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Ecocentrismo Foladori

Ecocentrismo Foladori

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09/04/2014

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Complejidad en educación ambiental
Introducción urante las últimas tres décadas del siglo
XX
elconcepto de educación am biental (
EA
) ha teni-do diferentes significados; sin em bar go, más allá de que ha cam biado, lo que se entiende  por 
EA
pueden distinguir se dos grandes posturas. Por un lado, aquella que la considera como un ob jetivo en sí misma y hasta con un contenido pro pio
 — 
la ecología
 — 
,ca paz de transfor mar las condiciones materiales hacia un am biente menos contaminado y de predado. Esta postura equi para
EA
con enseñanza de la ecología, y asume los  pro blemas am bientales como esencialmente técnicos. El desconocimiento de los flu jos de ener gía y materiales entre la sociedad humana y el resto del mundo físi- co-material y los otros seres vivos es causante de la crisis am biental. De allí que la
EA
se asuma como elinstrumento para su solución. Hay, por otro lado, la concepción de que los pro blemas am bientales son derivados de una estructura ecomi- co-social deter minada, y que la
EA
, para tener sen- tido, de be com plementar los cam bios estructurales en la sociedad. Esta postura identifica la
EA
con educaciónso bre cómo la sociedad humana se relaciona entre sí  —relaciones ecomicas, sociales y poticas— para dis poner del mundo físico material y los otros seres vivos. En esta concepción, los pro blemas am bientales no son princi palmente técnicos, sino sociales. En este ar culo ar gumentamos que estas dos gran- des posiciones condensan diferentes concepciones ideogicas so bre la relación entre la sociedad humana y la naturaleza exter na, que cristalizan a su vez en un abanico de lo que podemos llamar el pensamien- to am bientalista. En apoyo a estas ideas, hemos ela bo- rado una ti pología para analizar las princi pales posi- ciones, reconociendo que toda ti pología es un modelo. Es una manera de for zar o encuadrar posiciones diferentes. Su utilidad radica, como otras for mas anaticas, en  presentar de for ma sim ple lo que es com ple jo.
En el caso que nos ocu pa, la ideología am bientalista contem ponea tiene los más variados tintes. El resultado del análisis puede variar según los criterios que se adopten.
1
 
21
 
Tópicos en Educación Ambiental 2 (5), 21-38 (2000)
E
L
 
PENSAMIENTO
 
AMBIENTALISTA
* Guillermo Foladori es profesor visitante en el Programa de Doctorado en Medio Ambiente y Desarrollo, Universidad Federal de Paraná, Brasil. Correo electrónico:<fola@cce.ufpr.br>.1Existen muchas otras clasificaciones. Los ‘verdes’, por ejemplo, se autodistinguen tanto de los que aquí llamamos tecnocentristas, como de los marxistas. Ellosargumentan que ambos se identifican por su defensa del industrialismo, mientras ellos mismos (verdes) reivindican, por el contrario, limitar el desarrollo de lasfuerzas productivas (Dobson, 1992). Para elaborar esta tipología revisé las de los siguientes autores: O‘Riordan (1976), Cotgrove (1982), Pepper (1986), Grundmann(1991), McGowen (1994) y, Egri & Pinfield (1999).
G
UILLERMO
F
OLADORI
*
D
It is argued in this paper that two general stances towards environmental education (
EE
) can be identified in the avai-lable literature. On the one hand,
EE
is conceived as an end in itself, and as an endeavour that has a wealth of contentof its own —the ecology— that is able to transform unsatisfactory material conditions into less polluted and depletedenvironments. This stance equates
EE
with ecology learning and assumes the environmental problematic is a techni-cal one. On the other hand,
EE
can be grounded in the idea that environmental problems rise from socio-economicstructures rather than from technical issues; and that
EE
, in order to make sense, has to complement structuralchanges taking place within a society. This second stance identifies
EE
with education on how human society’srelationship with itself —economic, social, and political— determines its relationship with and appropriation of the material world and other living organisms. Thus, from this perspective —and as we argue in this paper— environmental problems are not technical but societal and, as we discuss, this has significant implications for educa-tion.
 
