Welcome to Scribd, the world's digital library. Read, publish, and share books and documents. See more ➡
Download
Standard view
Full view
of .
Add note
Save to My Library
Sync to mobile
Look up keyword
Like this
23Activity
×
0 of .
Results for:
No results containing your search query
P. 1
Resumen - Robert Castel (1997)

Resumen - Robert Castel (1997)

Ratings: (0)|Views: 5,156|Likes:
Published by ReySalmon
Resumen del Capítulo 5 de "Las metamorfosis de la cuestón social. Una crónica del salariado"
Resumen del Capítulo 5 de "Las metamorfosis de la cuestón social. Una crónica del salariado"

More info:

categoriesTypes, Research, History
Published by: ReySalmon on Jul 08, 2011
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, DOC, TXT or read online from Scribd
See More
See less

08/15/2013

pdf

text

original

 
Robert Castel
(1997)LAS METAMORFOSIS DE LA CUESTIÓN SOCIAL
Capítulo 5 – Una política sin estado
El Antiguo Régimen desplegó intervenciones públicas enérgicas en el dominio social: políticas de lucha contra la mendicidad y elvagabundeo, apoyo de la monarquía a la organización tradicional del trabajo, iniciativas del poder real que crearon instituciones detrabajo, hospitales generales, “talleres de caridad”, “depósitos de mendicidad”Inglaterra: sistema de socorro alimentado por unimpuesto obligatorio. Primer tercio del siglo XIX, gran debate entre las posiciones a favor o en contra de la abolición de las
 Poor  Laws
, es decir, la “caridad legal” que aseguraba un ingreso mínimo a todos los indigentes. Y cuando la tendencia abolicionista pareció prevalecer, la legislación reformada de 1834 instauró en realidad un nuevo sistema público de socorro. Nada semejante hubo enFrancia, nunca hubo un gran debate público sobre las cuestiones de la indigencia y el trabajo antes de 1848. La cuestión social volvía a plantearse porque esos “nuevos pobres” estaban insertados en el corazón de la sociedad, constituían la punta de lanza del aparato productivo. La sociedad del siglo XIX movilizó estrategias originales en lo “social”, sin remitirse al Estado, e incluso para evitar suintervención. Pero en el núcleo de esos dispositivos había una falla. La eficacia moral suponía la adhesión de aquellos a quienes semoralizaba, y debía de tal modo perpetuar la situación de minoridad social de los sometidos. La historia de una política sin estadonarra también las desventuras de una concepción moral de lo social que volvería a ser atrapada por lo político.
 Los Miserables
Alexis de Tocqueville
, comparación entre Portugal e Inglaterra. Portugal era una sociedad preindustrial o del Antiguo Régimen, locontrario de una sociedad opulenta, pero en la que la pobreza masiva era apenas visible, porque se trataba de una pobreza integrada, dela que se hacían cargo las redes primarias de sociabilidad campesina o las formas trilladas de asistencia practicadas por la IglesiaCatólica. En Inglaterra, la revolución industrial había multiplicado la riqueza. Sin embargo, la indigencia era omnipresente, insistente,masiva. Pauperismo. Dos caracteres principales del pauperismo permiten captar la novedad de esta formulación. Por una parte seopone al pensamiento liberal elaborado durante el siglo XVIII, en virtud del cual “un hombre no es pobre porque no tenga nada, es pobre cuando no trabaja.” Indigencia no debida a la falta de trabajo sino a la nueva organización del trabajo, es decir al trabajo“liberado”. Esa indigencia era hija de la industrialización. La precariedad del trabajo, la ausencia de calificación, la alternancia delempleo y el no-empleo, los desempleos, caracterizan la condición general de la clase obrera naciente. Otra característica del pauperismo explica su carácter nuevo y literalmente conmocionante. El pauperismo era una categoría históricamente inédita de ladesdicha del pueblo, constituida no sólo por la miseria material sino también por una suerte de degradación moral profunda. El pauperismo representaba una especie de inmoralidad convertida en naturaleza a partir de la degradación completa de los modos devida de los obreros y sus familias. El alienista
