extraordinarias posibilidades de nuestro ser.Armando TorresPRIMERA PARTEUN ROMANCE CON EL CONOCIMIENTOLa revolución de los brujos Nos habíamos reunido en el segundo piso de una eleganteresidencia para escuchar a un famoso conferencista. Éramos un grupo de unas doce personas, de las cuales yo no conocía a ninguna, excepto al amigo que me había invitado aasistir. Mientras aguardábamos, charlábamos amigablemente. Pasaron casi dos horas ynuestro invitado no aparecía. Los rostros de los presentes comenzaron a dar señales decansancio. Algunos se desesperaron y se fueron. En cierto momento, sentí el impulso deasomarme a una ventana. Lo vi llegar y nuestros ojos se encontraron. Inesperadamente, unfuerte viento penetró en la habitación haciendo que volasen papeles por todas partes.Cuando Carlos entró, algunos de los allí reunidos aún luchaban por cerrar las ventanas. Suapariencia resultó distinta de cuanto yo había esperado. Era un hombre de baja estatura,aunque fornido, pelo entrecano y tez morena que comenzaba a surcarse de arrugas, vestidode un modo informal que le quitaba diez años de encima. Su rostro, chistoso y vivaracho,irradiaba simpatía. Parecía muy contento de hallarse con nosotros y era un verdadero placer estar cerca de él. Nos saludó a cada uno con apretones de mano. Dijo que teníamos queaprovechar el tiempo, pues esa noche le esperaban en otro sitio. Se acomodó en su sillón ynos preguntó: "¿De qué quieren hablar?" Antes de que tuviésemos tiempo de responderle, élmismo tomó la iniciativa y nos inundó de historias. Su plática era directa y absorbente,salpicada de chistes que remataba con expresivos ademanes. En esa ocasión se refirió a lasetapas históricas del nagualismo, como cuerpo de prácticas e ideas, sosteniendo que alhombre moderno se le ha concedido una increíble oportunidad frente a las revelaciones delos brujos. Después, se refirió al movimiento del punto de encaje, una compleja maniobrade conciencia a la que se dedicaban los videntes. El tema era bastante nuevo para mí, asíque me limité a escucharlo y a tomar notas. Afortunadamente, Carlos acostumbraba repetir las ideas esenciales, por lo que me resultaba fácil seguirle el ritmo. Hacia el final concedióalgunas preguntas. Uno de los presentes quiso saber cuál era la posición de los brujos frentea la guerra. Su rostro reflejó incomodidad. "¿Qué quieres que te diga? -preguntó-. ¿Que son pacifistas? ¡Pues no lo son! ¡A ellos no les interesa nuestro destino como hombres comunesy corrientes! ¡Compréndanlo de una vez! Un guerrero está hecho para combatir, sudescanso es la guerra". Por lo visto, la pregunta había tocado un punto sensible de Carlos, porque se tomó su tiempo para explicar que, a diferencia de las mezquinas contiendas en lasque los humanos nos involucramos cada día por intereses sociales, religiosos o económicos,la guerra del brujo no está dirigida contra los demás, sino contra sus propias debilidades.Asimismo, su paz no es la condición sumisa a la que ha sido reducido el hombre moderno,más bien, se trata de un imperturbable estado de silencio interno y disciplina. "La pasividad-dijo- es una violación de nuestra naturaleza, porque, en esencia, todos somos unoscombatientes formidables. Cada ser humano es por derecho un guerrero que ha logrado sulugar en el mundo en una batalla de vida o muerte". "Véanlo así, al menos una vez, comoespermatozoides, todos libramos la carrera por la vida -una contienda única contra millonesde otros competidores- ¡y ganamos! Ahora la batalla sigue, ya que estamos atrapados en lasfuerzas del mundo. Una parte de nosotros lucha por desintegrarse y morir, y la otra intenta a33
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