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Platon - La Republica

Platon - La Republica

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Published by: César Olivares Palma on Jun 22, 2011
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10/16/2013

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PlatónLa República
INTRODUCCIÓN POR MANUEL FERNANDEZ-GALIANOLA GÉNESIS DE «LA REPÚBLICA»1.
El título de la obra
El título con que se conoce este tratado nocorresponde al original griego de
Politeía
que aparece enAristóteles: la traducción exacta de éste sería «régimeno gobierno de la polis (o ciudad-estado)»; pero, a travésdel latín
Res publica,
que tiene también este últimosentido y fue empleado por Cicerón para rotular su obrasobre el mismo tema, ha sido vertido con ese término alcastellano. Ello tiene el inconveniente de falsear lamente del autor en la misma portada del libro y sugeririnadecuadas representaciones en los muchos que notienen de él otra noticia que la de su nombre. Con todo,no se ha creído procedente cambiarlo, porque el títulotradicional de una obra es signo general de sureconocimiento y pertenece ya más al público que altraductor.El segundo título, agregado por Trasilo, astrólogo delemperador Tiberio, reza «acerca de la justicia» ; y enefecto, con una discusión sobre la justicia empieza eltratado. En esa discusión, como en cualquier otra quetrate de precisar un concepto, es indispensable que estépresente en la mente de los que discuten larepresentación de un objeto común cuya naturaleza seinvestiga; este objeto es aquí «el principio de la vidasocial», esto es, el vínculo que liga a los individuos yforma el Estado. De este modo uno y otro título sereducen al mismo asunto; no obstante, por derivacionesposteriores la reducción no es total y esto engendra undualismo de temas que es uno de los más señaladoscaracteres de la obra.2.
La polis o ciudad-estado
La polis fue la unidad social última del antiguo mundogriego: el nombre, como aún nos recuerda Tucídides (II15, 3), designó primeramente la fortaleza construida enlo alto de la montaña o la colina y se extendió despuésal conjunto de lo edificado al pie de ella
(ásty).
A talcentro de población vinieron a someterse a incorporarsedespués las aldeas circunvecinas. El vínculo original delos que constituyeron la polis debió de ser tribal, desangre o parentesco, referido a un héroe ancestral, y
 
efectivamente en todas partes quedaron instituciones yusos conformados con ese origen. Pero, en Atenas y enotros sitios, al correr del tiempo y sus azares, sintieronlos ciudadanos la comunidad de habitación y de vidacomo rasgo capital de su unión.La estructura de la polis o ciudad-estado se vio favo-recida por la disposición del territorio helénico, que cor-dilleras y golfos distribuían en pequeñas comarcas, y porla grata y sencilla creencia, recogida por Aristóteles, Pol.1326b 14-17, de que la comunidad política exige elconocimiento mutuo de todos sus miembros, sobreviveal imperio macedónico y a la constitución del romano yllega hasta el siglo II de nuestra era para resucitar engran parte durante la Edad Media y alcanzar el umbralde la época contemporánea.La diferencia entre la polis y el Estado o nación actuales fundamentalmente cuantitativa, no cualitativa. De ahí el interés que para nosotros tiene cuanto sobre ella sediscurrió y compuso.3. El
régimen democráticoLa república
de Platón no es en primer término la cons-trucción ideal de una sociedad perfecta de hombres per-fectos, sino, como justamente se ha dicho,
a remedialthing,
un tratado de medicina política con aplicación alos regímenes existentes en su tiempo. El autor mismo loconfiesa así y en algún pasaje (473b) manifiesta su pro-pósito de buscar aquel mínimo cambio de cosas por elcual esos Estados enfermos puedan recobrar su salud;porque enfermos, en mayor o menor grado, están todoslos Estados de su edad. Y cuando habla de la tiraníacomo cuarta y extrema enfermedad de la polis (544c),reconoce que son tambn enfermedades los tresregímenes que le preceden.Hemos de entender, pues, que, así como el estudio delenfermo ha de preceder a la consideración del remedio,así en la elaboración del pensamiento político platónicoel punto de arranque es el examen de la situación de lasciudades griegas contemporáneas. No obsta que, por ra-zones de método, sea distinto el orden de la exposición:es la realidad circundante lo que primero le afectó ypuso estímulo a su pensamiento. Esta realidad se lepresentaba varia y cambiante: los regímenes políticos noeran los mismos en una ciudad que en otra y en unamisma ciudad se sucedían a veces los más opuestos.Platón redujo toda esta diversidad a sistema imaginandouna evolución en que cuatro regímenes históricosfundamentales (timarquía, oligarquía, democracia ytiranía) van apareciendo uno tras otro, cada cual comodegeneración del precedente. La timarquía misma nacede la corrupción de la aristocracia, que es el mejorsistema de gobierno, el aprobado por Platón y elrepresentante de la sanidad primitiva. Salvo de éste, detodos tiene experiencia: la timarqa es el gimengeneralmente tan celebrado de Creta y Lacedemonia(544c); la oligarquía acaso no represente sino lasituación contemporánea, ya en degeneración, de esa
 