Morel
construiría su concepto de “degeneración” a partir de la observación de losobreros textiles y sus familias. La degeneración era consecuencia de una degradación de la especie humana, hereditaria pero nooriginaria. Era provocada por un ambiente social cuyos efectos más deplorables fueron observados por Morel en las poblacionesobreras. Estas apreciaciones fundaron un racismo antiobrero considerablemente difundido entre la burguesía del siglo XIX. “Claseslaboriosas, clases peligrosas”. Louis Chevalier demuestra que esta temática dominante no se refería solamente a la criminalidad,aunque la criminalidad constituía su límite. Con relación a las descripciones seculares “de los pordioseros”, al novedad consistía enque se tomaba conciencia de una condición del trabajador a tal punto degradada que colocaba a poblaciones enteras en los limites de laasocialidad. La lucha de clases no fue inventada sólo por los “colectivistas”. También la formularon los conservadores y losmoderados que, al principio de la década de 1830, tomaron conciencia de la existencia de un riesgo inminente de disociación social, porque los trabajadores de la industria formaban “una nación en la nación, a la que se comienza a designar con un nuevo nombre: el proletariado industrial”. Esta sorpresa de los contemporáneos ante el pauperismo y las reacciones que suscitaba, deben a su vezsorprendernos hoy en día. En primer lugar, porque el fenómeno no tenía el carácter masivo que estas descripciones y estos miedos leatribuían. Había permanencia de los modos de vida tradicionales, pero también formas dispersas de organización del trabajo. El proceso de concentración industrial fue muy lento, y la mayoría de las grandes concentraciones de trabajadores datan de lo que sedenomina la “segunda revolución industrial”, de fines del siglo XIX y principios del XX. De modo que, en la primera mitad del sigloXIX, el tímido despegue de la gran industria no había aún reemplazado a las dos formas anteriores de organización del trabajo: elartesanado rural y la organización urbana del trabajo en pequeños talleres. Entonces, ¿era el pauperismo un fantasma mantenido por elmiedo de clases poseedoras? Trabajos históricos recientes reconsideran las descripciones catastróficas del pauperismo, producidas enel siglo XIX: ellas serían el efecto de una especie de etnocentrismo de clase, y sus autores expresaban a través de esos cuadros suincomprensión de las costumbres y comportamientos populares, asimilados a perversiones monstruosas. Pero, aunque estasreevaluaciones invitan a relativizar ciertas descripciones del pauperismo, no son totalmente convincentes. Es indudable que el pauperismo era una construcción social. Pero toda realidad es una construcción social. Es también incuestionable que lasdescripciones extremas del pauperismo sólo se referían a una minoría de trabajadores de la primera mitad del siglo XIX: Pero estaconstatación no refuta la importancia histórica del fenómeno. Tanto antes como después de la industrialización, la cuestión social se planteó a partir de la situación de poblaciones aparentemente marginales. Pero no por ello concierne menos a la sociedad en sutotalidad. Tomar en serio la cuestión del pauperismo permite comprender algo que estaba en juego en la historia social durante la primera mitad del siglo XIX: la competencia entre dos modelos de industrialización. El primero parecía “suave” en el sentido deinscribirse en un movimiento de transformaciones seculares que se prolongaba sin sobresaltos dramáticos. Su anclaje familiar y rural
1
 
