Naim era cantante. Un cantante famoso que había triunfado en Europa Oriental y que seabría paso en el difícil mercado norteamericano. ¿Quién hubiera imaginado que el atractivo joven de ojos verdes y mirada soñadora que había recogido en la carretera fuera una celebridad?Sonrió al recordarlo. El dorado de su piel le recordaba la extensa planicie mesopotámica y elmar de misterios que ansiaba descubrir. En Göbekli Tepe dirigía una excavación; en Naim podíaexplorar esos misterios con besos que sabían a arena y a desierto, podía hundir la lengua en eseombligo que lo enloquecía, sujetándole las caderas mientras le daba placer con los dedos. —Ah, Naim. Naim, ¿qué haré contigo? —dijo a la fotografía que guardaba en su cartera,oculta de miradas impertinentes.Era 11 de febrero y habría dado lo que fuera por pasar el Día de San Valentín en sucompañía. Pero claro, eso no podría ser. Naim estaba de gira y además, aunque detestarahacerlo, debía ser discreto. Eso era lo que le había pedido el cantante aquella noche, en Bélgica.
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Bélgica, enero 1999
Mark recorrió con las yemas de los dedos la espalda del desnudo Naim, y se detuvo en la suavecurva de sus nalgas, donde continuó haciendo círculos, disfrutando de su intimidad y procurando no pensar en cuándo lo volvería a ver.Después de su apasionado reencuentro en París el 24 de diciembre, se habían vuelto aseparar, esta vez con muchas promesas hechas en la tibieza del lecho. Naim se las habíaarreglado para reunirse con él en Bélgica, aprovechando un par de días libres entre conciertos, pero no era suficiente para Mark. Necesitaba más de él y lo sabía. Su trabajo lo seducía, pero amaba a Naim. Quería tenerlos alos dos y saber que no era posible lo ponía de mal humor. Además, su amante le pedía muchadiscreción y lo hacía sentir incómodo. —¿En qué piensas? —preguntó Naim con una sonrisa. —En ti. —¿Y qué pensabas? —susurró, atrayéndolo en un beso.Mark lo meditó unos momentos, besando esos labios cálidos que hacían que se sintiera duronuevamente. Pero el calor de su entrepierna podría calmarse luego: el momento de las preguntashabía llegado.Rompió suavemente el beso, poniéndose serio. Desde su reencuentro no habían habladomucho de su futuro como pareja. La conversación había sido muy personal, pero a la vez muyajena, como esas largas charlas que tuvieron en Turquía, cuando ninguno de los dos sabía quiénera el otro. —¿Por qué les dices a los medios que eres hetero? —La pregunta, hecha del modo másdirecto, causó que el rostro del cantante se endureciera. —Estrategia de imagen. Mi representante me lo pidió.La mención de su representante hizo que Mark recordara el modo en el que se conocieron.Según todas sus deducciones, había sido su anterior representante, Deniz Yildrim, quien habíagolpeado a Naim, abandonándolo en las afueras de Urfa. —Tu representante… ¿Cuál de ellos? ¿Deniz Yildrim o Kenan Hamdi? —preguntó consospecha. —Ambos. —Fue Yildrim, ¿verdad? Yildrim te golpeó. Leí que fueron amantes. —No había queridosonar tan brusco, pero los celos lo asaltaron de pronto. El cuerpo de Naim se tensó.2
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