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Neoclasicismo hispanoamericano

Neoclasicismo hispanoamericano

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Published by Zulia Pineda
´ ´ P o d e r , a l e g o rı a y na ci o n en el neoclasicismo hispanoamericano
Miguel Gomes
The University of Connecticut-Storrs

´ Los orıgenes del campo literario hispanoamericano moderno
´ ´ Una de las vertientes mas fecundas de la nueva crıtica hispanoamericana ´ ´ ha sido la revision del siglo XIX partiendo del interes en los efectos de la ´ ´ alegorıa en la intrincada interaccion de los que Pierre Bourdieu ha llamado ´ ‘‘campo cultural’’ y ‘‘campo del poder’’ (Field –; Rules ). Seg
´ ´ P o d e r , a l e g o rı a y na ci o n en el neoclasicismo hispanoamericano
Miguel Gomes
The University of Connecticut-Storrs

´ Los orıgenes del campo literario hispanoamericano moderno
´ ´ Una de las vertientes mas fecundas de la nueva crıtica hispanoamericana ´ ´ ha sido la revision del siglo XIX partiendo del interes en los efectos de la ´ ´ alegorıa en la intrincada interaccion de los que Pierre Bourdieu ha llamado ´ ‘‘campo cultural’’ y ‘‘campo del poder’’ (Field –; Rules ). Seg

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05/06/2013

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original

 
Poder, alegor
ı´
a y nacio
´
n en elneoclasicismo hispanoamericano
 Miguel Gomes
The University of Connecticut-Storrs
Los or 
ı´
 genes del campo literario hispanoamericano moderno
Una de las vertientes ma
´
s fecundas de la nueva cr
ı´
tica hispanoamericanaha sido la revisio
´
n del siglo XIX partiendo del intere
´
s en los efectos de laalegor
ı´
a en la intrincada interaccio
´
n de los que Pierre Bourdieu ha llamado
‘‘
campo cultural
’’
‘‘
campo del poder
’’
(
Field


;
Rules

). Segu
´
n elsocio
´
logo france
´
s, toda formacio
´
n social se estructura mediante un conjuntode campos jera
´
rquicamente organizados, cada uno con sus propias leyes y tensiones, pero unidos entre s
ı´
por homolog
ı´
as; una de ellas, si no la princi-pal, consiste en una lo
´
gica
‘‘
econo
´
mica
’’
que, unas veces, puede ser literal y,otras,
gurada o
‘‘
eufem
ı´
stica
’’
, ponie
´
ndose en juego poder o capital
‘‘
simbo
´
-lico
’’
(
Rules


). Por la acumulacio
´
n de este u
´
ltimo que les permite a losletrados, la alegor
ı´
a codi
ca y legitima modos de adquirir prestigio y capaci-dad de intervencio
´
n en campos no precisamente art
ı´
sticos o espirituales, porlo que cabr
ı´
a ver en ella, como lo hace Gordon Teskey,
‘‘
el ge
´
nero logoce
´
n-trico por excelencia
’’
, fundado en violencias veladas (
), o, segu
´
n Sayre Green-
eld, una actividad no tan
‘‘
radical
’’
como
‘‘
conservadora
’’
, o sea, destinadamenos a violar lo preestablecido que a crear lazos entre categor
ı´
as que laanteceden (

). La equiparacio
´
n que hizo Michael Ryan de cualquier formade conservadurismo y reto
´
ricas que dan preferencia a lo metafo
´
rico-alego
´
rico
j

Hispanic Review
(winter

)Copyright

Trustees of the University of Pennsylvania
 

i
 
:
winter 

concuerda con esa opinio
´
n (


).
1
Cuando el literato se atribuye el de-recho de producir alegor
ı´
as esta
´
disen
˜
ando puentes entre sus dominiosverbales y una sabidur
ı´
a edi
cante, trascendente o, en todo caso, ma
´
s impor-tante que la de lo meramente art
ı´
stico, a la cual da a entender que tieneacceso (Teskey 
). En otras palabras, el cultivo de discursos alego
´
ricos seerige como cre
´
dito que facilita al sujeto que opera en el campo cultural ob-tener ganancias en el campo del poder y, a su vez, indirectamente ascenderen el de las clases sociales o fortalecer en e
´
l su posicio
´
n. La alegor
ı´
a en latradicio
´
n occidental, como lo ha sostenido Umberto Eco, se ha integradodesde hace mucho en complejos mecanismos de consecucio
´
n y preservacio
´
nde autoridad (


).Un art
ı´
culo publicado en

por Fredric Jameson ha estimulado debatesacerca de la propensio
´
n de las literaturas subalternas a alegorizar lo pol
ı´
tico,alentando una fruct
ı´
fera revisio
´
n de textos no usualmente estudiados desdetales a
´
ngulos. Es el caso de los idilios novelescos iberoamericanos en
Founda-tional Fictions
de Doris Sommer. Con todo, los reparos a Jameson en esetrabajo se imponen como necesarios (Sommer


