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MOVIMIENTOS SOCIALES (1969-2009)

MOVIMIENTOS SOCIALES (1969-2009)

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LA ESTRUCTURACIÓN ORGÁNICA DEL DESCONTENTO.
TRASCENDENCIA Y PERSPECTIVAS DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES EN MÉXICO(1968 -2009).
 Aníbal Ayala Cortés
“La desigualdad es el origen de todos los movimientos sociales” 
Rusell G.
“La filosofía del no silencio y de la insolencia es lo que requiere nuestranación. [...] Fomentar la insolencia, dándole posibilidad de tener voz a laconciencia social de las clases hostigadas, puede ser una de las vías paraconstruir otra forma de gobierno. El punto toral es educar: diseminar laidea, con insolencia, de que no podemos seguir siendo una naciónatropellada”.
Arnoldo Kraus
“Los movimientos sociales no pueden ser derrotados por la represión, por más terrible que ésta sea, salvo mediante el exterminio masivo de susmiembros”.
Raúl Zibechi
INTRODUCCIÓN
Los movimientos sociales en México han sido una constante histórica desde laépoca de la Colonia novohispana. El siglo XIX mexicano fue rico enmovilizaciones sociales, desde el gran movimiento insurgente por laIndependencia, pasando por la lucha contra las intervenciones extranjeras,hasta la participación popular en el enfrentamiento entre Conservadores yLiberales. Al triunfar el proyecto liberal, los grupos sociales marginadoscontinuaron movilizados en defensa de sus intereses y de su patrimonio. Laconsecuencia de esto fue el gran estallido social de la Revolución a inicios delsiglo XX. Finalizada la confrontación interna, las condiciones económicas ypolíticas posrevolucionarias resultantes no desactivaron la movilización socialgenerada por el descontento y la exclusión, al contrario, la exacerbaron. En losúltimos 40 años, la presencia y la actuación de los movimientos sociales dereivindicación han definido el diseño y la aplicación tanto de las políticassociales del Estado mexicano, como de mecanismos de control social, por partede los sucesivos gobiernos, frente a la creciente inconformidad social. Por otraparte, estas movilizaciones también han generado formas novedosas y efectivasde organización autónoma y de acción independiente de la sociedad ante la éliteque monopoliza el ejercicio del poder desde finales de la década de 1930. Alobservar las actuales condiciones sociales, culturales, económicas y políticas enMéxico, resulta evidente la necesidad de recuperar, con carácter de urgente,todas estas experiencias, con la finalidad de construir, de manera colectiva, unanueva forma de participación social dentro de un esquema amplio de poder
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ciudadano alterno, en contraposición a la monolítica, opresiva y represivainstitucionalización oligárquica del poder hoy vigente en nuestro país.
ANTECEDENTES
Si bien es cierto que los movimientos sociales reivindicativos no son ningunanovedad en México, pues se ha documentado su persistencia casiininterrumpida desde el siglo XVI (apenas finalizada la conquista militar de lahegemónica nación culhua-mexica por parte de los españoles), no es menoscierto que la naturaleza de la movilización social, como expresn deinconformidad, sufrió un cambio notable hacia finales del siglo XIX y principiosdel XX, cuando los efectos de la Revolución Industrial se extendieron porLatinoamérica: “Los grandes adelantos técnicos del siglo XIX, así como lastransformaciones socioeconómicas y políticas asociadas a ellos, llegaron con 40año de retraso, en promedio, a América Latina […]” (De la Cruz Gamboa yRobles de De la Cruz, 1981: 37). Con el arribo del general Porfirio Díaz a lapresidencia en 1876 (iniciando una serie de reelecciones irregulares hasta1911), se aceleró el proyecto de modernización capitalista del país, lo cualimplicaba la implantacn del Positivismo (orden y progreso”, “másadministración que política”) y la importación de tecnología y maquinariaindustrial moderna, ambas procedentes, sobre todo, de Europa. Hasta entonces,la exportación de materias primas y de productos agrícolas había sido la basepara el sostenimiento de una economía favorable para las clases socialesprivilegiadas.Pero no solo llegaron corrientes ideológicas oligárquicas, maravillas tecnológicasy novedosas formas de producción industrial, también sobrevinieron ideascontestatarias: “Las ideas llegaron con los perseguidos políticos, con las noticiasdel movimiento de 1848, con la