contribuyen directamente a la desestabilización y fragmentación social de estos pueblos,que llevan a la destrucción de sus culturas, y a erosionar el ejercicio de sus derechos. Por ejemplo, aunque las represas de El Cercado y de Rancherías generan “energía y riego paraalgunos, los pueblos indígenas deben asumir los costos y riesgos, tanto de la inundación desus tierras, como de la transformación del paisaje al cual vinculan sus tradicionessagradas”
.Sin embargo, los procesos de consulta realizados no cumplieron las condicionesnecesarias para ser reconocidas como previas, libres e informadas
.Por otro lado, han contribuido indirectamente al desplazamiento forzado cuando sonapoyados o beneficiados por las acciones de grupos al margen de la ley ejercen presión parael abandono de sus tierras
, como en los casos de Jiguamiandó y Curvaradó en donde“existió una alianza entre empresas palmicultoras y ejércitos paramilitares para desplazar ala población nativa y hurtar sus tierras”
. En este sentido, las vinculaciones con actoresilegales, “se oponen a [los deberes de las empresas] de respeto y mitigación de los derechoshumanos y son contrarias a las tendencias internacionales de DDHH y responsabilidadsocial empresarial”
. No obstante, y como una respuesta a estas situaciones, el Estado ha adoptado los principiosde desarrollo sostenible y participación comunitaria
, especialmente cuando “se trata de proyectos extractores de recursos naturales y otros megaproyectos”
, bien sea “por la presión de movimientos ambientales y por los compromisos internacionales, y/o porque lametodología neoliberal de análisis de costos y beneficios lo exige”
. La CorteConstitucional, por su parte, ha fallado en varios casos a favor de los grupos étnicos, comolo revela el caso de dos comunidades indígenas del Chocó. En dicho caso, “la CorteConstitucional amparó el derecho del pueblo Embera y de la comunidad Chidima Tolo “aque se les consulte previamente y se construya con ellas los proyectos que afectan susterritorios (…). El alto tribunal publicó la sentencia T-129
de 2011 que dejó claro que los proyectos mineros, de transporte, de infraestructura, o leyes que afecten los territoriosindígenas, deben tener en cuenta a las comunidades que los habiten, y hacerlas parte de lasdiscusiones y decisiones”
. Y por último, el presidente Juan Manuel Santos ha advertido
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Ibíd.
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Instituto de estudios para el desarrollo y la paz (INDEPAZ).
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Algunas iniciativas pertinentes son: los Principios Rectores sobre Empresas y Derechos Humanos, el PactoGlobal de Naciones Unidas de 1999, los Principios Voluntarios sobre Seguridad y Derechos Humanos en laindustria extractiva y energética que impulsa el Ministerio de Minas; los Principios y Criterios de las Mesasde aceite de palma y de biocombustibles (RSPO y RSB, por sus siglas en inglés). En Instituto de estudios parael desarrollo y la paz (INDEPAZ). “Situación De Los Pueblos Indígenas De Colombia”.
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Lemaitre Ripoll, Julieta. “Derechos enterrados. Comunidades étnicas y campesinas en Colombia, nuevecasos de estudio”. Introducción. Derecho, Desarrollo y Conflicto de Tierras: ¿La próxima frontera?.Universidad de los Andes. Pág. 16
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Lemaitre Ripoll, Julieta. Pág. 16
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La Sentencia T-129 de la Corte Constitucional de Colombia señala textualmente que “no se puedeanteponer en abstracto el interés general y la visión mayoritaria que se tenga del desarrollo o el progreso quetraen las obras de infraestructura cuando dichas intervenciones se desarrollan en territorios indígenas oétnicos”. En Consejo Regional Indígena de Colombia (CRIC).