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Carta Decano

Carta Decano

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Published by Diego Vela Grau
Carta escrita al Decano por Juan Ignacio Silva
Carta escrita al Decano por Juan Ignacio Silva

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04/12/2013

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Señor Francisco RosendeDecanoFacultad de Ciencias Económica y AdministrativasPontificia Universidad Católica de ChileMi nombre es Juan Ignacio Silva y entre los años 2006 y 2010 fui alumno de laFacultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Pontificia Universidad Católicade Chile, titulándome de Ingeniero Comercial el año 2011. En mi paso por la Universidady la Facultad aprendí muchas cosas, desde aspectos técnicos de administración yeconomía, hasta aspectos de formación general como persona. Tomé cursos de filosofía,pintura, historia, etc., y participé y/o dirigí diversas actividades extracurriculares: pastoral,trabajos, misiones, foros, debates, elecciones. De la Universidad me llevo muy buenosrecuerdos, grandes amigos y una sólida formación.Curiosamente, una semana antes de mi titulación, estuve en otra actividad en elCentro de Extensión de la Universidad: un encuentro con los sacerdotes Mariano Puga yJosé Aldunate SJ, quienes nos invitaban a no seguir permitiendo que la UniversidadCatólica, por medio de sus ex alumnos,
construyera el anti Reino
, es decir construiraquello opuesto al Evangelio de Jesús, quien nos dijo hace 2000 años
que “e
n verdad,cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lohicieron a mí
1
o a aquello que el
Papa Benedicto XVI nos sigue invitando, a “una
solidaridad creativa, no sólo para distribuir lo superfluo, sino cambiando sobre todo losestilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de
poder que rigen hoy la sociedad”
2
.En este encuentro me preguntaba si realmente estaba en la misma Universidadque me había formado, si las palabras de estos sacerdotes encontrarían eco al interior demi Facultad, o si yo estaba viendo solamente un bello espejismo. Pero durante laceremonia de titulación, donde el Decano y el Rector nos proponían a los graduadostrabajar en pos del bien común, poniendo especial atención en quienes menos tienen, medi cuenta que estaba en el mismo lugar: la Pontificia Universidad Católica de Chile. Enambos discursos se hizo un llamado fuerte y claro a trabajar por el bien común,
mencionando muchas veces palabras como “pobreza”, “desposeídos”, “sociedad”,“realidad”.
En ese momento, los discursos del Decano y del Rector me hicieron confiar en queMariano y José no eran los únicos que querían una universidad más orientada al serviciode quienes menos tienen, de aquellos que el sistema ha dejado de lado, de esos quefueron
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y sin duda siguen siendo- los predilectos de Jesús.Pero me apenó profundamente ver que, en mi Facultad, esas palabras
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de lossacerdotes en el encuentro, y las autoridades en la graduación- nos son más queintenciones y palabras que se vuelan en el tiempo y pasan a ser lugares comunes dediscursos, pues en el diario vivir de la Facultad, no tienen cabida.Ahora que soy Ingeniero Comercial siento que algo faltó en mi formación comoestudiante. Siempre lo sentí, pero esperé hasta el final de mi carrera para ver si la visióncristiana de la Universidad Católica llegaba a las ciencias económicas y administrativas y
1
Mateo 25, 40.
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Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial por la Paz, 2009.
 
las teñía de un tono humanista, integral y que promoviera estructuras sociales para crearun mundo más fraterno y humano. Ese día no llegó, hasta la graduación.En un comienzo me pareció muy bueno el llamado del Rector y el Decano, perome quedé pensando y me llamó profundamente la atención que, durante esos minutosque duró la ceremonia, esas palabras sonaron en mayor cantidad, y con más fuerza,frecuencia y convicción que a lo largo de toda la carrera. Durante los años que fui alumnode la carrera escuché a los profesores hablar de maximización de utilidades, mercado decapitales perfecto, cuentas por cobrar, ventas y estrategia, pero no los escuché hablar depobreza, justicia social, redistribución de la riqueza, políticas públicas. Tampoco losescuché haciendo frente a un modelo económico que algunas veces reproduce pobreza,inequidad, fomenta el individualismo y el consumismo. Tampoco escuché una propuestahumanista, integral y trascendente de la economía.
Tampoco escuché de la “
la opciónpreferencial por los pobres que está implícita en la fe cristológica
3
.Viendo la historia de nuestra Facultad, creo que la ésta ha sido partícipe degrandes cambios en la sociedad chilena, entregando al país servidores en muchosámbitos: sacerdotes, líderes sociales, empresarios, políticos y personajes anónimosluchando por un país más justo, humano y fraterno. Pero también creo que nuestraFacultad ha colaborado pertinazmente en la reproducción de las grandes injusticias denuestro país, de un modelo económico que mantiene a millones en condiciones pocoevangélicas y promueve y fomenta una lucha desmedida por la riqueza, que ha llevado agrandes atropellos a la dignidad humana. Pero, penosamente, constato que quienesmejor han encarnado el espíritu de la Facultad han sido aquellos, que, usando laeficiencia a ultranza, han maximizado utilidades empeñando la dignidad de sustrabajadores, de la sociedad y del medio ambiente. Se nos enseñó que esta ciencia social
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la economía- no respeta supuestos que le son anteriores y superiores: la dignidadhumana y el trato fraterno al que nos invita el Evangelio de Jesús, Señor de los Pobres.Asimismo, creo que nuestra Facultad fue muy relevante en las reformas
económicas llevadas a cabo en Chile especialmente en los años ’80, las cuales han
permitido a muchos salir de la pobreza, trabajar por sueldos dignos y mejorarintegralmente su calidad de vida. Pero ese modelo de desarrollo también nos ha llevado auna cultura de individualismo, materialismo, competencia y consumismo extremo, dondeestamos valorando a las persona por cuánto tienen
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incluso por cuanto aparentan tener-en vez de valorar al otro por lo que es: ser humano digno de respeto y admiración. Estoha llevado a que muchos, como no pueden tener todo lo que el modelo les indica comodeseable, aparenten o incluso utilicen medio ilegítimos para conseguir eso que es
“bueno”. La violencia que se vive, la falta de esperanza, el trato inhumano, es
-en parte-fruto de una violencia económica, la injusticia y las diferencias abismantes que nosseparan como sociedad.Todos estos años soñé con una Facultad donde se incentivara el profesionalismo yla capacidad de emprender, pero sin dejar de lado a quienes menos tienen, una Facultadque nos preparara para trabajar en organismos públicos y privados, con y sin fines delucro, una Facultad inclusiva y fraterna, donde las diferencias fueran vistas como unariqueza y no como una amenaza, una Facultad donde, con la misma fuerza con que senos enseña a maximizar utilidades, se nos enseñara el respeto por los trabajadores y elmundo sindical, una Facultad donde las ventas estuvieran ligadas a la honestidad, donde
3
Benedicto XVI, Discurso Inaugural de Aparecida.

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