HISTORIOGRAFÍA, IDENTIDAD HISTORIOGRÁFICA YCONCIENCIAHISTÓRICA EN EL PERÚ
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/ Paulo Drinot
El 27 de abril de 2003, el flamante alcalde de Lima, Luis Castañeda,ordenó el traslado de la estatua de Francisco Pizarro de la Plaza Mayor hacia otro punto de laciudad. Durante cincuenta años la estatua ecuestre del conquistador extremeño había ocupadoun lugar predominante en la plaza más importante del país (primero en el atrio de la Catedral,luego en el patio de Palacio de Gobierno y, por último, en la plazuela ubicada en la esquina nor-
oriental de la Plaza). El alcalde justificó el traslado de la estatua señalando que “la plazuela debe
ser un símbolo de todo el Perú y por esta razón se representarán [sic] mediante sus insignias más
destacadas” y prometió er
igir en su lugar tres banderas, la bandera nacional del Perú, la banderade la ciudad de Lima, y la bandera del Tawantinsuyo.2El traslado de la estatua provocó undebate acalorado entre los que interpretaban la decisión de Castañeda como una medida vacía ydemagógica, en el mejor de los casos y
,
en el peor, como un caso de filisteísmo cultural. De otraparte hubo los que aplaudieron la medida aludiendo a una serie de razones
–
entre las quefiguraban la pobre calidad estética de la estatua- hasta los que planteaban que la plaza principalde la nación no era lugar adecuado para un extranjero rufián y analfabeto que no había hechomás que pillar y matar. Es significativo que una buena parte de los que aplaudieron la medidautilizaron un argumento similar al de Adriana Doig Manucci, quien en una carta de comienzosde mayo dirigida a
La Industria
de Trujillo (la ciudad fundada por Pizarro y que lleva el nombre
de su lugar de nacimiento) sostuvo: “la estatua de Pizarro es el símbolo de quien nos conquistó,
de quien acabó de una forma violenta con nuestra cultura. No me parece que quien inició lainvasión de nuestra cultura merezca una estatua. Quizá por eso ahora nos sigue costando tanto
encontrar nuestra identidad”.
3Otros contestaron a este argumento señalando que Pizarro no
“nos” había conquistado ya que ese “nosotros” era producto de esa conquista, y que, como hizonotar Mario Vargas Llosa, “no son los conquistadores de hace quinientos años los responsables
de que en el Perú de nuestros días haya tanta miseria, tan espantosas desigualdades, tantadiscriminación, ignorancia y explotación sino peruanos vivitos y coleando de todas las razas y
colores”.
4La conquista de Pizarro, señalaban estos críticos, había sido igual de violenta que lade los Incas, cuya apócrifa bandera habría de reemplazar a la estatua del conquistadorextremeño.En este ensayo propongo que este debate puede ser interpretado como un reflejo de laesquizofrenia que caracteriza la conciencia histórica peruana. Entiendo por conciencia histórica
“el área en que
la memoria colectiva, la escritura de la historia, y otras maneras de
moldear imágenes del pasado en la mente pública convergen”.
5Esta conciencia históricaesquizofrénica es producto de que la mayoría de peruanos se ve expuesta a dos metanarrativashistóricas sumamente contradictorias y simplistas que tienen poco que ver con la historiografíaque hoy en día producen historiadores peruanos como extranjeros.En un reciente ensayo sobre la historiografía francesa en el siglo XX, Jacques Revel sugiere que
“a pesar de la variedad de trabajos y opciones individuales es posible discernir una ciertaidentidad historiográfica francesa”.
6¿Si la historiografía francesa gira en torno a los
Annales
,con sus variadas y contradictorias versiones, en torno a qué emblema identitario gira la
historiografía peruana? ¿Existe una “identidad historiográfica peruana”? Quiero sugerir que algo
semejante a una identidad historiográfica está germinando y que su carácter, si bien lejos de serestático, es en gran parte producto de un diálogo con la revolución historiográfica de los añossetenta, que he llamado en otro contexto la Nueva Historia.7En las últimas décadas, tal comosugeriré, los historiadores han empezado a reescribir la historia peruana y a producir una versióndel pasado que, al superar las antiguas versiones maniqueas, está proporcionando uno de loselementos claves para la construcción de una conciencia colectiva más justa e incluyente. Sin
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