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Del kirchnerismo como subjetividad política: tres hipótesis
 Tres hipótesis sobre el kirchnerismoEmmanuel Biset1.La muerte de N.K. quebel horizonte en un sentido todaainaprensible, es decir, redefinió las coordenadas por las cuales seotorga significado a los femenos poticos. Todaa resultainaprensible por la cercanía temporal. Aun así, algunas notas.Primera,
el fin de las almas bellas.
La expresión hegeliana «almasbellas» significa aquí la conformación de una subjetividad políticaepocal, aquella de quienes construyeron su horizonte de sentido en ladécada del ’90, y que se caracteriza por una apartamiento radical detodo lo relacionado con la política. Esto tiene un doble sentido, paraalgunos, digamos aquellos que todavía seguían habitando la estela deuna posición «crítica» o «progresista», la política era algonecesariamente exterior, mal absoluto; para otros, más propensos ala acción, la potica paa ser una zona gris entre la gestneconómica y la tranza mafiosa. Sea como fuere, la política empezó aestar en otra parte (y así la multiplicación emrica y teórica depolíticas más allá del Estado). Almas bellas, entonces, nombra unasubjetividad política cuya «pureza» surge de la no contaminación conla maldad de la política concreta. Un alma bella interviene, o mejordeja de hacerlo, siempre desde un exterior incontaminado. Quizá el2001 sea la expresn de esta subjetividad cuya forma de hacerpolítica es negar la política y huir rápidamente a la seguridad de unsupuesto mundo privado. Esa subjetividad, que no tiene rasgosgeneracionales, pero cuya fuerza más pregnante está en aquellos quetuvieron su socialización política en los ‘90, se mantuvo lejos delkirchnerismo, por lo menos expresamente, alojada en eldescreimiento de su pureza, de su criticidad, de su conformismo declase, en la expiación de la culpa en votos a una izquierda imposible.Quizá en la ausencia de militancia nos creímos punk y en realidadéramos cínicos. Pues bien, quisiera someter a discusión la idea de quela muerte de N.K. supuso el fin de esta subjetividad potica, noporque la refuto, sino porque dejo de construir sentido una posiciónque funda su crítica en un lugar externo a la política.Esto no implica que la fuerza de esta configuración subjetiva no tengagran alcance todaa, menos n que la misma se haya definidoclaramente por una identidad política como el kirchnerismo. Sólosignifica que como tal dejo de construir sentido. Se pueden daralgunos indicios:
uno
, el kirchnerismo, más alde que uno se1
 
identifique con él, trajo a la escena pública la posibilidad de unaidentificación afirmativa de sectores progresistas. Claro que se puedediscutir esa identificación, el sentido de progresismo, etc. Pero lo queaparece en escena es esa posibilidad, y ello significa que se rompecon el dualismo entre cinismo administrativo y compromiso angelical.
Dos
, uno de los cambios s importantes en la construccndiscursiva surgidos con el kirchnerismo tuvo que ver con el apoyoexplícito de sectores intelectuales, y Carta Abierta como paradigma,donde la generación que se expresó fue aquella socializada en elretorno de la democracia. Pero con la muerte de N.K. se hace visibleotro apoyo, todavía disperso, nombrado mediáticamente como «los jóvenes», cuya militancia todavía carece de forma porque, repito, laconstitución de su subjetividad estuvo dada por el apartamiento de lapolítica. Lo que se hace público con esta muerte es esa subjetividadque debe negarse a sí misma imaginando formas de militancia.
