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Politica Del Rebelde - Michel Onfray

Politica Del Rebelde - Michel Onfray

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07/06/2013

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Política del rebelde. Tratado de la resistencia y la insumisión[fragmento] (Michel Onfray)
Las jerarquías son ficticias, las desigualdades fantoches; no hay superhombres, ni infrahombres, tampoco hombres convertidos enanimales, en contraste con otros ungidos por los dioses del Valhalla: nada vale el artificio cuando la esencia lo dice todo y expresa laverdad absoluta de la especie. De los SS, Robert Antelme, en L’Espéce Humaine, escribe: “Pueden matar a un hombre, pero nopueden transformarlo en otra cosa”. Esa es la primera verdad descubierta en el campo de concentración, de naturaleza ontológica: laexistencia de una sola y única especie, y la naturaleza esencial de lo humano en el hombre, enclavada en el cuerpo, visceralmenteasociada con la carne, el esqueleto, la piel y los huesos, con lo que queda de un ser, mientras un hálito, incluso frágil, aún lo anime.La verdad de un ser humano es su propio cuerpo.Devastados por los furúnculos, destruidos por el ántrax, las heridas hormigueantes de gusanos, la carne devorada por los piojos, lapiel violeta, agujeros que horadan la cara, la sangre consumida por los parásitos, los miembros helados y podridos, rapados, sinpelos, forzados cada día a bailar una danza macabra hasta el agotamiento, hasta la postración, incluso hasta que la muerte invadafinalmente y para siempre el cuerpo: hasta en estos extremos el cuerpo del hombre triunfa en el lugar inexpugnable de suhumanidad. Esta es la segunda verdad surgida de los campos, que sobrevuela los cadáveres. Ante la naturaleza y ante la muerte,sostiene Antelme, no hay diferencia sustancial. La esencia es la existencia, y viceversa. Ninguna precede a la otra, están fusionadas,como el cuerpo y su sombra.De modo que esta ontología puesta de relieve por una fisiología -si no es al revés- exige que se sepa que lo esencial es el individuo yno, por cierto, el sujeto, el hombre o la persona. Lo que muestran los campos, tercera verdad, es que más allá de todos los artificiosposibles e imaginables, comunes y familiares tanto para los nazis como para los amantes de ideologías gregarias que hacen delprimero un sujeto de derecho, del segundo un género de la especie humana, o una persona que se mueve en un escenario metafísico,lo que hace a la irreductibilidad de un ser es su individualidad, y no su subjetividad, su humanidad o su personalidad.El individuo es quien sufre, padece, tiene hambre y frío, habrá de morir o saldrá adelante, es él, en su cuerpo, y por lo tanto en sualma, que recibe los golpes, siente el avance de los parásitos, así como la debilidad, la muerte o el horror. Todo nuevo rostro que sedibuja en la arena después de la muerte del hombre pasa por esa voluntad deliberada de realización del individuo, y nada más.Por otra parte, quizás el hombre haya vivido sus últimos momentos en los campos. Después de que Foucault dio las fechas denacimiento, podría formularse la hipótesis de una fecha de defunción, para esculpir y materializar en una lápida los extremos entrelos cuales desarrolló su enseñanza. Y, además, es necesario acabar de una vez con ese término que, jugando con la duplicidad y lapluralidad de las definiciones, permite someter al conjunto de la humanidad, incluida su mitad femenina, bajo la sola y única rúbricade Hombre.Siempre me molestó que, en ese registro, las mujeres fueran hombres –por ellas, si me lo permiten-. Pues los campos handemostrado, más allá de las variaciones semánticas y de las diversidades, que la individualidad es lo que tienen en común los sereshumanos, sin importar su sexo, edad, color de piel, función social, educación, proveniencia, pasado: un solo cuerpo, aprisionado enlos límites indivisibles de su individualidad solipsista. La fisiología que constituye la ontología ignora lo diverso para definir un soloy único principio.Del sujeto podemos decir, desgraciadamente, que ha sido exacerbado en esta época y en estos lugares. Define al ser por la relación yla exterioridad, negándole una identidad propia que se le atribuye solamente por y en la sumisión, la subsunción a un principiotrascendente, superándolo: la ley, el derecho, la necesidad o cualquier otra cosa que incita a hacer la economía de sí en provecho deuna entidad estructurado por su participación, su docilidad. El sujeto es siempre de algo o de alguien. De modo tal que siempreencontramos un sujeto menos sujeto que otro, en la medida en que, apoyado sobre el principio en cuestión, uno se sienteincesantemente autorizado para someter a otro: el juez, el político, el docente, el prelado, el moralista, el ideólogo, todos aman tantoa los sujetos sometidos que temen o detestan al individuo, insumiso. El sujeto se define en relación con la institución que lo permite,de ahí la distinción entre los buenos y los malos sujetos, los brillantes y los mediocres, es decir: aquellos que consienten el principiode la sumisión y los otros. Con su preocupación por la conciencia que se rebela y no acepta, Antelme recuerda que un sujeto no sedefine por su conciencia libre sino por su entendimiento sometido, fabricado para consentir la obediencia.
 
