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Corpus Christi (ciclo A)
En la primera lectura de hoy se nos ha recordado cómo el pueblo de Israel, ensu travesía por el desierto, sintió hambre y cómo el Señor le dio a comer el maná, quefue un don de Dios, la respuesta divina al hambre del pueblo de Israel para que nodesfalleciera.La vida del hombre en la tierra, nuestra vida, se parece siempre a una travesíadel desierto. Porque en nuestro corazón hay un ansia de verdad, de bien y de bellezaque nunca se ve totalmente satisfecha por los bienes que encontramos y realizamosaquí en la tierra. Y en este sentido el mundo, la vida, a pesar de todas las realidadesbellas que nos ofrece, nunca es nuestra morada definitiva, nuestra tierra prometida,porque siempre aspiramos a más, porque nuestro corazón sigue estando inquieto.
“Yo
 
soy el pan vivo que ha bajado del cielo”. Jesús se presenta como el pan que
puede saciar el hambre de nuestro corazón, como la respuesta total, exhaustiva, al
deseo del hombre; de tal manera que “el que come de este pan vivirá para siempre”.
En la Eucaris
tía Cristo nos da este pan, que nos permite “subsistir en medio deldesierto”, es decir, mantener nuestra humanidad en medio de un mundo inhumano.
 Nuestro mundo del siglo XXI es un mundo
inhumano 
no sólo porque a menudotrata al hombre como si fuera una cosa, sino también y antes de eso, porque piensaque el hombre es
sólo 
un ser de necesidades y que él
 –
el mundo, la sociedad, elEstado- puede saciar todas esas necesidades. Pero la necesidad más profunda delhombre es Dios, y el mundo no puede darle a Dios
. “Él te afligió haciéndote pasar hambre (…) para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo cuantosale de la boca de Dios”. La
inhumanidad 
de nuestro mundo radica en que ignora estahambre de Dios, que es, sin embargo, la necesidad más profunda de nuestro corazón.Es inhumano atiborrar al hombre de bienes económicos, psicológicos y culturales,olvidando el Bien esencial al que aspira, que es Dios.Ese Bien es Cristo, quien, en la Eucaristía, se hace alimento para nosotros. Lopropio de Cristo como alimento es que no somos nosotros quienes los asimilamos a Él,sino que es Él quien, sin destruirnos, nos asimila a nosotros. Al comulgar, al recibirlo aÉl en la Eucaristía, Él nos incorpora a Sí mismo, a su Cuerpo, que es la Iglesia, y noshace
miembros 
suyos.Ser
miembro 
supone un descentramiento de sí mismo para existir centrado enOtro
 –
en Cristo. La gracia de ser miembro del Cuerpo de Cristo exige de cada uno de
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