) y complementan lacr
ı´
tica de Aijaz Ahmad a la reduccio
´
n y homogeneizacio
´
n del Otro en laenunciacio
´
n jamesoniana.
2
El error de Jameson, creo, no se encuentra en queasevere que hay abundancia de alegor
ı´
as nacionales en el
‘‘
Tercer Mundo
’’
(

)
los ejemplos sobran
, sino en que, pese a su inspiracio
´
n marxista, elcr
ı´
tico no coloque el feno
´
meno en contextos espec
ı´
cos, dando pie a queimaginemos
‘‘
substancias
’’
ma
´
s o menos eternas. El objetivo de estas l
ı´
neases contribuir a evitar tal esencialismo; para ello, se intentara
´
describir encondiciones sociales precisas el momento en que se incorporan en un sistemalas tendencias alego
´
ricas nacionalistas que se registran en las letras hispano-americanas.Que en la regio
´
n se hayan prodigado construcciones alego
´
ricas
o
‘‘
pos-talego
´
ricas
’’
: en deuda siquiera parcial con un ge
´
nero extinto (Van Dyke
. Teskey, desde luego, distingue su postura de las confusas ampliaciones de signi
cado que ciertacr
ı´
tica
‘‘
postmoderna
’’
ha querido dar a planteamientos de Walter Benjamin no sensatamenteseparables de su contexto histo
´
rico inicial (
). Green
eld, con argumentos no tan matizados,cuestiona incluso la fuente de esas ampliaciones (

). En Ryan, como marxista que intenta deli-near un terreno comu
´
n con la desconstruccio
´
n, hemos de suponer una cr
ı´
tica velada de Paul deMan, entronizador consecuente de lo
‘‘
alego
´
rico
’’—
en la l
ı´
nea a la que alude Teskey 
 y represen-tante del ala pol
ı´
ticamente contraria de los simpatizantes de Derrida.
.
‘‘
We Americans, we masters of the world
’’
, escribe Jameson con buenas intenciones (

), sinque por ello la frase acabe conducie
´
ndolo a una lucidez autocuestionadora total.
 
Gomes
:

,

´
  
´
j


)
se explica por las circunstancias concretas en que se delineo
´
el campoliterario moderno. Por e
´
ste entiendo aquel que comienza con la Guerra deIndependencia y se asocia a un referente nacional relativamente auto
´
nomoque hasta nuestros d
ı´
as sobrevive
se trata del
‘‘
primer nacimiento
’’
de lacultura hispanoamericana, segu
´
n A
´
ngel Rama (

). Ese campo, natural-mente, durante casi doscientos an
˜
os se ha modi
cado, por lo que Rama hablatambie
´
n de un
‘‘
segundo nacimiento
’’
a
nes del siglo XIX, absorbidas las excolonias espan
˜
olas y portuguesas por el mercado capitalista mundial (

). Locierto es que, entre


, cuando la literatura empezaba a de
nir sufuncio
´
n y a buscar un lugar en los Estados nacientes, la este
´
tica dominanteera neocla
´
sica y e
´
sta propiciaba la frecuentacio
´
n de la alegor
ı´
a o de sus com-ponentes t
ı´
picos.En las pa
´
ginas siguientes examinare
´
algunos escritos que con el paso deltiempo
varios de ellos casi de inmediato
se recategorizaron como
‘‘
mo-numentos
’’
, en el sentido que Michel Foucault dio al te
´
rmino: trazos delpasado que la colectividad ha llenado de memoria, construyendo un discursosobre su identidad, o sea, una historia, una tradicio
´
n y un origen propios (
).Vinculare
´
, a propo
´
sito, piezas concebidas por quienes las escribieron como
‘‘
documentos
’’
, sin funciones este
´
ticas, con otras desde el principio literarias:por la relacio
´
n homolo
´
gica entre el campo
‘‘
cultural
’’
y el del
‘‘
poder
’’
meparece necesario destacar la condicio
´
n inestable o mo
´
vil de esos textos. Ne-garla equivale a desden
˜
ar el cara
´
cter social del arte y, no menos, a perder devista que lo alego
´
rico o postalego
´
rico ha persistido con tanta tenacidad en laspra
´
cticas de numerosos escritores porque les permite insertarse segu
´
n susintereses
conscientes o no
en una sociedad concreta cuyas partes dialoganentre s
ı´
y con el todo.
Textos fundacionales y discursos alego
´
ricos
Las manifestaciones alego
´
ricas del neoclasicismo hispanoamericano distan deser simples. Sus ra
ı´
ces en la poes
ı´
a y la prosa barrocas, por ejemplo, no debe-r
ı´
an desestimarse si se piensa en la presencia obvia de Quevedo o FranciscoSantos en Joaqu
ı´
n Ferna
´
ndez de Lizardi y la inesperada de Go
´
ngora en An-dre
´
s Bello (Gomes


). La alegor
ı´
a, sin embargo, se somete en el sigloXVIII a un intenso escrutinio para cen
˜
irla a los nuevos gustos. El didactismoimperante podr
ı´
a apuntarse como causa de su enfa
´
tica adaptabilidad a di-ferentes medios. Ignacio de Luza
´
n la ve, desde Homero, sin importar el tipo

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