Para comenzar hablare de la palabra que, según Aristóteles, es lo que caracteriza la esenciadel hombre y, por tanto, fundamento de su actividad política como universal. Por la palabra elhombre no es ni animal ni dios, sino hombre, dice el filósofo, para quien la acción humana por excelencia será la palabra y no la vida social; palabra que aparece en lo social y manifiesta eldesacuerdo sobre lo justo.
El hombre solo es hombre en el “discurso” dice Aristóteles; en eldiscurso “entre” los otros
dice Arendt; en el discurso como “desacuerdo” sobre las partescomunes dice Rancière; en el “antagonismo” dicen Laclau y Muffe; en el “escándalo” dice sanPablo.Ahora, cuando el desacuerdo o palabra negativa que irrumpe la vida pública es la de un
demos
–entendido como pueblo de iguales o incluidos-, que dice/no al gobernante de turno, nodebería hablarse de populismo sino de liberalismo, si pensamos que este surge históricamentecomo libertad negativa, libertad que dice/no como limite a la voluntad del monarca o de la masa.Pero, cuando la palabra negativa que irrumpe el espacio público no es la del
demos
sino la del
okhlos
-entendido como plebe de diferentes o excluidos-, que dice/no a la determinación de undemos/Uno que desde el discurso del amo lo nombra, lo define, y lo relaciona como lo Otro,entonces allí es cuando la palabra negativa debería entenderse como populismo. Esta es, a mimodo de ver, la diferencia entre, por ejemplo, la teoría de Pierre Rosanvallon y la de ErnestoLaclau. Dicho de otro modo, la palabra negativa en el populismo no es el “no como límite” delliberalismo, sino el “no como vacuidad” de la vía negativa de la teología mística. Si pensamos enreferentes como Plotino, Eirugena o el cusano, no resultara difícil entender la diferencia entre el“no” como límite que impide a lo Otro el acceso a la sociedad de lo Uno, y el “no” como rupturade todo limite, determinación, o nombre, capaz de sacar al ser de su pobreza y permitirle suaparecer en un mas-allá-del-ser.Ahora, volviendo a Aristóteles, si la palabra política es desacuerdo sobre lo justo, entonces laigualdad formal como idea de consenso único que impide el desacuerdo es la negación misma delo político. Entonces, lo político parece implicar necesariamente el desacuerdo y la contingencia,la inclusión de la diferencia, el reconocimiento de lo Otro. El “hacer escuchar como discurso loque no era escuchado más que como ruido,”
es lo político en Rancierè, para quien la igualdadsolo se inscribe en lo social por el desacuerdo, contrariamente a la lógica de la democracia liberalque lo suspende políticamente. En América Latina, el populismo como nueva democracia no
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Aristóteles,
Política
, Ed. Orbis, Madrid, 1985, pg. 27, 1253ª.
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Rancière, J.,
El desacuerdo. Política y filosofía
. Nueva visión, Buenos Aires, 2007, pg.45
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