 perpetuaba las protecciones cercanas de la sociabilidad primaria, y parecía evitar la desafiliación.
Alain Dewerpe
habla en tal sentidode “proletarización en familia”. La industrialización parecía posible en el marco protegido de la familia y la aldea, sin cuestionar, almenos en apariencia, sus sistemas tradicionales de regulación. Con relación a este modelo, las formas modernas de concentraciónindustrial adquirieron el carácter de una novedad trágica. Esta oposición entre una economía doméstica y un “modelo manchesteriano”de concentración industrial representó a los ojos de los contemporáneos un esquema esencial de lectura para identificar la novedad y laespecificidad de las formas nuevas que tomaba la industrialización. En la primera mitad del siglo XIX, la protoindustria inició su lentadecadencia, y fue reemplazada a continuación por la gran industria. Pero lo que retrospectivamente nos parece evidente, para loscontemporáneos era un riesgo. Así puede comprenderse que el pauperismo haya sido el punto de cristalización de la nueva cuestiónsocial. El pauperismo fue en primer lugar una inmensa decepción, que sancionaba el fracaso del optimismo liberal a la manera delsiglo XVIII. Planteaba el problema de la significación de la modernidad y de la amenaza fundamental de la que ella era portadora: elriesgo deque, a menos que se renunciara a la industrialización, el progreso económico condujera a una disociación social completa.Con el pauperismo se reveló el peligro de una desafiliación de masas inscrita en el corazón mismo del proceso de producción de lariqueza. Paradoja: la voluntad de construir un aparato productivo competitivo determina la cuasi exclusión de quienes se encuentranen el centro mismo de la dinámica de la modernización. El pauperismo es un drama que ilustra este “efecto bumerán” por el cual loque parece estar en los márgenes de una sociedad destruye su equilibrio de conjunto.
 El retorno de las tutelas
¿Qué hacer ante este desamparo de la condición salarial? ¿Qué hacer ante otras formas de indigencia y otros riesgos de disociaciónsocial, como el crecimiento de la tasa de nacimientos ilegítimos, del número de niños abandonados y de los infanticidios? Frente a talsituación, las respuestas generadas en la primera mitad del siglo XIX parecen a primera vista irrisorias. Se reconstituyeron las antiguasestructuras de la asistencia confesional. El sistema de los hospitales y hospicios concernía sobre todo a los indigentes validos. Estabamal organizado y era arcaico. La vertiente extrahospitalaria estaba representada por las oficinas de beneficencia. También existíanestablecimientos especiales, del tipo de los institutos para sordos, ciegos o mudos, más los orfelinatos y los asilos de alienados. Demodo que era extrema la pobreza del sistema público o parapúblico de socorro, en contraste con la amplitud de la “caridad legal” talcomo existía entonces en Inglaterra. Pero también se elaboró una concepción nueva y original de la movilización de las elites sociales para desplegar un poder tutelar con los desdichados, y asumir una función de beneficencia sin la intervención del Estado. Es decir quela cuasi prohibición opuesta en Francia al desarrollo de la “caridad legal” tuvo por contrapartida estrategias complejas basadas en la búsqueda de respuestas no estatales a la cuestión social. El primer vocero de estas orientaciones que serían dominantes hasta fines delsiglo XIX fue sin duda el convencional
Delacroy