La persona tampoco me agrada. Aquí también la etimología, etrusca en este caso, recuerda que la palabra proviene de la máscarautilizada en la escena. Que el ser sea con relación a lo que se somete o por su modo de presentarse, no me convence, ni en uno ni enotro caso. La metáfora barroca del teatro, la vida como sueño o novela, la necesidad de la astucia o de la hipocresía, del juego socialque presupone la persona del teatro, implican también el recurso al artificio: el ser para el otro no es el ser en su resplandor, ni en sumiseria. El campo de concentración olvidó al hombre, celebró al sujeto, tornó improbable a la persona y puso de manifiesto alindividuo. Las tres figuras de la sumisión funcionaron en la juridicidad, el humanismo y el personalismo. Quedan por formular lascondiciones de posibilidad de un individualismo que no sea egoísmo.Lejos de la red, de la estructura, de las formas exteriores que dibujan los contornos provenientes de lo social, la figura del individuoremite a la indivisibilidad, a la irreductibilidad. Es lo que queda cuando se despoja al ser de todos sus oropeles sociales. Bajo lassucesivas capas que designan al sujeto, al hombre y a la persona, encontramos el núcleo duro, entero, la mónada cuya identidadnada, salvo la muerte -y quizá ni eso-, puede quebrar. Unidad distinta en una serie jerárquica formada por géneros y especies,elemento indivisible, cuerpo organizado que vive su propia existencia, y que no podría dividirse sin desaparecer, ser humano encuanto identidad biológica, entidad diferente de todas las otras, si no unidad de la que se componen las sociedades: el individuosigue siendo irreductiblemente la piedra angular con la que se organiza el mundo.La certeza del individuo, su naturaleza primera, atómica, obliga a deducir y a pronunciarse por el solipsismo. Sin hacer concesionesa las extravagancias metafísicas y excesivas de un Berkeley, se puede adelantar la idea de un solipsismo -solus ipse- en virtud de locual cada individualidad está condenada a vivir su única vida, y sólo su vida, a sentir, experimentar, tanto lo positivo como lonegativo, solamente para sí y por sí. Todos hemos conocido, conocemos o habremos de conocer los goces y los sufrimientos, lasheridas y las caricias, las risas y las lágrimas, los llantos y las alegrías, la vejez, la angustia y el miedo, la muerte, pero estamos solos,sin poder transferir la menor sensación, imagen o sentimiento a un tercero, excepto bajo el modo participativo, perodesesperadamente ajeno, apartado y extraño. Cuarta lección para aprender del campo de concentración, siempre en el terrenoontológico: La constante evidencia del solipsismo y la condena del individuo a sí mismo. L’Espéce Humaine hace del campo deconcentración el lugar de este experimento. Las escenas de violencia física, las palizas son descriptas con sobriedad. De la mismamanera, con el tono de un moralista que hubiese tomado lecciones de concisión y lucidez de la Rochefoucault, Antelme afirma quecada uno “sabía que entre la vida de un compañero y la propia, se elegía la propia”.Reducido a la pura individualidad, a la protección de lo que en si constituye el sustrato de toda vida y de toda supervivencia, RobertAntelme saca a luz un principio denominado por él la vena del cuerpo, según el cual, ante el espectáculo del golpeado, del torturado,existe siempre, en el fondo de sí, allí donde se estancan y yacen las partes malditas, una satisfacción de un tipo particular, un modoextraño de gozar que supone el placer de no ser el hombre golpeado. No significa que se disfruta con el sufrimiento del otro, sinoque es una forma de autoprotección, para evitar que aquel sufrimiento nos contamine, puesto que el hecho vale como placer de undolor evitado, principio de un hedonismo negativo. Afectado por la compasión, fragilizado por la misericordia, toda individualidadsometida al ritmo y a las cadencias violentas de los campos de concentración habría estallado, lisa y llanamente. Vena del cuerpo,pues…Se trata de hacer algo del individuo descripto, mostrado y reducido de este modo, de esta figura causada por la indigencia y ladeconstrucción máxima. Caído al grado cero de la unidad, frente a lo que permite construir o reconstruir, ahora se trata de ascenderhacia una complejidad que determine y defina el pasaje de la metafísica a la política. Toda política, tradicionalmente, propone unarte para someter al individuo y hacer de él un sujeto por medio de las desventajas y ventajas que concede una persona. Se distinguecomo técnica de integración de la individualidad en una lógica holista en la que el átomo pierde su naturaleza, su fuerza y supotencia. Proclamadas todas las utopías, pero también los proyectos de sociedad que pretendieron reivindicar la ciencia, lo positivo yel utilitarismo más sobrio, plantearon este axioma: el individuo debe ser destruido, luego reciclado, integrado en una comunidadproveedora de sentido. Todas las teorías del contrato social se apoyan sobre esta lógica: fin del ser indivisible, abandono del cuerpopropio y advenimiento del cuerpo social, único habilitado, luego, para reivindicar la indivisibilidad y la unidad habitualmenteasociadas al individuo.Ahora bien, la política que construya sobre, por y para la mónada aún no ha sido escrita. Como arte de olvidar, descuidar, contener,retener, canalizar, superar o pulverizar al individuo, desde hace siglos, propone variaciones, basadas todas en el tema de estanegación. El individuo nunca es percibido y concebido como entelequia, sino siempre como parcela, fragmento que exige, para serrealmente, un gran todo promotor de sentido y de verdad. Sumisión, sujeción, servidumbre, renuncia, subsunción, siempre ennombre del todo al que se le exige terminar con la parte, la que triunfa, sin embargo, como un todo por sí sola.

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a los que tienen completo ''la política del rebelde'': compartirlo. gracias.

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