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:
winter
concuerda con esa opinio
´
n (
–
).
1
Cuando el literato se atribuye el de-recho de producir alegor
ı´
as esta
´
disen
˜
ando puentes entre sus dominiosverbales y una sabidur
ı´
a edi
fi
cante, trascendente o, en todo caso, ma
´
s impor-tante que la de lo meramente art
ı´
stico, a la cual da a entender que tieneacceso (Teskey
–
). En otras palabras, el cultivo de discursos alego
´
ricos seerige como cre
´
dito que facilita al sujeto que opera en el campo cultural ob-tener ganancias en el campo del poder y, a su vez, indirectamente ascenderen el de las clases sociales o fortalecer en e
´
l su posicio
´
n. La alegor
ı´
a en latradicio
´
n occidental, como lo ha sostenido Umberto Eco, se ha integradodesde hace mucho en complejos mecanismos de consecucio
´
n y preservacio
´
nde autoridad (
–
).Un art
ı´
culo publicado en
por Fredric Jameson ha estimulado debatesacerca de la propensio
´
n de las literaturas subalternas a alegorizar lo pol
ı´
tico,alentando una fruct
ı´
fera revisio
´
n de textos no usualmente estudiados desdetales a
´
ngulos. Es el caso de los idilios novelescos iberoamericanos en
Founda-tional Fictions
de Doris Sommer. Con todo, los reparos a Jameson en esetrabajo se imponen como necesarios (Sommer
–
) y complementan lacr
ı´
tica de Aijaz Ahmad a la reduccio
´
n y homogeneizacio
´
n del Otro en laenunciacio
´
n jamesoniana.
2
El error de Jameson, creo, no se encuentra en queasevere que hay abundancia de alegor
ı´
as nacionales en el
‘‘
Tercer Mundo
’’
(
)
—
los ejemplos sobran
—
, sino en que, pese a su inspiracio
´
n marxista, elcr
ı´
tico no coloque el feno
´
meno en contextos espec
ı´fi
cos, dando pie a queimaginemos
‘‘
substancias
’’
ma
´
s o menos eternas. El objetivo de estas l
ı´
neases contribuir a evitar tal esencialismo; para ello, se intentara
´
describir encondiciones sociales precisas el momento en que se incorporan en un sistemalas tendencias alego
´
ricas nacionalistas que se registran en las letras hispano-americanas.Que en la regio
´
n se hayan prodigado construcciones alego
´
ricas
—
o
‘‘
pos-talego
´
ricas
’’
: en deuda siquiera parcial con un ge
´
nero extinto (Van Dyke
. Teskey, desde luego, distingue su postura de las confusas ampliaciones de signi
fi
cado que ciertacr
ı´
tica
‘‘
postmoderna
’’
ha querido dar a planteamientos de Walter Benjamin no sensatamenteseparables de su contexto histo
´
rico inicial (
–
). Green
fi
eld, con argumentos no tan matizados,cuestiona incluso la fuente de esas ampliaciones (
). En Ryan, como marxista que intenta deli-near un terreno comu
´
n con la desconstruccio
´
n, hemos de suponer una cr
ı´
tica velada de Paul deMan, entronizador consecuente de lo
‘‘
alego
´
rico
’’—
en la l
ı´
nea a la que alude Teskey
—
y represen-tante del ala pol
ı´
ticamente contraria de los simpatizantes de Derrida.
.
‘‘
We Americans, we masters of the world
’’
, escribe Jameson con buenas intenciones (
), sinque por ello la frase acabe conducie
´
ndolo a una lucidez autocuestionadora total.