3
y la afirmación del yo social), que son incompatibles con ese proteccionismocomentado. Esa necesidad de protección a alguien que quiere escapar de ella,obliga a buscar como inevitable alternativa la articulación de diferentesmecanismos de control de sus actividades, para al menos tutelar que nadamalo le suceda.Esta realidad se une a la evolución de los espacios públicos de nuestrasciudades, que han sufrido transformaciones radicales. La ciudad ha mutadovertiginosamente. Ha pasado de estar conformada por barrios con unaidentidad propia y diferenciada, que emulaban las relaciones humanas y losespacios de encuentro de los pueblos desde los que sus residentes habíanemigrado, y en los que los niños y adolescentes se movían a su antojo por lascalles protegidos colectivamente por un entorno reconocible, a diluirsemediante un crecimiento desaforado, dentro de una sociedad que ha terminadoentronizando un individualismo poco pragmático, que hace prevalecer lanecesidad de privacidad sobre la de mantener unas relaciones vecinales queterminaban derivando en ocasiones en un molesto control social. Eseretraimiento hacia lo individual terminó aislando al núcleo familiar del resto de lasociedad (de la tribu, como acertadamente lo denomina el filósofo José AntonioMarina
2
) y una consecuencia de este proceso fue que la calle comenzó aentenderse como un elemento hostil, sobre todo para niños y adolescentes. Demanera que los padres, que se habían criado en las calles, en las plazas, y enlos parques, comienzan a entender que estos lugares han perdido su esencia yson ahora más peligrosos e inseguros, inadecuados por completo para susapreciados hijos. Estos antiguos espacios de reunión y construcción socialpasan a ser lugares de tránsito, y son abandonados por niños y adolescentes,salvo que vayan en compañía de sus padres..Ayudadas por estas transformaciones y por los altavoces mediáticos quemultiplican los sucesos puntuales que suceden, creando un estado de opiniónde alerta continua, las familias se han ido volviendo más conservadoras, másprotectoras y temerosas, focalizando principalmente esa protección y ese temoren los niños, y por extensión en los adolescentes. Para que esto fuese posiblese tuvo que comenzar a producir un ejercicio de infantilización de la
2
http://rivas.kallejeo.com/ninos-en-rivas-vaciamadrid/articulo/jose-antonio-marina-para-educar-un-nino-hace-falta-la-tribu-entera
Leave a Comment