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LOS LENGUAJES DE LA ECONOMÍAUn recorrido por los marcosconceptuales de la Economía
ISBN: 84-689-3024-5Nº Registro: 05/50241
Elies Furio Blasco
furio@univ-lyon3.fr Université Jean Moulin - Lyon 3Para citar este libro puede utilizar el siguiente formato:
Furio Blasco, E.
(2005)
Los lenguajes de la Economía
. Edición digital a texto completo accesibleen www.eumed.net/libros/2005/efb/
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“AL MODO de la semilla se esconde la palabra. Como una raíz cuando germina que, todo lo más, alza la tierra levemente, más revelándose como corteza. La raíz escondida, y aun la semilla perdida, hacen sentir lo que las cubre como unacorteza que ha de ser atravesada. Y hay así en estos campos una pulsación de vida,una onda que avisa y una cierta amenaza de que alguno, o alguien, está al venir.”
Claros del bosque
. María Zambrano.
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PRÓLOGO
.
“¿Por qué molestarse en realizar investigaciones como las que se pueden encontrar en las páginas anteriores? La importancia de la cuestión se pone de manifiesto cuando seadmite, como yo he hecho, que la filosofía o la metodología de la ciencia no son deninguna ayuda para los científicos.” Con estas palabras, Alan F. Chalmers iniciaba elcierre de su libro titulado
¿Qué es esa cosa llamada ciencia?
Y previamente nos habíadicho que si las metodologías de la ciencia se entienden desde el punto de vista de lasreglas que guíen las elecciones y decisiones de los cienficos, entonces dada lacomplejidad de cualquier situación realista en la ciencia y la imprevisibilidad del futuro por lo que se refiere al desarrollo de una ciencia, no es razonable esperar una metodologíaque determine que, dada una situación, un científico racional debe adoptar la teoría A yrechazar la teoría B, o preferir la teoría A a la teoría B. Reglas tales como «adoptar lateoría que recibe más apoyo inductivo de los hechos aceptados» y «rechazar las teorías queson incompatibles con los hechos generalmente aceptados» son incompatibles con aquellosepisodios de la ciencia comúnmente considerados como constitutivos de sus fases más progresivas.Pero, entonces, cómo seremos capaces de saber acerca de la corrección de nuestrotrabajo de investigación. ¿De qué medios disponemos para ello, si es que tales mediosexisten? ¿Cómo saber que cuanto decimos en nuestras investigaciones es pertinentecientíficamente hablando? ¿Cómo fundamentamos aquello que decimos en voz alta en lasaulas? En qué medida podremos llegar a
explicar correctamente
y entender algunosepisodios y acontecimientos recientes de nuestra vida intelectual.En mi época de estudiante de los últimos cursos de Economía, asistí asombrado aun hecho que me causó cierta perplejidad. Por aquel entonces cursaba una asignaturadedicada, entre otros aspectos, al complejo problema del crecimiento económico. Se pasaba allí una revisión a las que se consideraban principales teorías de la Economía delcrecimiento económico. En uno de mis paseos por la biblioteca, cayó en mis manos unlibro que abordaba la polémica del capital desde la perspectiva del Cambridge de este ladodel Atlántico. El libro contaba con un texto escrito por un profesor del centro donderealizaba mis estudios. Lo leí atentamente, intentando aprehender cuanto contenía en él.Una vez cerrado el libro por su última gina, mediacerca de su contenido e,
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