política concreta. No habrá forma de estar a la altura de las imágenessagradas, sacralizadas, producidas en el velatorio. No hay más fuerzaque la del llanto, del desconsuelo, de la pérdida. La cuestión es verqué hacemos con eso.El riesgo es, para decirlo con brevedad, querer
hacer de esemomento mítico una mitología
. Esto significa, ante todo, hacer delkirchnerismo una especie de religión que no sólo conlleva laconstrucción mitológica del hombre excepcional, sino de un dogmaque demanda una creencia absoluta y que tiende a reducir lapluralidad, la complejidad, y así la riqueza, de eso que podríamosllamar el kirchnerismo. El riesgo actual, entonces, está no en la críticaal kirchnerismo, sino en su constitución como un mito que sóloposibilita una identificación apologética. Digámoslo de otra forma: elmito no fortalece, sino que debilita la misma constitución delkirchnerismo. Por paradójico que resulte, la mayor debilidad de estaposición política no se encuentra en la embestida de una oposiciónenclenque, de medios fagocitados por la pérdida de su aura, ni uncampo que teme por su riqueza extraordinaria, no, la debilidad surgede la construcción de un mito que no sólo fija las fronteras en unaespecie de identidad cerrada, sino que termina por hacer del hombrey del movimiento algo fuera de las complejidades del mundoconcreto, una perfección que como tal no puede errar, equivocarse,fallar.Esta mitologización es un riesgo. Por lo que se trata, también, deluchar contra ese mito. Lo cual indica que, a pesar de lo que se dice adiestra y siniestra, sostener una crítica del mito, señalar losproblemas que conlleva esa imagen absoluta del kirchnerismo, no essiempre hacerle el juego a aquellas fuerzas reactivas que quierenconservar todo tal como está. No, por el contrario, quisiera someter adiscusión esta idea: hoy por hoy la debilidad, el riesgo, se encuentraen la fagocitación del mito. Contra eso: la crítica. En otras palabras,frente a quienes creen que en un año electoral se debe fortalecer unavisión apologética, glorificar el mito, defender una posición que nocree en el kirchnerismo, menos en la gestión de gobierno, como unaperfección que todo hace bien, sino como una posición infinitamenteperfectible que apuesta por la transformación hacia una sociedadmás justa.3.La posibilidad se podría definir de este modo:
la tarea es laarticulación
. Con ello quiero indicar que la muerte de N.K. hizoaparecer una «diáspora». La diáspora kirchnerista nombra lamultiplicidad de grupos, agrupaciones, movimientos, y en últimainstancia individuos, que se inscriben en esta identidad política. Loprimero que quisiera señalar es que esa multiplicidad es irreductible,3
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