. Bajo el Directorio propuso un plan general de organización del socorro, con untexto corto, pero denso, que contiene ya lo esencial de la temática liberal en materia social. “El gobierno no le debe nada a quien no losirve. El pobre sólo tiene derecho a la conmiseración general.” Posición de principio que será incesantemente recordada por los pensadores liberales, como un tope insuperable, para contener el intervencionismo del Estado en materia de socorro. Así, aún en elmarco de la negativa a elaborar políticas públicas, las prácticas de “beneficencia” no son excluidas sino, al contrario, recomendadas,incluso por parte del gobierno. El derecho era garante de las relaciones de reciprocidad entre individuos responsables e iguales en elintercambio que sanciona el contrato. En cambio, las prácticas de asistencia tenían lugar en el marco de un intercambio desigual. Elindigente pide y no puede dar una contrapartida equivalente a lo que recibe. Legislar en estas cuestiones equivaldría a tomar partidosobre la organización de la sociedad civil o, en el lenguaje de la época, “legislar sobre las costumbres”. Pero el hecho de que la esferadel derecho deba estar estrictamente limitada no significa que el resto de la vida social pueda dejarse librada a la fantasía o a loarbitrario. En la vida social rige un tipo de obligaciones igualmente estrictas, pero de naturaleza diferente:
las obligaciones morales
.La moral no se limita a lo privado. Hay una
moral pública
, es decir hay obligaciones que regulan ciertas relaciones sociales sinsanción jurídica. La apuesta del liberalismo consistirá en tratar de sostener una política social completa en un especio ético, no político. Este deber es un deber de protección, y se cumple por medio de la virtud moral de utilidad pública que es la beneficencia. “la beneficencia es una suerte de tutela”, dijo
Duchâtel
. Los miembros de las clases inferiores, como los niños, son menores que carecende la capacidad de conducirse por sí mismos. Se necesitaba de una política moral o, lo que es lo mismo, la política social eranecesariamente de naturaleza moral, en cuanto se dirigía a grupos en situación de minoridad. Tutela, patronato, “capacidades”(
Guizot
) o “autoridad social” (
Le Play
): ideas fundadoras de un plan de gubernamentalidad con las clases inferiores. Una respuesta
ala vez política y no estatal 
. Todos los espíritus de la época posrevolucionaria padecían esa obsesión de la disociación social, unsentimiento compartido de que la Revolución, en cierto sentido, había tenido demasiado éxito, y al abolir todos los cuerposintermedios, había dejado un vacío peligroso entre el Estado y los individuos atomizados. La gran cuestión de principios del siglo XIXera concluir la Revolución volviendo a tejer los vínculos sociales cortados. Si se rechazaba la opción literariamente reaccionaria dereconstruir como tales las antiguas sujeciones, había que construir, en un universo en el que en principio reinaba el contrato, nuevasregulaciones compatibles con la libertad, mientras se mantenían las relaciones de dependencia indispensables para mantener el ordensocial. Contra la concepción rousseaniana del contrato libre concertado entre individuos soberanos,
el verdadero contrato social eraun contrato de tutela
. Podía haber tutelas nuevas puesto que entre los sujetos sociales existía una desnivelación tal que hacia imposiblela concertación de un contrato de intercambio reciproco. Esas tutelas podían ser provisionales o definitvas, en función del carácter transitorio o permanente de la relación de desigualdad. Pero ya no expresaban la irracionalidad de herencias arcaicas. Traducían encambio la legitimidad del saber, de la autoridad basada en la competencia; en síntesis, eran el ejercicio más justificado de la razón enuna coyuntura histórica en la que no todo el mundo era razonable. En adelante, habría dependencias legítimas entre un hombre y otro.Incluso era urgente constituir otras nuevas, e inscribirlas sólidamente en el tejido social.
Guizot
fue uno de los personajes más representativos del enfoque liberal de la cuestión social, una figura clave de la oposición liberal bajo la Restauración, y al mismo tiempo militante activo de la corriente que se autodenominaba “filantrópica”, y cuyo objetivo era
2
 
