativa a la crisis. Un ciclo parecía concluido: el de la economía primaria exportadoracomo excluyente núcleo de la economía argentina. En medio de una crisis que iluminarácrudamente la vulnerabilidad extrema de la Argentina frente al exterior, las élites tradicionales,que han recuperado el control de Estado, se ven favorecidas por la posibilidad de una limitadaindustrialización, en tanto el desarrollo de ciertas ramas de la manufactura es capaz de permitirun reajuste del sistema a los nuevos términos en que se plantea el comercio mundial.La oposición principal que enfrentaba a agrarios e industriales alrededor de las políticas de libre

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