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Una lectura sobre la constitución de identidad cultural, desde una perspectivainterétnica, en el marco de la dialéctica universal - particular de E. Laclau
Ruffino, MónicaUniversidad Nacional de TucumánE-mail:moniruffino@hotmail.com
 
En el presente texto, que compone un trabajo de mayor amplitudconceptual, nos proponemos elaborar un análisis de la constitución de la identidadcultural de un grupo, abordado desde una perspectiva inter - étnica. Recordemos que eltérmino etnia proviene del griego pueblo y se relaciona a factores culturales, con lanoción de grupo y de territorio. Un grupo étnico tiene como atributos ser capaz dereproducirse biológicamente, sus miembros se identifican entre sí como semejantes ycomo diferentes a los miembros de otros grupos, tienen en común un origen y rasgosculturales, sobre todo una lengua (Mancusi Faccio, 2000, 206-7).En tanto que lo étnico nos refiere a lo más propio y específico de ungrupo humano, adoptamos esta categoría para esclarecer los factores y dinámicas queintervienen en la construcción de su identidad cultural. Y, teniendo en cuenta que talconstitución será el resultado de procesos que acontecen en el seno interno del grupo, pero también en su interacción con agentes externos, planteamos una distinción entre lointra – étnico, para lo primero, y lo inter – étnico, para lo segundo.La perspectiva inter étnica nos permitirá abordar la constitución de laidentidad de un grupo a partir de su inserción en un macro contexto donde interactúacon otros de los que se diferencia, en principio a partir de su origen territorial, rasgosculturales y lengua o dialecto, y en relación a esos “otros” asumirá una posición centralo periférica. Para este análisis recurrimos a la dialéctica universal - particular, tanfecunda para la filosofía. Esta consideración –inter étnica- de la constitución identitariase distingue de una perspectiva intra étnica,
 
donde la atención se centra sobre los procesos internos que atraviesa el grupo en la constitución de su identidad y las distintasmaneras en que han sido interpretados, cada una de las cuales implican supuestos yconduce a variantes en la noción resultante de identidad cultural. Esto a partir de laintervención de factores de quiebre de la homogeneidad del grupo –como estratificaciónsocial, penetración cultural- para lo cual se debe abordar la valoración de los procesosde mestizaje, aculturación, transculturación, hibrides, entre otros.
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Las diferencias de los grupos étnicos son las que los actores determinancomo significativas. Entonces, lo que define a un grupo es el límite étnico, no elconjunto de elementos comunes o contenido cultural que lo compone, sino los aspectosculturales que ponen de manifiesto ese límite, que consiste en lo que diferencia al grupode otros. Cabe reconocer que éste límite puede cambiar. Sin embargo lo que no cambiaes la existencia de una distinción entre los miembros del grupo con los extranjeros o losque no pertenecen a él. (Eso que me confirma como partícipe de un ámbito y a la vez,confirma, a quienes no lo son; en Argentina, a los argentinos de los bolivianos ocoreanos, por ejemplo). Es importante, para nuestro análisis, destacar que ese límitesocial interviene en las relaciones intra e inter étnicas
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.El tránsito de la crisis de los grandes relatos modernos
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a lastransformaciones contemporáneas, demuestra mo a partir de un pensamiento posmetafísico (Nietzsche) y los acontecimientos históricos se disuelve la idea dehistoria unitaria y las sólidas ideas de Sujeto, Conocimiento, Verdad que pautaron el pensamiento occidental.Acontece una nueva época en la que emergen múltiples juegos de lenguaje
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que justifican distintas formas de vida, son relatos que expresan las costumbres einstituciones de cada –pequeño- núcleo social en un dialecto propio. Ante este estallidode diversas identidades se habla de “la muerte del sujeto”, es decir del final del conceptode sujeto producido en la modernidad, que expresaba una identidad única, centroabsoluto y trascendental, capaz de un saber verdadero. Este acabamiento se trata,finalmente, de la disolución de los lugares universales. Sin embargo, ante el surgimientode múltiples identidades, cabe destacar que la existencia de un particular implica,siempre, la presencia de un universal. Es decir, que la identidad de un sujeto o colectivo –particular- se desenvuelve en relacn a un contexto que lo comprende y estacompuesto de otras identidades –universal-. Entonces, según Laclau, en una época demultiplicación de nuevas identidades cabe preguntarse si estas deberán pensarse sólocomo particularismos y, también, si las relaciones entre universal y particular son sólode mutua exclusión.
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Tal como lo expresa F. Barth en
 Los grupos étnicos y sus fronteras
(1969).
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Operaban como modelos explicativos del hacer humano en su totalidad, en tanto pretendían legitimar el lazo socialen su conjunto, a partir de un dispositivo meta narrativo.
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Concepto de la filosofía de Wittgenstein que analizamos y profundizamos en la Tercera Parte de este trabajo, en elPunto “El lenguaje. La teoría de los juegos del lenguaje como fundamento de la diversidad cultural”.
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Cabe tener en cuenta que los particularismos pueden ser étnicos, raciales,nacionales, sexuales, sociales, culturales. Un breve recorrido histórico nos muestra quelo universal se encarna en distintos cuerpos, lo hace en un agente privilegiado en cadamomento de la historia (Laclau, 1996, p. 48). Así en la filosofía antigua lo universal eslo racional, lo que es captado por la razón y lo particular es lo que corrompe a louniversal, en este caso, lo irracional. En otra etapa, la del cristianismo, lo universal esinaccesible a la razón, le pertenece a Dios a quien accedemos sólo a través de larevelación o encarnación de Cristo, en este agente se vincula lo finito y contingente (lo particular) con una serie escatológica de eventos esenciales (lo universal). En lamodernidad, la expresión universal de la esencia humana es la cultura europea modernade los siglos XVIII y XIX, el universal Dios es reemplazado por la razón humana que podía captarlo todo, la realidad es transparente a la razón (Hegel); y, a través de laexpansión imperialista, Europa extiende su identidad y la plantea como civilizaciónuniversal. Esto nos muestra que el universal es un particular que en un momento pasa aser dominante en relación a todos los otros existentes.Sin embargo, como se viene mostrando, la crítica filosófica del siglo XIX,llevó a las luchas sociales y políticas del XX, todo lo cual deriva en una proliferación de particularismos. Sucede que, como dijimos, se pone en crisis la universalidad, es lo quedemuestra G. Vattimo al relatar el fin de la idea de historia como proceso unitario,cuando la realidad de los pueblos colonizados y, luego, la aparición de los mediosmasivos de comunicación ponen al descubierto una realidad diversa, compuesta demúltiples identidades. Ya no es posible reconocer como única la identidad occidental,europea, moderna, blanca y cristiana. Surgen, así, infinidad de minorías que toman la palabra para mostrar y defender sus particulares formas de vida.Ante este estallido manifiesto de múltiples identidades, si cada una de ellastratara de erigirse en única, con la pretensión de preeminencia sobre las otras, sevolvería al punto que se buscaba superar: la instauración de un universal dominante demanera definitiva.Y si bien, siempre el particular implica un universal, como ya mostramos,en una época que no admite absolutos, ni totalidades, es posible pensar en el universalen sentido funcional, es decir como un término necesario de un proceso, lo cual lo presenta bajo condiciones que lo constituyen como un universal provisorio, o durable
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