Santa Gertrudis de Helfta
Mensaje de la misericordia divina
(1289)“Entonces el Señor, no pudiendo sufrir su tristeza, lepresentó, como en sus propias manos, su corazón, semejante auna ardiente lámpara, y le dijo: “
Aquí tienes mi corazón, dulcísimoinstrumento de la eternamente adorable Trinidad, que pongo antelos ojos de tu alma para que le ruegues con confianza que supla por ti cuanto no puedes completar por ti misma. De este modoaparecerá todo perfecto an te mis ojos. Porque lo mismo que unservidor fiel está siempre dispuesto a poner por obra la voluntadde su señor, así también mi Corazón de aquí en adelante velará por ti siempre, para reparar en todo momento tus negligencias
.”Después de haber permanecido allí oculta durante unrato, el Señor, que aunque “
habita en lo alto del cielo
” (Sal 113, 5),se goza sin embargo en comunicar su gracia a los humildes,parecía que hacía salir de su Corazón una especie de conductodorado, el cual, semejante a una lámpara, quedaba suspendidosobre aquella alma que estaba de esta manera abismada en elvalle de la humildad. Por medio de este conducto,maravillosamente derramaba sobre ella un raudal de todas lasgracias deseables. Así, por ejemplo, si se sentía humillada alrecordar ella sus miserias, el Señor, compadeciéndose al punto,derramaba en su alma, desde su sagrado Corazón, la agradablefrescura de sus divinas virtudes, las cuales hacían desaparecertodas sus imperfecciones y no dejaban aparecer más su rastroante los ojos de la divina misericordia. Asimismo, si deseaba ellaalguna gracia o esos dulces y agradables favores que el corazónhumano puede desear, al instante todos estos beneficios sederramaban suavísima y gozosamente en su alma por medio deeste canal de que hemos hablado. (L. III, 26).“Oyó en un sermón a un predicador que decía que ningúnhombre podría salvarse sin amor de Dios o, por lo menos, sintener algo de ese amor que le mueva a arrepentirse y aabstenerse del pecado por amor de Dios. Pero el Señor lerespondió: “
Cuando veo agonizar a los que se acordarondulcemente de mí alguna vez o hicieron alguna obra meritoria enla proximidad de su muerte, me muestro a ellos tan amable con mitierna bondad, que, desde lo más íntimo de su corazón, searrepienten de haberme ofendido, y así por esta penitencia sesalvan. Por eso, desearía que mis elegidos me glorificaran por estadignación, dándome gracias especialmente por este beneficio, sinolvidar todos los demás
”. (L. III, 29).“A lo que respondió el Señor: “
Una mirada de mi divinamisericordia te preparará del modo más perfecto posible
”. Y alhacerlo, el Señor parecía dirigir su mirada como rayos de sol a sualma, diciendo: “
Fijos en ti los ojos, seré tu consejero
” (Sal 32, 8).En estas palabras entiende que se trata de aquel triple efectoque la mirada divina obra en el alma de manera semejante al soly también de tres modos debe prepararse el alma paraconseguirla. En primer lugar, pues, la mirada de la misericordiadivina igual que el sol vuelve al alma blanca y limpia de todamancha, como si fuese más blanca que la nieve: y ese efecto seadquiere por el humilde reconocimiento de los propios defectos.En segundo lugar, la mirada de la misericordia divina ablanda elalma y la dispone para recibir los dones espirituales, como la cerase ablanda con el calor del sol y la prepara para recibir cualquiersello: este efecto lo alcanza el alma por la atención perfecta. Entercer lugar, la mirada de la misericordia divina fecunda el almacon la rica variedad de las virtudes, como el sol a la tierrafecunda, para producir las diversas clases de frutos: y este efectose alcanza por la confianza inquebrantable, por la que el hombre
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