Guillermo Foladori
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Aquí hemos par tido de dos criterios o entradas simultá- neas: el punto de par tida ético, que distingue a ecocen- tristas de antro pocentristas; y considerar a la sociedad humana como un bloque enfrentado a la naturaleza, o dividida en clases, que distingue a ecocentristas y tecnocentristas de mar xistas. El punto de par tida filofico: natural ver sus ar tificial Existen diferentes concepciones so bre lo que es natura- leza. De acuer do con Savater (1996) pueden distinguir- se tres grandes líneas:a) Naturaleza como con junto de todas las cosas exis- tentes, sometidas a las regularidades que estudian las ciencias ‘de la naturaleza’. Desde esta pers pectiva, todo es naturaleza, tanto la naturaleza vir gen como los pro- ductos más ‘sos pechosos’ de la actividad humana. El  plástico es igual de natural que la miel. El ser humano no puede ha cer nada cuyo producto o resultado no sea, asimismo, natural, ya que él es, en sí, naturaleza. La distinción natural/ar tificial no ser viría de criterio  para deter minar qué elementos son per  judiciales para el medio am biente y cuáles no: "... si hay razones para considerar rechaza bles cier tos logros humanos, nada tendrán que ver desde luego con su mayor o menor  ‘naturalidad’, por que ir contra la naturaleza es cosa que nadie sa be hacer... al menos en este mundo” (Savater, 1996: 244). La distinción entre elementos per  judiciales y beficos sería resultado de la sub jetividad humana y,  por lo tanto, relativa tanto en tér minos hisricos como culturales y poticos.  b) Naturaleza como con junto de las cosas que existen sin inter vención humana, con es pontaneidad no deli-  berada. Esta concepción distingue lo natural como aquello que existe fuera de la inter vención humana, de lo ar tificial producto de la acción humana. Es la concepción más utilizada y ex presa el sentido común de los tér minos natural y ar tificial. Al igual que la  primera concepción, hace referencia a una for malidad descriptiva. Claro está que la concepción de naturaleza como todo lo exter no al ser humano es la manifesta- ción ideogica y generalmente no ex plícita ni cons- ciente de la mayoría de las posturas so bre la relación sociedad/naturaleza. Al nivel consciente y cienfico, es evidente para todos que la naturaleza incluye al ser  humano y sus productos. c) Naturaleza como origen y causa de todo lo exis- tente, como ex plicación última y razón de ser. Esta concepción es una derivación ética posi ble, aunque no necesaria, de la segunda concepción. De la distinción entre naturaleza y sociedad como dos opuestos se deriva una valoración ética: lo bueno sería lo natural y lo malo lo ar tificial. Es evidente que esta concepción no puede derivar se del primer entendimiento de naturaleza que presenta- mos, toda vez que si el ser humano es par te de la naturaleza, éste no puede com por tar se de for ma eco- gicamente incorrecta. Sí se deriva, en cam bio, de la segunda concepción, donde la naturaleza excluye a la sociedad y actividad hu mana. La naturaleza es considerada aquí la razón de ser del Univer so. La base de todos los fundamentalismos reside en esta for ma de entender la naturaleza, que la convier te, al decir  de Savater (1996: 261) "... en una prolongación de la divinidad". Una concepción que rechaza
"... el presente humano (cualquier presente, pues todos son sin duda insuficientes y decepcionantes como suele ocurrir le a la realidad) en nom bre de la ar monía prehumana originaria y natural, lo mismo que las religiones re pudian los fastos y car nales afanes de este mundo en nom bre de la per fección invulnera ble del más allá" (Savater, 1966: 265).
Con diferentes grados de radicalismo, esta concep- ción está presente en muchos de los movimientos y  posiciones so bre la pro bletica am biental contem-  ponea. Está presente princi palmente en las llamadas corrientes ‘ecologistas’, que ar gumentan la necesidad de que el com por tamiento humano se guíe por las ‘leyes de la ecología’. Aunque la distinción entre productos de la actividad humana y naturaleza vir gen puede parecer útil, su apli- cación a la pro bletica am biental contiene dos ti pos de pro blemas. Uno, de carácter práctico, ya que si el ser  humano tiene la ca pacidad de afectar la atmósfera de la
 
