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PREGÓN DE LAS INVIERNAS – 24 de Junio de 2011FIESTAS EN HONOR DE SAN ACACIO
Queridos y “tremendos”, ¡“Invernizos”!; amigos y amigas delmuy amable y acogedor pueblo de las Inviernas.He aceptado con gusto la invitación de vuestra reciénestrenada y flamante alcaldesa y buena amiga, MarisaVillaverde, de ser este año el pregonero de vuestras alegres ytradicionales fiestas patronales.Es para mí un inmenso honor pregonar en estas tierras, mistierras, de esta alcarria fronteriza, ya casi serrana, donde mimadre pasó más de 40 años enseñando a los niños, mientrasmi padre paseaba su impecable tricornio, fortaleciendovínculos y estrechando amistades, ante la práctica ausencia demalhechores y delincuentes, entre tanta buena gente. Daniel,el guardia civil, y Doña Rosario, la maestra, me inculcarondesde muy niño un amor sin límites por estos lugares, por sunaturaleza, sus parajes, sus gentes y sus costumbres. Y es también un orgullo, como hombre creyente que soy, pregonar vuestra fiesta en honor de San Acacio, gloriosomártir del cristianismo, en los primeros años de la historia dela Iglesia.Según las Actas de los Mártires, San Acacio fue denunciadocomo cristiano, por el tribuno Flavio Fermo, en Perinto deTracia, donde el juez Bibiano mandó que le torturarancruelmente. Después fue trasladado a Bizancio, donde leflagelaron públicamente y, finalmente, le decapitaron.
 
Sin duda, en vuestro noble pueblo, hace siglos, vuestrosantepasados quedaron admirados y fascinados, considerandoel valor con el que este esforzado militar defendió su fe,frente a sus poderosos y ruines adversarios, hasta sellar él,con su sangre, su fidelidad inquebrantable a sus creencias y principios. Admiraron vuestros antepasados a San Acacio,vieron en él un paradigma de valentía, un ejemplo digno deimitar, y lo establecieron como patrono de esta distinguidavilla, implorando su memorable intercesión en pro de lasfamilias, las cosechas, los bienes y los ideales de susmoradores.Pensaron también, sin duda, en los que les habían desuceder en estas tierras maravillosas, pero también duras,abnegadas por los rigores de los inviernos gélidos y loscalores estivales, y quisieron transmitiros sus grandesconvicciones morales, costumbristas y sociales, queconformaban el tesoro más rico de su existencia.Y ésta es, queridos amigos, la esencia y la grandeza de LasInviernas, de nuestra provincia, de nuestra región, de Españaentera y de la “vieja Europa”: un colosal legado, que haconfigurado la civilización occidental, seguramente la más próspera en bienestar material y, desde luego, en valores,aunque ahora algunos pretendan ignorarlos, relegarlos oreemplazarlos.Propio de los hombres de bien, es mirar a su pasado, a susancestros, a sus raíces y tradiciones, y no sólo para aprender y evitar caer en los mismos errores, sino también para saber valorarse, gozarse, y celebrar orgullosos nuestras ricas ysingulares herencias.

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