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La vida automática - Alberto Vázquez Figueroa

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La vidaautomática
 ALBERTO VÁZQUEZDeabruak.com
deabruak@deabruak.com
Septiembre 1998 Volumen nº 8
Copyright © 1998 Alberto VázquezCopyright © 1998 Deabruak.comTodos los derechos reservadosEditado originalmente por Deabruak EdicionesI.S.S.N.: 1139-5311Depósito Legal: SS-1030/1998San Sebastián, Unión Europea
        C        U        A        D        E        R        N        O        S        D        E        U        R        G        E        N        C        I        A        P        A        R        A        T        I        E        M        P        O        S        R          Á        P        I        D        O        S
 
 
Nacer con treinta y siete grados de temperatura apenas tiene importanciapues no es mérito de nadie asomarse a este lugar que algunos denominan paraísoy otros infierno,aunque las definiciones que más abundan son parecidas a algo así comopurgatorios,purgatorios con leves desviaciones hacia sus puntos cardinales,nadaimportante,se cura con la edad y generalmente más pronto que tarde,purgatoriosextraños donde la gente se mira la una a la otra como despistada,perdida,¿cuálesson los pecados que tan dolorosamente hemos de expiar? parecen preguntarse,pero sólo lo parece porque no es una pregunta real sino que no es más queun destello que se ignora,no,que no llega a aflorar,que no existe nunca,comoesas miradas olvidadas que se entrecruzan con azoramiento,como ellos mismos,seres pululantes sin tiempo ni memoria que no alber-gan recuerdos más allá de la niñez,los más viejos de los dos o tres años de anti-güedad después del alumbramiento,nada más de tiempos anteriores,de cuandonadaban en el líquido caliente del seno materno,sin recuerdos más allá del tiem-po pre-concepción,seres olvidadizos los que caminan solos hacia un puerto que denominanmuerte cabalgando un extraño invento que llamamos con demasiado ahínco tiem-po,con una mano en la frente como Satanás cuando,en Circus Boulevard se llegahasta su madre,con una mano en la frente ella también,todos los demonios lle- van una mano en la frente no salten en mil pedazos sus esperanzadas ideas,gri-tando:¡Satán mío,mi tiempo se acaba!y,entonces la mano en la frente y la frente misma se desvanecen en el airecomo por arte de magia,oh sorpresa,dentro no hay nada,sólo partículas de nadaque tienden hacia la nada,partículas despistadas que no han oído hablar de lamoderna noción de tiempo,del tiempo evolutivo que comienza en el Principio y termina en el Final y que para algunos es el más importante invento de la huma-nidad después de la mano,de esa mano torpe,tapón de ideas maravillosas que se desvanece en la fren-te del demonio,pobre bicho,su pecado fue pensarse a sí mismo,buscar la lógicaen algo que carece de ella,igual que nosotros,porque poco diferentes de esosomos nosotros:pequeños demonios sin contenido y treinta y siete grados desdenuestro alumbramiento,pocos méritos en la carrera de una vida,ni siquiera sabemos reconocernos en nuestro entorno,este purgatoriomediocre y nauseabundo en el que sólo el Gran Satanás brilla con luz propia yaque nuestro destello es vulgar e insustancial,como un fósforo en el culo de untigre,sin la lucidez y la embargadora belleza del que con gran dignidad lleva unamano en la frente y la otra en la espalda que así trata de cubrirse contra toda esahorda bienpensante que acosa sin descanso,la mediocridad apenas cansa,y,además,son muchos y hacen turnos,no des-cuidan ni un solo flanco,ellos,que únicamente tienen treinta y siete grados detemperatura,lo cual no es nada meritorio,es don de muchos sumarlos y sin
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esfuerzo,sin hacer nada para que ello sea así,cuando el demonio,no el GranDemonio madre de todos los demonios sino cualquier demonio de número,sintareas específicas asignadas,puede tener doscientos cuarenta y dos grados centí-grados de temperatura constante en su cuerpo,o puede dividirse en zonas y crearfronteras lineales entre diferentes grados de calor,aquí más frío,allá más cálido,opuede ir alternando a capricho temperaturas altas,muy altas,y bajas,muy bajas,sin darle demasiada importancia,como quién vomita bilis y aún bebe un barril más de cerveza caliente,nocomo la horda bienpensante que viste chaquetas de punto que abrocha equivoca-damente,sin hacer coincidir los botones en los ojales adecuados,siendo ésta laprincipal característica que los denuncia,por fortuna,y así es más fácil verlos veniry organizar la lucha contra ellos y contra su pensamiento,algo sencillopues son de comportamiento agresivo cuando cazan en grupo pero si se leshace frente tienden a la dispersión inmediata,sin rumbo fijo,desprovistos de todanoción de honor,momento idóneo para disparar sobre ellos tratando de hacerblanco a la primera para no desperdiciar munición seguros de que habrán de venirmás con sus chaquetas mal abotonadas,cortes de navaja de afeitar en el rostro y pensamiento perfectamente limpio y doblado en el bolsillo del pantalón que,a veces,extraen para sonarse y,entonces,toda su felicidad se llena de hediondezpegajosa,algunos se suenan tan fuerte que los sesos se les salen por la nariz,peroentonces nada ocurre,porque da lo mismo,continúan avanzando en manada conescaso peligro,basta hacerles frente para que se dispersen sin rumbo fijo,internándose algunos en las montañas del norte donde son avistados por losleñadores canadienses que ahora disfrutan de unos días de descanso,alejados desus tareas habituales,pero,ociosos y aburridos,talan aquí y allá lo que van encon-trando en su camino,para matar el tiempo,para divertirse mientras los niños cha-potean en el lago y las mujeres preparan la comiday es ahora cuando llegan hasta ellos las hordas bienpensantes que los leña-dores confunden con pinos del noroeste francés,quizás porque,en su carrera,agi-tan los brazos al viento y mueven las caderas desacompasadamente,y los cortanen mil pedacitos con sus hachas relucientes importadas de Méjico,acción que losbienpensantes no alcanzan a comprender,todos ellos ahora desperdigados en miltrozos por el suelo con la conciencia dividida y el pensamiento confundidomientras los leñadores continúan despedazando los trozos mayores,pulien-do los bordes con golpes suaves y precisos de sus hachas ahora empuñadas porla mitad del mango,las mujeres dejan de hacer la comida y se acercan,observantoda la escena y reprenden a sus maridos por no haber sido cuidadosos y haber-lo puesto todo perdido,con toda esa sangre desperdiciada que se traga la tierra,aella le da lo mismo la sangre,apenas le saca partido,pero no es así,la sangre penetra en el suelo y no va muy lejos,no,el infierno está más cercade lo que parece,a tan sólo unos palmos bajo la superficie,el infierno,la patriadel Gran Satán y todos sus vástagos,un lugar no muy amplio,decorado sin lujos,algo muy distinto a lo que habitualmente se cree,nada más que unos cuantos cua-
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