EL FIN Y LOS MEDIOS.Por Aldous Huxley.IndiceCapítulo IMETAS, CAMINOS Y PUNTO DE PARTIDACONTEMPORÁNEO
Existe en nuestra civilización y ha existido durante casi treinta siglos, un consenso general acercade cuál es la meta ideal que el esfuerzo humano persigue. Desde Isaías hasta Carlos Marx, los profetas han hablado con una sola voz. El Siglo de Oro futuro hacia el que miran, será el siglo.de la libertad, de la paz, de la justicia y del amor fraterno. "Las naciones no alzarán más laespada contra las naciones"; "el libre desenvolvimiento de cada una llevará al libredesenvolvimiento de todas"; "el mundo estará lleno de la sabiduría del Señor, del mismo modoen que las aguas recubren el océano".Con respecto a la meta, repito, existe y ha existido desde tiempo atrás consenso general. Noocurre otro tanto con respecto a los caminos que conducen a esa meta. En este terreno, launanimidad y la certeza ceden su lugar a una confusión total, al choque de opinionescontradictorias que se sostienen dogmáticamente y se esgrimen con la violencia del fanatismo.Algunos creen -y es ésta una creencia muy popular en nuestros días- que la "calle real" hacia unmundo mejor es el camino de las reformas económicas. Para otros, la "cortada" hacia Utopía esla conquista militar y la hegemonía de una nación determinada; para otros será la revolución por las armas y la dictadura de clase. Todos éstos conciben el problema en términos de mecánicasocial y de organizaciones en gran escala. Hay otros, mientras tanto, que lo encaran desde elextremo opuesto, y que creen que los cambios sociales deseables pueden alcanzarse másefectivamente por la transformación de los individuos que componen la sociedad. Entre los queasí piensan, algunos ponen toda su fe en la educación, otros en el psicoanálisis, otros en el"Behaviourism"' aplicado. Hay otros que creen, por lo contrario, que ningún cambio deseable puede sobrevenir sin ayuda sobrenatural. Debe haber, afirman éstos, un retorno a la religión.(Desgraciadamente, no les es posible ponerse de acuerdo con respecto a cuál es la religión a queese retorno debe dirigirse.)A esta altura, se hace indispensable decir algo respecto a ese individuo ideal, por el cualdesearían cambiarse y cambiar a los demás, estos transformadores del corazón. Cada época ycada clase ha tenido su ideal. Las clases dirigentes de Grecia idealizaron al hombre magnánimo,una especie de hombre de letras y de caballero. Los Kshatriyas en la India de los tiempos primitivos y los nobles feudales en la Europa medieval, mantenían el ideal del hombrecaballeresco. El "honnéte-homme" hace su aparición como el ideal del gentilhombre.del sigloXVII; el “philosophe" como el ideal de sus descendientes del siglo XVIII. El siglo XIX idealizóal hombre respetable. El siglo XX ya ha sido testigo de la ascensión y de la caída del hombreliberal y de la aparición del "hombre-rebaño" y del "caudilld' semejante a los dioses. Mientrastanto, los pobres y los pisoteados han soñado siempre, nostáigicamente, con un hombre biencomido, libre, feliz y no oprimido.¿Cuál elegir entre esta pasmosa multiplicidad de ideales? La respuesta es que no elegiremosninguno. Pues es claro que cada uno de estos ideales contradictorios es el fruto de circunstanciassociales particulares. Por supuesto que, hasta cierto punto, esto podría aplicarse a cualquier pensamiento o aspiración que jamás hayan sido formulados. Algunos pensamientos yaspiraciones son, sin embargo, manifiestamente menos dependientes que otros de circunstanciassociales particulares. Y emerge aquí un hecho significativo: todos los ideales de comportamientohumano, que hayan sido formulados por los que supieron liberarse mejor de los prejuicios propios del lugar y del tiempo en que vivieron, se parecen singularmente entre sí. Se libera uno
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