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En lamaletade vuelta
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Entre montañas, ríos e historia, entreFrancia y Alemania. Un lujo conocerlo.
COLMARCOLMAR
FranciaFrancia
 
U
NO DE ESOS LUGARES PINTORESCOS
Primera sensación al llegar a Colmar: ¿Estamos en un pueblo de cuento? 
Hasta mediados del siglo XX, Colmar, y toda laregión de Alsacia, dado su carácter fronterizo entre Francia yAlemania, fue un motivo continuo de disputa entre ambasnaciones. Pero hoy, al recorrer las calles de Colmar nadaindica un pasado convulso. Al contrario, un entrañableprovincianismo se adueña del ambiente de la ciudad.Cualquier detalle en tiendas, monumentos o casasplasma una vida plácida, en el que el visitante seintegra rápidamente, a lo que ayuda la agradableacogida con que es recibido. Aunque el tópiconos lleve a la frialdad de las gentes del nortede Europa, en este rincón, y quizás debido auna agitada historia repleta de ocupacionesy luchas, el forastero es muy bienvenido.O así lo hemos sentido nosotros cadavez que hemos ido.
 
El reducido tamaño de Colmar junto a suatmósfera tranquila, hacen que la visita esté muylejos del estresante turismo de masas.Hay que dejarse llevar, al ritmo lento de losdetalles que nos paran en calles, plazas y canales. Sí,canales, sobre todo en la zona conocida como PetitVenise, lo más fotografiado de la ciudad.Macetas y fachadas a orillas de los canalesson retratados mil veces por turistas, pero no es undecorado para las visitas. En realidad, muestran elesmero y el orgullo de los vecinos, su pasión por labelleza y su sentido de comunidad en la que todosparticipan cuidando y acicalando la ciudad.
D
E PASEO
Casa Pfister fue el legado de LouisPfister, magnate de la plata que seconstruyó esta mansión, que ya esemblema arquitectónico de Colmar.La Koïfhus evoca el vigor comercial de antaño,cuando era vital este complejo aduanero.En las calles, cientos de artísticosletreros en forja compiten enbelleza y por atraer clientes a losnegocios que anuncian.La Colegiata, el volumen más rotundode Colmar, aun sin la segunda torreque jamás se llegó a alzar.
No obstante, si se buscan hitos históricos yartísticos, habrá que empezar por el poderío y la luzinterna de la Colegiata de San Martín, construidadurante gran parte del siglo XIII.Para saber más de arte medieval, se acude almuseo de Unterlinden, situado en un ex-conventodominico. Ahí se exponen esculturas y pinturasreligiosas de toda Alsacia.Y en cuanto a obras civiles, el abanico sedespliega por toda la urbe antigua: la Koïfhus oedificios de las viejas aduanas, la ecléctica CasaPfister o la Maison des Têtes con sus más de 150cabezas talladas en la fachada, son lo más citado,pero todo el casco urbano con casas tradicionalesmerece ser recordado.
La Petit Venise y sus románticoscanales, en origen fueron el  pestilente lugar de trabajo para pescaderos y curtidores.El Museo del Juguete deColmar es un paraíso paraniños, pero quizás más paralos adultos que quieran viajar unas horas a la infancia, algosiempre deseable y que no puede faltar nunca en nuestramaleta de vuelta.
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