misma constitución timárquica. Los otros dos regímenesle eran aún mejor conocidos: la democracia, por Atenas,su patria; la tiranía, por su residencia en Siracusa, lacorte de los Dionisios. Claramente se percibe, sinembargo, que lo que está más viva y constantementepresente en el alma de Platón es el régimen de su propiaciudad, esto es, la democracia ateniense. Ella ocupabaun campo incomparablemente mayor en su experienciapersonal, no sólo como ambiente más prolongado de supropia vida, sino en razón de la mayor riqueza de hechosque por sí misma le ofrecía. Y es claro que toda lameditación constructiva del fisofo supone eldescontento y la insatisfacción de aquel régimen políticoen que había nacido y dentro del cual pasó la mayorparte de sus días.Hay ya en cierto pasaje del tratado (430e) el esbozo dealgo que podríamos llamar argumento ontológico contrala democracia y que, Ilevado a su inmediata consecuen-cia, entraña la negación de la posibilidad de aquélla. Sila democracia se entiende como forma del Estado enque el demo o pueblo es dueño de mismo, suconcepción resulta irrealizable, absurda y ridícula;porque el que es dueño de sí mismo es también esclavode sí mismo y con ello se hacen coincidir en un mismoser dos posiciones distintas, opuestas a irreductibles. Ladistinción hecha por Rousseau entre la «voluntadgeneral» y la «voluntad de todos» es algo que está enpugna con la mente de Platón, y por eso para él elargumento tiene entera fuerza. Ni en la ciudad ni en elindividuo ve voluntad general alguna, sino unadiversidad de partes con impulsos y tendencias de muydiferente valor. Lo que caracteriza al régimen político,como al régimen del individuo, es la preponderancia deuna parte determinada con su tendencia propia. Lademocracia no es, ni puede ser por tanto, el régimen enque el poder es ejercido por el pueblo ni por su mayoría,sino el predominio alterno, irregular y caprichoso de lasdistintas clases y tendencias: más que régimen, es unaalmáciga de regímenes en que todos brotan, crecen y secontrastan hasta que se impone alguno de ellos y lademocracia desaparece. De ahí la indiferencia moral deésta y la riqueza que ofrece su experiencia: allí haygérmenes del régimen mejor o filosófico y del peor otiránico; y con ellos, de los otros regímenes intermedios(557d). La condición que hace posible todo esto, la quedeja abiertos en todas direcciones la sociedad y el régi-men democráticos, es la libertad, y de libertad aparecehenchida la democracia; pero un régimen así, radical-mente falso y con iguales facilidades y propensionespara el bien y para el mal, no puede ser un régimenaceptable.Una de las más gratuitas y erradas afirmaciones quese han hecho respecto al espíritu de Platón es la de quesu antidemocratismo está enraizado en un mezquinoespíritu de casta, tesis conocisima de Popper: sufamilia, aunque de la mejor nobleza, había seguido unatendencia más bien abierta y liberal que exclusivista yconservadora; una influencia familiar no puede por lo

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