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Jacques Ranciere - La democracia es el poder de cualquiera (entrevista)

Jacques Ranciere - La democracia es el poder de cualquiera (entrevista)

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democracia 
48/El Viejo
Topo
.
 
democracia 
El Viejo
Topo
/49
—¿
Qué relevancia considera que han tenido en su obra y en supensamiento su relación y su posterior ruptura con Louis  Althusser 
?—Mi relación con Althusser tiene que ver con la circunstanciade que yo era alumno de la École Normale Supérieure, en la queél era profesor. En aquel tiempo yo era al mismo tiempo un jo-ven filósofo, un joven militante comunista, de ahí que fuera re-clutado para ese seminario sobre
El Capital.
Por otra parte, yohabía hecho con anterioridad un trabajo sobre el joven Marx.En aquella época, por supuesto, estaba muy atraído por el pen-samiento de Althusser. Después llegó mayo de 1968, que pusode manifiesto que toda la lógica althusseriana, la oposición queestablecía entre ciencia e ideología, la dirección de la claseobrera y de su Partido, todo aquello se reveló en mayo de 1968como un discurso de orden, y en particular, después de mayode 1968, cuando no se sabía cuál sería la secuencia de los acon-tecimientos (con la creación de la universidad de París VIII, enla que participé), el althusserismo se había convertido clara-mente en una filosofía del orden: había que hacer caso a la cien-cia; había que callarse y esperar a que la ciencia determinara lascondiciones objetivas de la transformación del Partido, de la re-volución, etc. La ruptura con Althusser no fue personal; nuncallegué a mantener una relación estrecha con él, y además fuecompartida por un conjunto de personas que habían sido alum-nos suyos, que quisieron conocer su pensamiento y percibieronla total oposición del mismo a todo lo nuevo y potente delmovimiento de mayo de 1968. Después escribí un libro contra Althusser [
La lección de Althusser 
, 1974], no porque tuviera queajustar cuentas con él, sino porque en aquel momento se asis-tía a un intento de hacer como si no hubiera pasado nada. Des-pués de aquello –hace más de treinta años que escribí aquellibro–, todo el resto de mi trabajo ha sido completamente inde-pendiente tanto del pensamiento de Althusser como de aquellaruptura con Althusser.
—Después de la ruptura con Althusserusted da comienzo a unabúsqueda de los momentos en los que ha habido “política”,unabúsqueda que le lleva a Greci,y al periodo de la creación del mo-vimiento obrero,del proletariado.¿Por qué estos momentos per-miten pensar lo político? 
—Se trata de dos cuestiones diferentes. La cosa no sucedió exac-tamente de esa manera. He comenzado trabajando durantemucho tiempo sobre la historia obrera –después del althusse-rismo, después de mayo de 1968, después del desplome de las
La democracia es el poderde cualquiera
Entrevista a
Jacques Rancière
por
 Amador Fernández-Savater y Raúl Sánchez
on tan sólo 25 años, Jacques Rancière interviene en el célebre seminario dirigido por Louis Althusser,
Paraleer El Capital 
,que se convierte luego en el libro del mismo nombre. La ola de Mayo del 68 le lleva luegolejos de su primer maestro, pero no le deja varado en ninguna playa de conformismo o arrepentimientocomo a tantos otros. Por el contrario, su obra tiene hoy gran relevancia pública porque devuelve al concepto dedemocracia su potencia de escándalo: Rancière rompe la alternativa dominante entre el poder de las oligarquíaspolíticas y económicas o el de los ancestros y las etnias, definiendo la democracia como
el poder de cualquiera
.
C
.
 