propaganda del mutualismo, del anarquismo ydel marxismo. Más tarde llegaría la influencia del sindicalismo norteamericano” (De la Cruz Gamboa y Robles de De la Cruz, 1981: 38). Tales ideas pudieronimplantarse en México por el desarrollo, cada vez más acelerado, de una claseobrera urbana, un proletariado fabril, concentrado sobre todo en la Ciudad deMéxico. Al margen de estas nuevas corrientes opositoras de pensamiento,persistía en el país un amplio movimiento agrarista, gestado desde la Conquistamisma, y profundizado al triunfar los Liberales en 1867, con la aplicación de lasLeyes de Reforma para abolir la propiedad colectiva de las tierras y proteger losderechos de propiedad de los terratenientes, reprimiendo por la fuerza cualquierprotesta violenta por parte de los campesinos:
 “La época liberal fue especialmente trágica para los campesinos e indígenas,pues los políticos y burócratas mexicanos los consideraban un obstáculo para elprogreso y en consecuencia […], decididos a imponer al pueblo mexicano elcapitalismo occidental […] y creyendo que la economía rural nunca podría serintegrada al modelo capitalista, se propusieron disminuir el mero decampesinos permitiendo la enajenación de las tierras comunales […] en beneficiode inmigrantes europeos, con la idea de crear una clase pequeño-burguesa
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agrícola que hiciera progresar al campo […], transformando al campesinado enproletariado rural”.(Powell, 1974:
151–153)De esta manera, bajo el periodo porfirista (1876–1911), se gestaron, o bien seradicalizaron, múltiples y pujantes movimientos sociales en el país, urbanos yrurales, de las clases bajas y de las clases medias, cuya influencia no ha dejadode percibirse hasta hoy:
 “Desde 1870 se desarrolló un vigoroso movimiento anarcosindicalista en México,que generó varias huelgas importantes (1903, 1906, 1908 y 1909) y organizócuatro insurrecciones armadas (1877, 1906, 1908 y 1910) […] En 1865 y 1877,un reducido grupo de socialistas utópicos ya organizaba huelgas en la capitalreclamando mejores salarios, la reducción de la jornada laboral y la abolición delas tiendas de raya […] Entre 1885 y 1888 operó una guerrilla rural marxista enSinaloa y Durango haciendo llamados al levantamiento popular contra elporfirismo […] Muchos fueron los levantamientos agraristas contra el despojo detierras practicado por los terratenientes y las condiciones semiescalavas delpeonaje hacendario (1878, 1881, 1882, 1883, 1891 y 1905)”.(De la Cruz Gamboa y Robles de De la Cruz, 1981: 38–45)
A pesar de los esfuerzos del régimen porfirista por desarrollar el capitalismo enMéxico, se presentó una contradicción insalvable: “[…] gracias a la inversión decapitales europeos y estadounidenses se había logrado un cierto desarrollo enramas como la extracción petrolera, la minería, la agricultura de exportación yel comercio, pero las condiciones semifeudales y semiesclavas en la explotaciónde la mano de obra impedían el libre desarrollo de un verdadero proletariadoindustrial” (Becerra Juárez, Correa Villanueva, Costa Ayube,
et al 
, 2002: 48). Lacontradicción se complicó cuando estalló la crisis mundial de sobreproducción en1907, restringiendo el mercado internacional y generando una ferozcompetencia entre las burguesías de las naciones industrializadas: “La crisisimpactó profundamente a México, fracturando a la clase social dominante,radicalizando a los diversos movimientos contestatarios y reivindicativos, ydesatando, finalmente, una violenta confrontación interna, con visos de luchade clases, conocida como Revolución Mexicana (1910-1921)” (Gallo T., RuizOcampo y Franco Torres, 1996: 11).Al finalizar el conflicto armado, con la victoria política y militar de sectores de lapequeña burguesía capitalista del norte del país sobre la aristocracia semifeudalhacendaria y sobre las fuerzas agraristas campesinas, sobrevino un periodo deinestabilidad política generada por los continuos choques entre la diversasfacciones sobrevivientes en pugna por el poder. Hacia 1929 se dio la últimagran confrontacn de este tipo: “[…] la derrota de la rebelión militarescobarista y de la revuelta campesina cristera contra los gobiernos de PlutarcoElías Calles y Emilio Portes Gil, permitel desarrollo de un proceso deestabilización del nuevo régimen posrevolucionario expresado a través de unpartido hegemónico de Estado: el Partido Nacional Revolucionario (PNR)” 
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