Tres
,quizá una de las paradojas que trajo el kirchnerismo es la posibilidadde un Estado que vaya más allá de las demandas sociales, en undoble sentido. Por un lado, porque en numerosas ocasiones lapluralidad social se ha manifestado a la retaguardia respecto de laspoticas impulsadas desde el Estado (lo cual cuestionaría por lomenos la recurrente hipótesis del papel exclusivamente conservadordel aparato del Estado). Por otro lado, porque el mismo kirchnerismofue implosionando por dentro desde demandas que llevan, y siguenllevando, más allá de lo que parece definirlo.El fin de las almas bellas nombra, entonces, no sólo el surgimiento deuna nueva subjetividad política, sino la lenta muerte del cinismo delos ‘90.2.La euforia, la tristeza, el dolor, el llanto, la risa, los abrazos, losconsuelos, todo junto y más, han marcado una etapa de desconciertoy revitalización luego de esa muerte. La fuerza de todo ello sedesvanece lentamente ante la voracidad mediática. Esa muertecercana aparece hoy tan lejana como imposible. Ya en el listado delas muertes históricas, la repetición de imágenes parece hablarnos deotro siglo, allí donde su actualidad sólo se muestra en la fisonomía deun cuerpo todavía sufriente, el de C.K., al cual se le reclama coninsistencia que abandone esa obscenidad y siga sufriendo en privado.De modo que esa muerte cercana que redefinió el horizonte político,hoy aparece con una lejanía abismal. Nada tan viejo como la muertede N.K. Lejaa que seacentuada en la vogine de un oelectoral, donde lo podrá aparecer como estrategia potica.Nuestro tiempo, el de la vida más allá de la muerte, conlleva riesgos yposibilidades. lo quisiera señalar un riesgo y una posibilidad.Ambos tienen que ver con el desfasaje, necesario, imposible deevitar, entre el carácter mítico de la muerte y el dar forma a la2
 
política concreta. No habrá forma de estar a la altura de las imágenessagradas, sacralizadas, producidas en el velatorio. No hay más fuerzaque la del llanto, del desconsuelo, de la pérdida. La cuestión es verqué hacemos con eso.El riesgo es, para decirlo con brevedad, querer
hacer de esemomento mítico una mitología
. Esto significa, ante todo, hacer delkirchnerismo una especie de religión que no lo conlleva laconstrucción mitológica del hombre excepcional, sino de un dogmaque demanda una creencia absoluta y que tiende a reducir lapluralidad, la complejidad, y así la riqueza, de eso que podríamosllamar el kirchnerismo. El riesgo actual, entonces, está no en la críticaal kirchnerismo, sino en su constitución como un mito que loposibilita una identificación apologética. Digámoslo de otra forma: elmito no fortalece, sino que debilita la misma constitución delkirchnerismo. Por paradójico que resulte, la mayor debilidad de estaposición política no se encuentra en la embestida de una oposiciónenclenque, de medios fagocitados por la pérdida de su aura, ni uncampo que teme por su riqueza extraordinaria, no, la debilidad surgede la construcción de un mito que no sólo fija las fronteras en unaespecie de identidad cerrada, sino que termina por hacer del hombrey del movimiento algo fuera de las complejidades del mundoconcreto, una perfección que como tal no puede errar, equivocarse,fallar.Esta mitologización es un riesgo. Por lo que se trata, también, deluchar contra ese mito. Lo cual indica que, a pesar de lo que se dice adiestra y siniestra, sostener una crítica del mito, señalar losproblemas que conlleva esa imagen absoluta del kirchnerismo, no essiempre hacerle el juego a aquellas fuerzas reactivas que quierenconservar todo tal como está. No, por el contrario, quisiera someter adiscusión esta idea: hoy por hoy la debilidad, el riesgo, se encuentraen la fagocitación del mito. Contra eso: la crítica. En otras palabras,frente a quienes creen que en un año electoral se debe fortalecer unavisión apologética, glorificar el mito, defender una posición que nocree en el kirchnerismo, menos en la gestión de gobierno, como unaperfección que todo hace bien, sino como una posición infinitamenteperfectible que apuesta por la transformación hacia una sociedadmás justa.3.La posibilidad se podría definir de este modo:
la tarea es laarticulación
. Con ello quiero indicar que la muerte de N.K. hizoaparecer una «dspor. La diáspora kirchnerista nombra lamultiplicidad de grupos, agrupaciones, movimientos, y en últimainstancia individuos, que se inscriben en esta identidad política. Loprimero que quisiera señalar es que esa multiplicidad es irreductible,3
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