El pensamiento ambientalista
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Tierra, esto afecta el clima y, con ello, podría decir se que toda la Tierra es ar tificial. Otro, de carácter teórico, ya que distinguir entre natural y ar tificial no se justifica  por qué lo natural de bería ser lo bueno y lo ar tificial lo malo. Esta conclusión se introduce ‘de contra bando’ en esta concepción de la naturaleza y es lo que conduce a una posición fundamentalista. Pero, el fundamentalismo naturalista no ter mina en la reivindicación de la naturaleza buena. El fundamen- talismo naturalista tiene tres fases claramente distin- gui bles: a) comienza se parando a la sociedad humana de la naturaleza; b) luego ad judica valores beficos a la naturaleza y per  judiciales a la creación humana, y por último c) convier te a cier tos com por tamientos humanos en resultados naturales, y a otros en resulta- dos sociales. Con ello subdivide la actividad humana que comenzó siendo toda mala y enfrentada a la natu- raleza, en buena y mala según los intereses de sus voceros. Estas tres eta pas del pensamiento fundamen- talista están presentes desde la filosofía griega. Por  ejem plo, Aristeles entiende la esclavitud como un resultado natural y, por lo tanto, justo.
...la naturaleza no hace nada sin una finalidad, un pro-  pósito, ella de be ha ber hecho todas las cosas es pefi- camente para el beneficio del hom bre. Eso significa que es  par te del plan de la naturaleza el hecho de que el ar te de la guerra, de la cual la caza es par te, sea un modo de adquirir   pro piedad, y ese modo de be ser usado contra las bestias salva jes y contra los hom bres que, por naturaleza, de ben ser go ber nados pero se recusan a eso, por que ese es el ti po de guerra que es justo por naturaleza (Aristeles, 1999: 156. Traducción li bre).
Véase cómo, desde el comienzo la naturaleza es sa bia (fase a). Luego resulta que los hom bres pueden trans- gredir la naturaleza, recusándose, por ejem plo, a ser  esclavizados —aquí el carácter mafico de lo social o ar tificial— (fase b); por último, cier tos com por tamien- tos, en este caso la guerra, la pro piedad privada, o la esclavitud de ben ser considerados naturales, y de allí  justos y buenos (fase c). Desde esta pers pectiva, la naturaleza se su per  pone a la sociedad; y ésta de be su bor dinar su actuación a las leyes de la naturaleza. En el pensamiento con- tem poneo, su bor dinar la actuación a las leyes de la naturaleza significa que la acción humana de be ser  ecogicamente correcta. Las leyes de la ecología son las que de ben guiar la for ma de or ganización de la sociedad y sus criterios éticos.
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Una ti pología La naturaleza, como esfera se parada, o yuxta puesta a la sociedad humana, donde la par te natural de be im poner un criterio de com por tamiento a la par te social, conduce a lo que denominaremos posiciones ecocentristas.
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Para éstas, existe un criterio ético fuera de la sociedad humana que de be deter minar la pro pia or ganización humana. El criterio ético dimana de la naturaleza y sus leyes.
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Ello no significa que los criterios éticos no sean construidos por el ser humano, sino que son construidos a par tir de valores naturales intrínsecos, y exter nos a la sociedad humana. McGo- wen distingue antro pocéntrico de antro ponico, alu- diendo con este último tér mino a que todas las construcciones son humanas. De ahí que el ecocen- trismo (o biocentrismo) siendo construido por el ser  humano, par te de valores exter nos.
Esto confunde ‘antro pocentrico’ con ‘anthro ponico’. El biocentrismo es cier tamente un sistema de valores antroponico (hecho por humanos), pero tam bién es, cier tamente, no antro pocéntrico. He notado que esta confusión es casi univer sal entre los investigadores antro-
2Según Grundmann, este fundamentalismo naturalista está presente en las más variadas posiciones políticas ambientalistas. En Gruhl, un conservador; en Harich, uncomunista stalinista; en Bookchin, un anarquista; en Lalonde, un eco-socialista (Grundmann, 1991: 17).3Una línea de pensamiento puede ser identificada como ecocéntrica, descrita por McConnell (1965) como "descansando en el supuesto de un orden natural en elcual todas las cosas se mueven según leyes naturales, en la cual el más delicado y perfecto equilibrio se mantuvo hasta el momento en que el hombre entra contoda su ignorancia y presunción" (O’Riordan, 1976: 1).4También se habla de biocentrismo, en lugar de ecocentrismo.

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