desplegar la beneficencia con las “clases inferiores” de la sociedad. Él fue uno de los miembros fundadores de la Sociedad de MoralCristiana en 1821. Esa sociedad era en la época el grupo de presión más importante entre los que reunían a la
intelligentsia
preocupada por los problemas sociales. En efecto, más allá de las actividades de la Sociedad de Moral Cristiana, que signaron sobre todo laRestauración y los inicios de la Monarquía de Julio, esta postura se perpetuó a lo largo del siglo XIX, adaptándose a las circunstanciasy enriqueciéndose con múltiples matices. Resulta difícil subsumir bajo un concepto único las distintas corrientes que la componían. Lacaracterización propiamente política de estos reformadores no es fácil. La mayoría, a lo largo d elos años, atravesaron los diferentesregímenes, menos preocupados por la fidelidad a la etiqueta de un partido que por defender esa posición “centrista”, entre los excesosde la reacción y el cinismo del puro economicismo, por una parte, y por la otra los “desbordes” de los socialismos. La política socialque preconizaban no era responsabilidad del gobierno sino de ciudadanos esclarecidos, que debían hacerse cargo voluntariamente delejercicio de ese patrocinio sobre las clases populares. En tal sentido, se podría decir que sus actitudes seguían en la órbita delliberalismo o, en todo caso, que no lo contradecían. El liberalismo que prevaleció en el siglo XIX se volvió conservador, o más bienrestaurador del orden social. Esta disolución del ideal crítico en la obsesión de preservar la paz social a cualquier precio hizo alliberalismo compatible con las diferentes variantes de la filantropía social. A pesar de su heterogeneidad, este campo puedecaracterizarse por dos rasgos principales: por una parte,
una interdicción al Estado
, o más bien, en virtud de que el rechazo a laintervención pública resultará cada vez más difícil de mantener en forma absoluta, un encarnizamiento en minimizarla ycircunscribirla. Al mismo tiempo, aunque aparentemente en contradicción con esa interdicción,
un rechazo del laisser-faire
, es decir,un distanciamiento respecto de la economía política “pura”. Por ello, la manera menos insatisfactoria de denominar lo que tenían encomún estas posturas consiste en decir que ellas presentaban diversas variantes de la
economía social 
.
 El patrocinio y los patrones
De modo que fue en el seno de esta nebulosa de los reformadores sociales donde se formuló inicialmente la cuestión social en suversión del siglo XIX, la cuestión de la rehabilitación de las clases trabajadoras “gangrenadas” por la plaga del pauperismo. Lacuestión social estaba “más allá de las condiciones parlamentarias del ejercicio del poder”, es decir más allá de la esfera de lo político.Concernía eminentemente a la condición del pueblo, y los opositores políticos que eran los legitimistas interpelaban al gobierno ennombre de ese problema, a fin de que “prestara atención” a la miseria popular. Pero esta cuestión no implicaba aún una recomposicióndel campo político. Se trata de una “política sin Estado”, que no compromete la estructura estatal. Es cierto que, en esas décadas de1830 y 1840, la cuestión social también comenzó a ser planteada de una manera totalmente distinta por socialistas y obreros que preconizaban una organización alternativa del trabajo, la asociación de los productores y la abolición del salariado. Pero, desde la posición de las clases dominantes, a pesar de la doble negación masiva (interdicción del Estado y atribución de una menor capacidad alas “clases inferiores” para influir sobre su propio destino), las clases dominantes llegaron a desplegar un conjunto sistemático de procedimientos. Estas estrategias operaban en tres niveles: 1- asistencia a los indigentes mediante técnicas que anticipaban el trabajosocial; 2- desarrollo de instituciones de ahorro y previsión voluntaria; y 3- la institución del patrocinio patronal, garante a la vez de laorganización racional del trabajo y de la paz social.1- Sobre todo, había que subordinar el otorgamiento del socorro a la buna conducta del beneficiario. El benefactor era un modelo desocialización. Por su mediación, el bien alcanzaba al beneficiario. Este a su vez, respondía con su gratitud; se restablecía el contactoentre las personas de bien y los miserables. La relación de tutela instituía una comunidad en la dependencia y por ella. Este empleoreflexivo de la beneficencia no tenía anda de ingenuo. Iba a constituir un núcleo de pericia del que podría surgir el trabajo social profesionalizado: evaluación de las necesidades, control del empleo del socorro, intercambio personalizado con el cliente. En toco aso,tratándose del siglo XIX hay que advertir que, en el espíritu de sus promotores, esas prácticas
 generaban el derecho al socorro
. Era elejercicio de ese diagnóstico guiado por la virtud de la beneficencia lo que debía regir el acceso a la ayuda, así como las formas quedebía tomar.2- No obstante, estas técnicas de rehabilitación de los pobres no podían hacer frente a la amplitud de los problemas planteados por el pauperismo. Era necesario que se añadieran prácticas colectivas, inscritas en instituciones. Para esta corriente reformista, la insistenciaen la dimensión
institucional 
de las intervenciones sociales era lo que, a sus propios ojos, determinaba su diferencia esencial con lasformas tradicionales de la asistencia. En el seno del conjunto, resultaban digas de interés las instituciones capaces de
 prevenir 
losmales causados por la indigencia. Desde este punto de vista, dos instituciones, la caja de ahorro y la sociedad de socorros mutuos, podían ser las más aptas para llevar a la práctica con la mayor eficacia el mandato de la rehabilitación moral de las clases inferiores,que daba su contenido a la filantropía. Se pensaba que la imprevisión era la causa principal de la desdicha del pueblo. Ahorrar en unacaja era inscribir en el presente la preocupación por el porvenir, aprender a disciplinar los instintos y a reconocerle al dinero un valor que iba más allá de la satisfacción de las necesidades inmediatas. Era también constituir reservas, asegurarse contra los azares de laexistencia. El alcance moralizador de las sociedades de socorros mutuos era aún mayor. En efecto, ellas, con el patrocinio patronal,sostendrían lo esencial de las esperanzas de un mejoramiento de la suerte de las clases populares compatible con la estructura liberalde la economía. Pero las sociedades de socorros mutuos tenían dos grandes desventajas. Los obreros podían utilizar esa posibilidad para asociarse con fines reivindicativos o subversivos, y convertir a las sociedades de socorro en sociedades de resistencia. El peligroconsistía también en que, al volverse obligatorias las contribuciones, perdieran su valor moralizador. No había ninguna previsión queno fuera voluntaria. De modo que la mutualidad debía ser vigilada y encuadrada, y la participación tenía que seguir siendo optativa.De modo que libertad bajo vigilancia. Se alentaba la creación de sociedades de socorro, pero se las encuadraba cuidadosamente. Lassociedades de socorros debían combatir al pauperismo mediante la previsión, pero con la condición de que siguieran inscritas en elcomplejo tutelar.3- fue no obstante en la empresa donde la idea del patrocinio adquirió toda su fuerza, en virtud del poder casi total del jefe de empresasobre los obreros. La diferencia entre economía política y economía social adquiere aquí un contenido claro y concreto. Era cierto que
3

You're Reading a Free Preview

Download
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->