esperanzas que suscitara mayo de 1968–, para tratar de com-prender lo que había ocurrido en realidad, cuáles habían sidolos verdaderos motores del movimiento de la emancipaciónobrera. En efecto, esto me condujo a un distanciamiento consi-derable respecto a la tradición marxista y a sus problemas detransformación del modo de producción, que acarrearía unatransformación de la conciencia obrera, y de esta suerte a undistanciamiento aún mayor respecto a los temas de la toma deconciencia objetiva y de la necesidad económica. En aquel tra-bajo estaba particularmente interesado en todo aquello que enla emancipación obrera se presentaba ante todo como una vo-luntad de cambiar la vida. En mayo de 1968, por así decirlo,contraponíamos a duras penas las consignas estudiantiles, deltipo “cambiar la vida”, a la historia de las reivindicaciones de laclase obrera. Trabajando sobre el nacimiento de la emancipa-ción obrera, me di cuenta de que, en el fondo, para ellos lo esen-cial era cambiar la vida, es decir, que lo esencial no era la afir-mación de un pensamiento, de una cultura obrera propios, sinoen el fondo la voluntad de ser partícipes de un mundo común,dotado en cierto modo del mismo lenguaje, de la misma mira-da, del mismo pensamiento que los demás. Más tarde esto mecondujo a reformular la política con arreglo a lo que he deno-minado el “reparto de lo sensible”, es decir, de la idea de que lapolítica no consiste ante todo en las constituciones, las leyes,los modos de gobierno, sino que la política es ante todo la cons-titución de una especie de mundo común que es además unmundo de la capacidad común. En este sentido, pensé laeman-cipación obrera como un movimiento político, pero un movi-miento político entendido ante todo como la voluntad detransformar los datos elementales que hacen posible un mundopolítico común. Grecia llegó más tarde, de una manera más in-directa, por así decirlo. No buscaba los orígenes de la política:emprendí aquel trabajo porque en la década de 1980 podemosdecir que la
doxa
dominante marxista había dejado paso a unanueva
doxa
que decía precisamente: “es hora de volver a la polí-tica”, y ello en el contexto de un descenso de los movimientossociales, del reflujo en cierto modo general de los movimientosde emancipación. Ese “retorno a la política” pasaba por Hannah Arendt, Leo Strauss, y por la consigna de una vuelta a los clási-cos griegos, a la concepción clásica del bien común, a una polí-tica basada en la posesión común del lenguaje, y cosas por elestilo. En este periodo trabajé sobre Grecia para mostrar cómola división estaba ya constituida en aquel momento inicial: nohe llevado a cabo una investigación arqueológica para demos-trar cómo la política comenzó en Grecia, sino más bien una in-vestigación que podríamos llamar polémica para contraponer
otra
Grecia a la Grecia preconizada bajo los auspicios de Platón, Aristóteles, Leo Strauss, Hannah Arendt, y que al fin y al caboconducía esencialmente a una aprobación del consenso domi-nante, diciendo: “Hay que restaurar la política; la política es unacuestión seria, una cuestión de partidos, de gobierno”. Precisa-mente en aquel periodo se contraponía airadamente la políticaa lo social, la política como mundo de la acción colectiva libre y lo social como mundo de la necesidad económica miserable: enese contexto volví, por así decirlo, al estudio de textos como losde Aristóteles. En ellos, en sus definiciones aparentemente mássencillas, como la definición del ser humano como un animalpolítico, porque está dotado de lenguaje, encontramos ya unadivisión, puesto que el problema consiste en saber quién habla,cuáles son las voces percibidas como lenguaje, como argumen-tación, como logos, y, por el contrario, cuáles son las voces queson percibidas como un mero vociferar.
—Otro concepto importante en su obra,que se presenta como loopuesto a la política,es el de “policía” 
,
o de la “lógica de policía”.¿Cómo se inscribe o se encarna este concepto a la luz de la histo-ria de la filosofía política? 
—Mi idea es que lo que llamamos política es siempre, en reali-dad, el producto de una suplementación, de una división. Hay dos maneras de pensar la estructuración de las colectividadeshumanas. Se la piensa como una totalidad compuesta de partes,con funciones y lugares que corresponden a esas funciones, conmodos de ser y competencias que corresponden asimismo aesas funciones, y esto es lo que denomino la división policial[policière], que en cierto modo es la división que establece laRepública de Platón. En un plano más general, diría que se tratade la división normal de un gobierno: se entiende un gobiernocomo el gobierno de una población, que divide esa población engrupos sociales, grupos de interés, y se presenta como árbitroentre los grupos, dice lo que cada uno puede y debe hacer, etc. A mi modo de ver, la política comienza precisamente cuando sesale de ese modo funcional: de ahí que afirme que el pueblo, eldemos, no es la población, pero tampoco los pobres. El demosson la
 gens de rien
, los que no cuentan, es decir, no necesaria-mente los excluidos, los miserables, sino cualquiera. Mi idea esque la política comienza cuando nacen sujetos políticos que yano definen ninguna particularidad social, sino que definen, porel contrario, el poder de cualquiera, en tanto que suplemento y oposición respecto a toda forma de particularidad social.
—Su último libro,recién traducido en lengua española,se llama
El odio de la democracia.
¿En qué consiste a su modo de ver este nuevo odio de la democracia? 
—Este nuevo odio de la democracia presenta dos aspectos. Enprimer lugar, encontramos el aspecto que podríamos denomi-nar “oficial”, es decir, hay una denuncia por parte de los go-
democracia 
50/El Viejo
Topo
.

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